Domingo, 07 Junio 2020 00:00

La realidad impone equilibrios inesperados - Por Ignacio Zuleta

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Lejos de derrumbarse por la crisis - como tantas actividades públicas - la maquinaria política funciona y hace funcionar al país. El gobierno se muestra comprometido con un abanico de recetas para enfrentar la peste y también para cerrar el capítulo de la deuda impaga.

 

Ningún sector le niega el pan ni la sal, y los partidos derraman apoyos cuando se los pide Olivos. El dato específico lo aporta el nuevo equilibro que impone la oposición. Clavó el jueves en el Senado sólo 29 votos, para rechazar el tratamiento de asuntos que requerían 2/3 de los votos. No eran temas disputados, como ley de alquileres y educación a distancia, y eso agranda la dimensión del rechazo. Es para que anote el oficialismo que le pueden frenar iniciativas fuera del reglamento, pero también abrir debates de gravedad institucional, como la designación de nuevo Procurador de la Nación.

Este personaje será, en el futuro, una de las cabezas del poder judicial porque administrará un ejército de fiscales que instruirán causas nacionales y federales. Es la punta del principal objetivo táctico del gobierno, una reforma que desbarate las causas judiciales que comprometen a ex funcionarios del gobierno que terminó en 2015, al que no pertenecían ni Alberto Fernández ni Sergio Massa, pero que tiene a Cristina de Kirchner a la cabeza de esa cuerda de procesados.

Traspié de Cristina, bronca ante sus coroneles

El freno en el Senado tiene su contraparte en Diputados, en donde hace una semana la oposición clavó 125 votos, 5 menos de los que necesitaba para sesionar y cuestionar los superpoderes al jefe de gabinete - que es como designó Alberto, en la conferencia de prensa del jueves, a la autorización para gastar más, usurpando el léxico que usa la oposición para castigarlo, una traición del subconsciente.

A los seis meses de haber asumido, el peronismo no puede traducir la amplia diferencia que tuvo en las urnas en diciembre pasado (8 puntos en la presidencial, 14 en la provincia de Buenos Aires) al funcionamiento del Congreso. En Diputados tiene problemas de quórum y en el Senado tiene bloqueados los 2/3 de los votos. El diagnóstico es hoy que una oposición desflecada por la derrota de 2019 y un arco de dirigentes que están llamados a confrontar por el liderazgo de la fuerza que fue Cambiemos, resiste sin perder fuerza. Y que un gobierno de compromiso, en el cual conviven tres cabezas divergentes - Alberto, Cristina, Massa - no ha podido modificar su suerte, salvo con la firma de los DNU que tienen, muchos de ellos, futuro de judicialización.

Es lo que explica la opción preferencial del gobierno por las sesiones virtuales que le aseguran un quórum casi perfecto. Ocurrió en el Senado. Sobre 72 legisladores, hubo 70 al momento de arrancar. Uno con licencia, José Alperovich, otra, Pamela Verasay, que no pudo conectarse. Igual el sistema fastidia hasta a sus bastoneros, como Cristina, que se enojó con la botonera cuando Carlos Caserio se quedó sin sonido. "Senador, se quedó sin audio, toque... no sé qué cosa...". Esa bronca de Cristina se concentró en la propia tropa porque la sesión sirvió para abroquelar a una oposición de minoría que estaba a tiro de carancheo. Los gerentes de esa sesión, José Mayans y Oscar Parrilli, recibieron el reproche de ella por el apuro, que permitió ese retrato de una oposición que se apiña para bloquearle iniciativas. El enojo de la vicepresidente fue evidente y resonó en los pasillos. ¿Para qué fueron a una sesión con temas que necesitaban 2/3, si con esperar los 7 de días reglamentarios podían aprobarlos sin problemas? ¿Se dejaron arrastrar por la táctica de la oposición de buscar esa confrontación? Cristina clamó contra los radicales: "Los radicales, siempre con la Constitución, con el reglamentarismo a su favor, por favor", ironizó para que la escuchasen.

Festejan Alberto en Olivos y Massa en Diputados

Pero la mirada fiera es hacia los propios, porque en el recuento de daños no sólo quedó firme un nuevo equilibrio que era impensable si se tiene en cuenta la abrumadora mayoría de votos del peronismo.

Es un traspié de Cristina como responsable del Senado. Ella es la encargada de que funcione y el rechazo del jueves tiene señales simbólicas importantes, como que Carlos Reutemann se plegase a la táctica de Juntos por el Cambio se retirarse con el bloque de Juan Carlos Romero. El senador por Salta criticó el DNU de traspaso de las escuchas de la Corte, pero avaló los superpoderes para el gasto. Igual rechazó los 2/3 y se desconectó, que es como hoy un senador se retira del recinto.

¿Quién festeja del gobierno? Seguramente Alberto Fernández, a quien le vuelve la pelota para lograr entendimientos que Cristina rechaza. El rechazo de los 2/3 parece la primera paleada para enterrar la propuesta de Daniel Rafecas, debate en el cual se requiere mayoría especial. Una desgracia para el oficialismo pero que abre, para Alberto, la posibilidad de sentar a la oposición a negociar algo a cambio de ese nombre. Deberá aceptar que el cargo que pretende para Daniel Rafecas no sea vitalicio, que sus funciones sean limitadas para el manejo de ese superministerio que será la nueva procuración, y por lo menos aceptar que se arbitren otros nombres.

