Lunes, 04 Mayo 2020 00:00

Acuerdismo a pleno, el legado de Manrique y ¿chau a los diputruchos? - Por Ignacio Zuleta

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Cómo se negoció el apoyo opositor a la reestructuración de la deuda. La caja no garantiza carrera política. Y qué dejarán las sesiones virtuales.

 

La deuda produjo una pandemia inusual de acuerdismo

El esfuerzo del oficialismo y la oposición para acordar en estas horas un documento de apoyo de todos a la negociación de la deuda, es una prueba de cómo la necesidad les hace superar a los políticos los pretextos ideológicos. El borrador recorrió todas las escalas de un taller literario que promovió el oficialismo de Martín Guzmán, como una manera de poner detrás de sí a toda la colectividad política.

La que puede convertir en papel mojado, en un futuro más cercano que lejano, cualquier acuerdo que se logre con los acreedores. Ese impulso del ministro debe anotarse en el terreno de los esfuerzos políticos de alguien a quien lo encasillan en el rol de un nerd de la economía académica, y como un ministro con bajísimo costo de renuncia. Pone a prueba otras capacidades, al aparecer como el motor de los momentos clave de un gobierno, que en otros capítulos de la agenda no ha terminado de arrancar, ni se sabe cuándo ocurrirá. O si ocurrirá alguna vez. Hay gobiernos que nunca arrancan, como el de la Alianza, que cayó sin haber arrancado jamás.

Esos momentos clave, virtuosos porque lograron los acuerdos con las fuerzas de la oposición, han sido tres. Permitieron la sanción en el Congreso en diciembre y enero de las leyes de emergencia –un ajuste de más $ 5.000 millones, que hubiera deseado Mauricio Macri para un día de fiesta– y de sustentabilidad de la deuda. El tercer acuerdo es para este respaldo a la conversación con los acreedores.

Los mediadores con la oposición –Wado de Pedro y Santiago Cafiero– pasaron un texto inicial que implicaba a Macri en la responsabilidad por el sobreendeudamiento. La oposición logró sacarlo de la película, concentró el objetivo en la negociación y no en la oferta, y –lo más importante– lavó el escrito para que no sea un pasaporte al default. Quedó eso en una ambigüedad tal que si hay default, la oposición puede decir que no lo apoyó, y si no lo hay, festejará con el Gobierno.

Como pocas veces, esta vez opinaron todos

Los gobernadores se pasaron el domingo ajustando el texto final, al que ayudó la circulación de un escrito del ministro, posterior al reportaje que dio a este diario. Salió en el Financial Times y puntualiza:

  • 1) "Son tiempos extremadamente difíciles para los bonistas, y Argentina es un anticipo de lo que vendrá para las naciones de todo el mundo que luchan contra la deuda".
  • 2) "Algunos han sugerido que paguemos menos. Pero como señal de nuestro compromiso con el acuerdo, mantenemos nuestra propuesta, a pesar de que ahora requiera de un esfuerzo de pago sustancialmente más fuerte. Ahora es el momento de un acuerdo".

El esfuerzo es conmovedor, porque en un sistema en crisis perpetua domina la intransigencia. Más en un país como la Argentina, tierra de abundancia, en donde las restricciones económicas nunca arrinconan a la política, sino a revés. Es claro que un acuerdo por la deuda es un problema más político que financiero, en un mundo llamado a la solidaridad ante pestes bíblicas, en el cual la Argentina necesitará ayudas que no puede darse el lujo de perder, por estar en una lista negra de fallutos seriales.

Tan conmovedor es este acercamiento que participaron todos, aunque muchos escondiendo la mano para no aparecer en la foto equivocada. La propuesta la hizo el Gobierno, y actuaron como mediadores los jefes de partido –Alfredo Cornejo, Patricia Bullrich, y los mandatarios de la oposición, entre ellos Horacio Rodríguez Larreta que giró el borrador titulado "Argentina, un futuro sostenible", por todas las ventanillas necesarias incluyendo las de Mauricio Macri y Miguel Pichetto. El documento convivirá con otros que van a tener el apoyo de intendentes, o de partidos, con diferencias en el señalamiento de amigos y enemigos. Pero Guzmán va en coche hacia el 8 de mayo –dead line para algún acuerdo, o no– con el apoyo de todos.

