Domingo, 31 Mayo 2020 00:00

El duro aprendizaje para Alberto entre la peste y sus debilidades - Por Ignacio Zuleta

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

Un presidente tiene dos años de aprendizaje en el cargo. Algunos logran graduarse de presidentes, otros reprueban y un tercer tipo, trastabillan hasta encontrar el rumbo.

 

El turno que le toca a Alberto Fernández es más que dificultoso: nació de un acuerdo entre titanes del peronismo (el interior de distritos grandes como Córdoba y Santa Fe, y el del AMBA de Cristina) que lo puso en el timón como el eslabón más débil de la cadena. Heredó una crisis financiera formidable que el país navegaba desde los dos últimos años de Mauricio Macri. Y le vino encima la peste. El desmantelamiento de la economía universal disparó además las fantasías de refundación, una fantasiosa sensación de libertad frente a cualquier restricción externa a la acción política, que genera los sueños de la razón, los monstruos goyescos.

La cultura a la que puede apelar un presidente que, además, no es un político sino un funcionario, que debe seguir un manual sin las habilidades mágicas de un líder; es una resultante de la dialéctica de unos objetivos, los medios disponibles, y las restricciones que limitan la libertad para lograrlos. El gobierno tiene objetivos contradictorios según sea la tribu que ocupe el centro del escenario, posición cambiante semana a semana: esto distrae el balance de medios disponibles, y puede fantasear con que la caída del mundo tal cual lo conocemos lo habilita para cualquier quimera. Estamos en el país que endiosa el regeneracionismo y la intransigencia, dos demonios que pavimentan el camino del eterno fracaso.

La oposición mostró los dientes

Frente a eso está la realidad, que es material de recuento de daños en estas horas. El dato principal es el retrato de la realidad política que exhibió el Congreso, en la sesión en minoría que promovió la oposición el jueves. La agenda era voltear el decreto que limita las facultades para el gasto del poder Ejecutivo. La oposición logró 124 votos cuando necesitaba 129 para arrancar el debate. "Se rompió la inercia", comentó el macrista Álvaro González al terminar la sesión frustrada, que se agotó en discursos de consuelo.

Esta opinión traduce la idea de que los otros bloques de la oposición ayudaron al gobierno con vergüenza. Enviaron diputados a integrar el número, pero no a todos, para ayudar al gobierno a frustrar el debate, como lo hicieron la bancada que inspira Graciela Camaño (presente, aunque con la luz apagada) pero que gerencia "Bali" Bucca, o la del massista José Luis Ramón. Ese número expresa la relación de fuerza que había mostrado la cámara la semana anterior, cuando la moción para tratar sobre tablas la derogación del mismo decreto, había fracasado por una diferencia pequeña de votos (125 a 118). Ese número es el que estudia hoy el gobierno para resolver qué hará con su futuro legislativo.

La agenda de manejo del Congreso sólo puede movilizarse con un envión a nuevos acuerdos con la oposición, si quiere tratar temas para los que necesita el apoyo de ese voto. Si no, deberán insistir en prologar eternamente esa cuarentena política que son las sesiones virtuales o mixtas, que le aseguran el quórum como nunca había ocurrido.

Sin acuerdo, no hay suspensión de las PASO

La virtualidad pone en cuestión el significado mismo de lo que significa “presencia” en la política. Acá y en todo el mundo. ¿Qué es estar presente? ¿Pulsar “enter” o rosquear, negociar, cobrar, pagar, dar palmadas en el hombro, conspirar? El gobierno de Macri, a los seis meses de gestión, ya había logrado destrozar la unidad del peronismo con negociaciones inolvidables, como la de la Ley para pagarle a los bonistas defaulteados por el peronismo, aprobada con apoyo del peronismo.