Para el oficialismo será Rafecas, y no Slokar, aunque éste no deja de tener pretensiones para ese cargo, sobre el cual alguna vez habló con Cristina. La oposición liberó el globo de otro nombre, Ricardo Gil Lavedra. Esa sonrisa de Alberto es como la que mostró Sergio Massa cuando la oposición le sentó 126 diputados la semana anterior. Subieron sus acciones porque ese hecho demostró que, si no operaba él, la oposición juntaba los 129 votos para arrancar una riesgosa sesión especial para abofetear los superpoderes. El bloque de José Luis Ramón es una creación de él para actuar como árbitro de estas situaciones. Ese el rostro de la Argentina política, que conviene retener porque hay estereotipos que no se verifican en la realidad. Ni el gobierno es superpoderoso, ni la oposición es débil.

El túnel del tiempo es adictivo y pegajoso

La decisión de la oposición no fue pacífica, porque en ese arco hay duros y blandos. Algunos quieren que Juntos por el Cambio endurezca el gesto ante cualquier propuesta, emulando la estrategia de bloqueo que el peronismo cristinista ejerció contra el macrismo entre 2015 y 2019, fuera cual fuese el tema. Otro sector entiende que hay temas simpáticos y antipáticos hacia el público, y que la oposición tiene que cuidarse de asumir posiciones hipercríticas ante un gobierno que ha apiñado a la sociedad en torno la pelea contra el bicho. El arbitraje de posiciones se hizo en una reunión del interbloque por zoom el miércoles por la noche. Resolvieron la posición más dura de rechazar los votos por los 2/3 y, si la sesión continuaba con los DNU, dejar solo al oficialismo. Ese arco transmite filias y fobias. Entre las primeras, la relación especial que tiene el bloque de Romero con Humberto Schiavoni, senador del Pro. Esa afición llega al extremo de que en las reuniones del interbloque participe el senador por Salta, que agregó los cuatro votos de su bancada (Carlos Reutemann, Lucila Crexell, Clara Vega, Romero), que se sumaron a los 25 de Juntos por el Cambio. Entre las fobias hay que localizar al quien precipitó ese bloqueo, el senador Oscar Parrilli, que terminó de irritar a todos en la Comisión de Justicia. La semana anterior llevó al radical Mario Cimadevilla a hablar contra el anterior gobierno. Esta vez, precipitó el dictamen para reformar la ley de las SAS (Sociedad por Acciones Simplificada). Este sistema está en la mira del peronismo, que entiende que son un disfraz para la elusión fiscal y la creación de empresas fantasmas.

Fatalidades: Alberto con Larreta, unidos y organizados

Esa reunión del interbloque siguió a dos movimientos de Horacio Rodríguez Larreta en la tarde del miércoles. Uno, público, fue la visita a Alberto Fernández, para adelantar anuncios pandémicos. Se hicieron lugar para una charla a solas sin los testigos que justificaron el encuentro - médicos, educadores, psicólogos -. Fue una oportunidad para refinar consensos.

Simulan estar conociéndose, aunque Alberto tuvo su romance con el macrismo naciente en 2002, cuando estuvo a punto de ser candidato a legislador en las listas que encabezaban Macri y Larreta. Esas elecciones se postergaron hasta 2003, y Alberto ya estaba del otro lado de la línea, como jefe de Gabinete de Kirchner.

Cuando concilian los une la idea de que: 1) tienen que jugar juntos porque enfrentan al bicho en el mismo terreno y el mejor recurso para ayudar al peronismo que administra Buenos Aires los tiene el gobierno macrista de la ciudad; 2) tienen que caminar por un desfiladero cercado por posiciones extremas de uno y otro lado, los duros y blandos de una y otra fuerza. Le cuesta menos a Horacio, más a Alberto, que es el eslabón débil de la coalición con Massa y Cristina.

A medida que pasa el tiempo, el presidente parece ceder fuerza ante sus aliados. A Cristina le tolera órdenes de esa jefatura de gabinete paralela que es la vicepresidencia. Desde allí se dan órdenes a funcionarios para que retiren acciones contra ella en la Oficina Anticorrupción, o que se pidan libertades domiciliarias, medidas que Alberto no revierte y de las que dice se entera por los diarios. Debe tolerar que ella fatigue los teléfonos con instrucciones a Axel Kicillof, a quien también enloquecen las consignas cruzadas, e incurre en pasos de comedia conmovedores.

Por ejemplo, cuando desmintió que los barrios pobres provean los muertos en la lucha contra a peste, argumento que había desarrollado nada menos que el jefe de gabinete Santiago Cafiero. ¿Era necesario? Esas escenificaciones son estremecedoras. Larreta es un político disfrazado de funcionario municipal, Alberto y Kicillof son dos funcionarios disfrazados de políticos, condición que no tienen. De esos tres porteños depende la salud y la economía de los argentinos.

Larreta es el fundador de lo que fue el macrismo antes de reclutar a Macri, y conduce hoy el distrito más importante de su fuerza, con alianzas que contienen contradicciones que sólo un líder puede contener - Vidal vs. Monzó, Carrió vs. Lousteau. Alberto y Alex son dos profesores convocados a la función pública, con votos prestados, tienen que ejercer de políticos sin serlo. Son punto, no banca. Larreta es banca. Como docentes, confían en la improvisación y por eso hablan largo, distraídos y confusos. ¿Alguien entendió las especulaciones estadísticas de Kicillof sobre la peste en la conferencia del jueves? ¿A quién le hablaba? No se le entendió nada.


Ignacio Zuleta

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