Billetera no fabrica galán o el inútil combate por las grandes cajas

Tanta conciliación contrasta con la gresca interna del Gobierno por la captura de las grandes cajas, que ahora ocupa el cristinismo de la mal llamada “La Cámpora”, un sello que no tiene CUIT ni call-center, y que agrupa militantes que creen que manejar plata (como la que abunda en el ANSeS, el PAMI, YPF) asegura futuro político. Esa fantasía la instaló hace décadas Francisco Manrique, ministro de dictablandas, que inventó el PAMI, el Prode y otras ventanillas de acumulación de plata, que creía lo convertirían en presidente. Esa ilusión no se le cumplió a nadie, y basta con recorrer la lista de los responsables de esas oficinas del Estado, para ver que ninguno tuvo carrera política por haber manejado la chequera. Más bien terminan procesados o entre rejas; el destino de todo político tercermundista.

El ejemplo más reciente es el de Sergio Massa, director del ANSeS de Duhalde y Kirchner. Su carrera política mejoró cuando se hizo un disidente del peronismo. Como pertenece a la especie del político auto combustible, pasó en poco tiempo de ser un presidente virtualmente electo a irse a su casa en 2017. Para volver tuvo que ir a pedir agua al Instituto Patria, no al ANSeS. Billetera no fabrica galán, prejuicio del materialismo del siglo XIX, en el que no cree ya ni el marxismo, que ha admitido que son más rentables, para cambiar el mundo, las peleas por el discurso que por el morral.

Alberto vs. Larreta o Cristina vs. Macri

El taller literario mostró el costado más endeble de la estrategia oficial, que oscila entre el proyecto de Olivos de imponer la dialéctica que enfrenta a Alberto con Horacio, y el del Instituto Patria, de mostrar como adversarios excluyentes a Cristina contra Macri. Una invitación a recorrer el túnel del tiempo. El Presidente encontró su destino en esta pelea que lo encierra en un solo resultado posible, el recuento de daños. Su logro será que los muertos sean pocos. Pobre triunfo pasajero que no se monetiza en ninguna ventanilla política. Larreta se dispone a atender hasta con el 50% de sus facilidades hospitalarias a los contagiados del conurbano, y cuando esto pase tendrá la oportunidad de construirse como el nuevo héroe. Fue el más presionado por el Gobierno para firmar esa declaración de apoyo, y el más mortificado por el ardid. Firmar contra Macri dividía al arco opositor de Cambiemos, y representaba un divorcio entre esos dos socios que gobernaron con el PRO durante12 años en el principal distrito del país, y con éxito.

La historia dirá si es cierto que el inventor del pergeño que fue Cambiemos -ganador entre 2007 y 2019 en la CABA y en la Nación con Mauricio presidente-, no fue acaso el propio Horacio. Él reclutó los equipos y armó un arco que encontró en Macri su mejor producto de góndola. Fue quien lo enlazó, además, con los radicales de todas las alas. Si ahora, por un asunto que es competencia exclusiva del Gobierno nacional, como la negociación de la deuda, lo terminaban de matar como figura política, se cumplía el proyecto peronista de destruir el Fortín CABA, donde resiste Cambiemos con el arco más amplio de aliados -peronistas, radicales, conservadores...-.

En lo personal mortificaba más a Larreta que el tópico sea nada menos que la deuda, uno de cuyos responsables es un amigo de la vida, que lo acompaña desde los tiempos de estudiantes de Economía: el “Toto" Caputo, ex ministro de Finanzas, a quien elogiaban como un mago de Wall Street por su habilidad para conseguir préstamos a tasa bajas. Pero fue a él a quien le estalló en las manos la economía de Macri cuando estaba en el Banco Central.

Caminar por la cornisa para abulonar el liderazgo

Larreta necesita merodear estos abismos para abulonar el liderazgo en la nueva etapa de la fuerza opositora. Representa el PRO, y el cristinismo extremo los ignora como partido y como dirigentes. Cristina misma le llegó a decir a Marcelo Fuentes, hoy ex senador, que sólo iba a reconocer como adversarios en la Cámara a los radicales. El martes invitó a la oposición del Senado para contarles cómo serán las sesiones virtuales, y sólo hubo silla para Luis Naidenoff.