El Ejecutivo estudia ahora la suspensión de las PASO. "No hay definición al respecto", me dicen de allá, bien arriba. Más arriba, insoportable. Es una necesidad política del oficialismo, y que tiene una justificación plausible en la peste que no termina, y en el alto costo de realizar unas primarias que no sirven para lo que fueron instauradas, elegir candidatos. Apenas los valida y, de rondón, habilita a que las cúpulas partidarias castiguen a los traidores internos con el veto a que concurran a las urnas, si pierden, por caminos alternativos – un remedio a lo que fue el FrePaSo, en realidad un “Mepaso” que horadó en los ’90 al peronismo y el radicalismo.

Para aprobar esa suspensión necesita una mayoría especial, de la mitad de los integrantes de la cámara más un voto, o sea 130. La oposición hasta ahora se niega a dar esos sufragios, y la distancia estrecha que lograron el jueves refuerza esa decisión. Le queda al gobierno la posibilidad de que un recurso judicial le permita suspender las PASO con el argumento de la emergencia institucional. Podrá lograr una aprobación en primera instancia - el juzgado de María Servini - pero la Cámara Nacional Electoral ama las PASO, y las ha respaldado siempre como un remedio del sistema criollo, porque ordena y limita la oferta electoral. La Suprema Corte tampoco parece ser un tribunal en condiciones de darle al gobierno un apoyo de esas dimensiones.

El gobierno tiene en estudio la suspensión desde antes de que sobreviniese la peste, basada en el alto costo de realizarlas sin que rinda frutos plausibles. La criticaron antes Cristina de Kirchner y Macri por cara e inútil, pero Cambiemos no pudo hacer avanzar la reforma ni otras que amaba más, como la imposición del voto electrónico.

La vicepresidenta agregaba argumentos internos de peso, que formuló después de las elecciones que perdió el peronismo en 2015 y repitió el 2017, antes de las PASO de agosto de aquel año: “Si Cambiemos no hace PASO en ningún lado, ¿por qué la haríamos nosotros? – decía - Una campaña para las PASO va a ser una revisión de mi gobierno, una masacre de imagen. Ya vimos cómo quedó el peronismo después de la PASO entre Aníbal y Julián” (Entretelas de la política", Clarín del 17 de junio de 2017).

El censo, también en duda

El gobierno me admite que esa suspensión está en estudio, pero no por las razones de la peste sino por el gasto que implican. Pero deberá buscar algún acuerdo con la oposición, por ejemplo, achicarlas a distritos en donde haya competencia y consagrar, sin asistencia a las urnas, los partidos de listas únicas, que son la mayoría en la categoría de cargos nacionales. El globo de prueba es otro compromiso, el censo nacional de población. También está en revisión por la peste y por el costo que tienen. Marco Lavagna debe resolver junto a Olivos si se suspenden para el año que viene.

Como la fecha prevista es octubre de este año, o el del año que viene; en ese caso coincide con las elecciones nacionales, algo inoportuno. Brasil, por ejemplo, ya postergó el censo para 2020, del mismo modo que Perú trasladó la fecha de ese recuento poblacional a 2021, como también suspendió las primarias de ese país para elegir candidaturas.

Esta trama del censo es importante para la agenda del gobierno, que trata de mejorar el rostro de sus relaciones internacionales y acompañar el casi seguro cierre de la negociación de la deuda, que ya se festeja por adelantado en Olivos. La decisión de darle a Lavagna el Indec, y de reivindicar la tarea que había hecho con el gobierno anterior Jorge Todesca, figura entre las pocas cosas que el gobierno logra para pacificar las relaciones con la oposición. El resto, es todo obra de Guzmán, que produjo el acuerdo que motivó que la oposición colaborase en las sesiones para aprobar la ley de emergencias en diciembre y, ya este año, la ley de sustentabilidad de la deuda.

Las emergencias le costaron al gobierno amputar la mitad del proyecto original, que incluía una formidable reforma del Estado. La segunda norma implicó una fina negociación política entre oficialismo y oposición, para mostrar al mundo que la deuda es una política de Estado, más allá de las inquinas que el peronismo despertó esta semana en el Senado. Cuando se escriba la historia, habrá que poner una mirada al diálogo que mantuvieron en febrero pasado, en París de Francia, Alberto y Felipe Solá con el economista Thomas Piketty, teórico de desigualdades. El autor de “El capital en el siglo XXI” y "Capital e ideología" (dos ladrillos de gran venta, pero de ardua lectura) lo convenció de que tener números buenos de la economía era la condición para cualquier reforma en serio. Incluso hablaron de un acuerdo con el Indec criollo, para un compromiso de flujo de información con el World Inequality Lab/World Inequality Database, que codirige en la Ecole d'économie de Paris. Él devolvería sugerencias de política tributaria y control.