"Representa a todos a los bloques, con él basta", mandó a decir, e ignoró a cualquier otro interlocutor. Con el mismo criterio, el Gobierno no recibe a los partidos políticos, como sí a los jefes de bloque del Congreso, y a los gobernadores. Pero elude recibirlo a Macri ni a sus jerarcas, como Miguel Pichetto o Patricia Bullrich. Esa foto es la última que querría Alberto, tan abominable como sería la de Cristina avalando algún pago de la deuda, algo que ella ya avisó en 2017 que no se haría.

"Esta deuda no se puede pagar", dijo la senadora en la sesión del 27 de diciembre de 2017, cuando debutaba como representante de Buenos Aires en esa cámara. El destrato alcanza a Cornejo, que participa de reuniones de cúpula como diputado, pero no como presidente de la UCR: ocurrió el jueves en la cita de Massa con los bloques opositores. Se explica también la presión de los voceros del Gobierno por acentuar otras diferencias entre los socios de Cambiemos, exaltando a Larreta y a los radicales, hasta indisponerlos con preguntas sobre si seguir junto a Macri es negocio para ellos, o no.

Con la nueva política se votan acuerdos, no chicanas

Las extravagancias legislativas que veremos en adelante tienen la misma relación que tiene la pornografía con el amor. Una simulación que requiere de ortopedias de método y de un estilo, que no es común en la naturaleza de los protagonistas. El sistema “Garbarino” de la sesión virtual -Cristina sola ante una representación de electrodomésticos-, los televisores son eso, y se venden en negocios de la línea blanca -y también el sistema mixto- con algunos legisladores en representación del conjunto, aparta las decisiones legislativas del estilo usual en esta democracia.

Por de pronto, lo que se votan son acuerdos urdidos en relaciones conversadas presencialmente por los legisladores antes de proyectarlas al recinto, en donde los presentes, o los televisores, apenas levantan la mano. No hay discursos, cuestiones de privilegio, orejeos de naipe por el quórum, o fugas del tipo “voy al baño” (y no vuelvo más) cuando hay que votar. Quien dijo estoy, queda registrado como que está. También sus votos. Es el final de la era de las chicanas y los diputruchos. Esto de votar acuerdos es lo más importante y, de prosperar, suavizará las inquinas en la convivencia política. Proyecto sin acuerdo, no avanza más.

La peste arrincona el costado inconfesable de la política

Este estilo nuevo también obliga a los protagonistas a mejorar la calidad de las negociaciones. La política presencial como se la ha conocido hasta ahora descansa en el universo de las palabras que se dicen, se retuercen, se susurran, se gritan, pero que no quedan escritas en ningún lado. La tarea de un legislador es construir mayorías, sea gobierno u oposición, y la mediación se resuelve con persuasión, pero también con morral, con promesas, pagos y repagos. El momento más iluminador es la discusión de los presupuestos, algo que hacían los legisladores cuando éramos chicos -hoy se gobierna sin cálculo de gastos-.

El Ejecutivo y el oficialismo de las cámaras negocia los votos con la oposición, un puente por acá, unos ATN por allá, etc. Nada de eso queda por escrito. Pertenece al rango de lo inconfesable de la política. Ahora que viene la era de la virtualidad, ¿quién se anima a poner un acuerdo inconfesable, por escrito? La novedad abre una era de negociaciones por escrito en la que se podrá dar y recibir, pero todo por escrito. ¿Se animarán a tanto quienes han desarrollado hasta la exasperación la política como el territorio de lo inconfesable, lo que se hace, pero no se dice ni se escribe?

El setentismo político y las pastillas del Gamexane

Una ironía, porque ocurre cuando la política parecía circunscripta a los grupos de chat. El Gobierno es una suma de círculos concéntricos de whatsapp según las jerarquías de la escala zoológica. Algunos acceden al vértice, a otros los entretienen con gacetillas o les dan órdenes. Cambiemos del Congreso fue un grupo de whatsapp hasta que los legisladores de la Coalición Cívica se borraron de esa carpa, enojados por la pelea sobre cómo enfrentar al Gobierno bajo la pandemia. La ruptura en whatsapp fue el comienzo de un cisma que no ha terminado, y que despuntó la semana anterior con la rebeldía de las tribus de la oposición contra los liderazgos de Mario Negri, entre los radicales, y de Cristian Ritondo en el PRO. Legisladores de esos dos polos firmaron el llamado a sesión especial armado por Graciela Camaño, Emilio Monzó y Sergio Massa.

Ese movimiento es de los más interesantes de los ocurridos desde que el macrismo no es más gobierno. Intentó espantar a los protagonistas, como hacía el activismo universitario de los años ’70 cuando quería desbaratar una asamblea. Arrojaban una pastilla de Gamexane, aquel gas que después se prohibió por lo venenoso que era, y saltaban todos por la ventana. Los caciques de Cambiemos respondieron con un contra-ataque, la caravana de diputados que viajaron en auto desde sus provincias. Negri juntó 39 legisladores sobre 47 que tiene el radicalismo; hay que sumarles los 30 del PRO más 13 de 15 de la Coalición. Despertó celos en otros, mostró autoridad en la negociación con el oficialismo, y le impuso al peronismo del Congreso lo que llamaron un "núcleo de coincidencia básicas": que las sesiones mixtas sean por 30 días renovables, que se traten proyectos ligados a la peste, y que se avance en la votación de textos acordados. Negri vivió los ’70 y sabe cómo enfrentar una bomba de humo.

Confesiones de parte sobre una nueva oposición

Como entretelas inconfesables, algunos logros operativos hacia el futuro:

  • 1. Logró el apoyo de Cornejo, presidente de la UCR, hasta ahora aliado del radicalismo porteño.
  • 2 Movilizó a Elisa Carrió. La exdiputada trabajó sobre su bloque para la confección del proyecto de protocolo que se aprobó, con consejos y advertencias para asegurar la legalidad de los procedimientos, y que las leyes votadas en adelante no tengan reproches constitucionales.

El proceso abrió heridas que no se cierran. Monzó asumió que fue uno de los gerentes de la convocatoria a la sesión especial. "Esto recién comienza, y es parte de la construcción de una nueva oposición", dice. Actuó con los límites de no ser diputado, pero con predicamento sobre legisladores del PRO del interior que se resisten a Ritondo, y a través de Sebastián García de Luca. Admite que Massa trabajó para ese llamado a sesión especial, pero que se sumó cuando ya estaba disparado el misil. Desentiende de todo a Rodríguez Larreta, algo que el jefe porteño hizo en una reunión con Ritondo y Álvaro González. Hay que decidir si creerles a estos grandes pinochos de la política, porque la única referencia del monzoismo hoy es Larreta, que más que un individuo es un proyecto.

La vuelta de Macri debilita a la oposición

Es entendible que el Gobierno busque dinamitar esa unidad porque sabe el daño que produce en sus propias filas. Atacarlo a Macri no es difícil, porque el ex presidente se mueve como quien se dispone a volver a la presidencia, y eso le reconocen tácitamente quienes lo rodean. ¿Vuelve alguien alguna vez en política? Si no volvió Cristina, salvo para el disfraz de una vicepresidencia condicionada, vaya a saber a qué restricciones, ¿volverá un Macri? Volvió Roca, pero 12 años más tarde, y después de retorcer todas las roscas disponibles. Volvió Perón, pero en medio de una guerra interna que costó miles de muertos.

El Macri que puede volver es un lastre objetivo en cualquier proyecto, y la suerte de quienes lo rodean depende de que actúe o deje de actuar como el deseado. Protagonizó en 2015 una proeza para el voto no peronista, como fue ganarle al peronismo y sindicar el respaldo obtenido en torno de una coalición. Repitió lo que habían hecho Alfonsín y De la Rúa en 1983 y 1999. Mantuvo el apoyo de su público hasta en la derrota de 2019, con el 40% de los votos, con una alianza que tiene hoy la llave del quórum en Diputados -que depende del dipu-bajador Scioli. Pero de ahí a volver… Más allá de las valoraciones, técnicamente es un jarrón chino -grande, frágil, caro, difícil de ubicar en un dos ambientes- de cuya decisión acerca del futuro depende la fuerza que co-conduce. Un peligro, porque el país está a un año del cierre de listas para las PASO del año que viene.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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