¿Aprobará una postergación del censo 2020 que estudia Marco Lavagna? De esa charla pudieron surgir otros sueños de la razón como el impuesto a los más ricos. Piketty es un abanderado del impuesto al "one-per-cent", los ricos que concentran la riqueza a expensas, según su percepción, del otro 99% de la población mundial. El gobierno alienta desde ese momento el impuesto a las grandes fortunas que empuja Carlos Heller, un banquero del sistema, y Máximo Kirchner, a quien no se sabe si afiliar al 1% de los más ricos o al 99% de quienes alimentan a los billonarios.

Macri, a los 6 meses de gobierno, ya había partido al peronismo

Las acciones del sector acuerdista no cotizan en alza en el oficialismo, más cuando el Senado disparó el juicio de residencia al anterior gobierno. Un aprendizaje que debe haberse inspirado en el primer tramo del gobierno de Mauricio Macri, cuando se negó a poner en el escenario el debate de "la herencia recibida”, costo que pagó con el tiempo. El actual gobierno prefiere alzar ese juicio de residencia, para evitarse el daño que le produjo al anterior presidente.

Para completar las comparaciones hay que recordar que, en el primer semestre de su gobierno, Cambiemos había quebrado al peronismo, tenía el apoyo de un sub-bloque federal que manejaba Miguel Pichetto con los gobernadores del interior, y partió en tres al peronismo de Diputados. Había ganado en 2015 las elecciones en segunda vuelta por un estrecho margen (2,68%), pero su agenda y su necesidad de negociación, le permitió contar con los beneficios de un virtual cogobierno.

En este primer semestre el oficialismo de Alberto enfrenta un escenario diferente. Ganó por 8 puntos en primera vuelta, anda contando porotos para tener quórum en Diputados, y no le ha arrancado a la oposición más que tres diputados que entraron por Juntos por el Cambio, y que hoy orbitan junto al peronismo, pero no se sabe hasta cuándo.

Los 124 votos de Diputados son un triunfo de la oposición, que logró sentar a los 116 diputados – todos los que tiene el interbloque que maneja Mario Negri - y se sumaron a las otras fracciones opositoras.

El actual gobierno ha optado por el acoso a esa oposición, a la que ataca con el encono que se vio en el Senado. En la comisión de Deuda, el formoseño José Mayans intenta convertirla en una Comisión investigadora de la salida de capitales, según la letra del informe del Banco Central. Confrontó con Luciano Laspina sobre ese punto. Para que investigara, debería tener mandato del recinto por 2/3 de los votos y si no, según la oposición, limitarse a vigilar la renegociación actual de la deuda, y dejarle el pasado a la Auditoría General de la Nación.

También Oscar Parrilli trató de convertir a la comisión de Justicia en otra investigadora, ahora de los entuertos AMIA del exsenador Mario Cimadevilla con el gobierno anterior, que era de su partido, y con el que tiene cuentas pendientes vaya a saber por qué razón. No las mostró en su declaración del miércoles ante la comisión de Justicia, que tampoco tiene mandato de investigar nada. El impulso del peronismo en el Senado responde a la facilidad que le da la mayoría abrumadora que tiene ante la oposición, pero es una invitación a una nueva judicialización de la política con, por ejemplo, la derogación del DNU de escuchas (pase a la Corte del sistema de pinchaduras canallas y no canallas) de 2016, que ya había sido aprobado por la misma comisión que ahora lo voltea. Hace tambalear más de 200 DNU vigentes, en una virtual demolición del sistema. Va a ser lindo, diría El Guasón (el de la película, no el otro).


Ignacio Zuleta

Visto 707 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…