Domingo, 14 Junio 2020 00:00

El caso Vicentin, una necesidad para el peronismo - Por Ignacio Zuleta

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Seguramente el país no necesita abrir un frente de guerra más. Pero el que necesita la guerra de Vicentin es el peronismo. Menuda manera de festejar los seis primeros meses del gobierno de Alberto.

 

Desatar una crisis que se suma a las desgracias encadenadas ─la económica y la sanitaria ─le sirve para despachar la competencia por el liderazgo dentro del oficialismo.

El gobierno está a cargo de una coalición del peronismo que tiene en el Presidente su eslabón más débil, que debe arbitrar en la puja entre el peronismo del interior, los grandes distritos como Santa Fe y Córdoba, y el peronismo metropolitano de los Fernández (Alberto, Cristina) y Sergio Massa. Discutir liderazgo no es una fría de vanidades. Es la necesidad de una fuerza dividida, que por no remediarlo antes se pasó 10 años ─2009-2019─ perdiendo elecciones.

A un año del cierre de listas para las PASO 2021, hay intendentes que están a un voto de perder sus puestos y que preguntan con quién hay que hablar, si con Olivos, con el Patria, con Massa o con Pichetto, que está de nuevo en carrera. En el mundo de los negocios, preguntan lo mismo: ¿con quién hay que hablar? Temen aparecer en la foto equivocada y es razonable que se dispute quién manda.

Poner a la fuerza a discutir cuán beneficioso es hacerse cargo de Vicentin, sus gastos, sus deudas, arrastra al conjunto a una batalla ideológica que tiene el mismo sentido que ese proyecto, de incierto destino, de crear un impuesto a las grandes fortunas. Este tributo, si llega a ser aprobado, no resolverá ninguna de las urgencias patrias, como tampoco las solucionó otro globo echado al aire por el gobierno, como es la reforma de las jubilaciones de los jueces. Y si llega a producir alguno, ocurrirá cuando el mandato de Alberto Fernández vaya terminando.

Cualquier salida que le encuentren a la comedia de Vicentin rendirá sus frutos, si lo hace – se están comprando activos, pero también pasivos – recién en algunos años, pero habrá servido, como el impuesto a los ricos y las jubilaciones a los jueces, para blindar liderazgos y marcar las diferencias entre amigos y enemigos dentro del peronismo.

Hacia afuera, es un intento de arrinconar a la oposición en el bando de los malos que defienden a los ricos, y exaltar a los propios como los adalides de la igualdad. Es un clásico: importa la pelea, su estética y su ética, pero no el fondo de lo que se discute. El caso es de interés particular del peronismo; no está probado que corra en beneficio del interés público.

“Los borrachos son ustedes”

El envión se suma a la réplica que intenta el gobierno a las campañas que dicen haber sufrido en el anterior gobierno. Cristina, arrinconada por la justicia por denuncias y procesos por presunta asociación ilícita, da vuelta esa acusación y le reprocha lo mismo a Macri, y genera videos mientras va a los juzgados en gesto que hace recordar aquella cumbia de cuando éramos chicos, que cantaba “Los borrachos son ustedes” antítesis, en términos de dialéctica hegeliana, a otro hit, “La banda está borracha”.

Esta jarana se alimenta de frivolidad, porque las causas por asociación ilícita a gobiernos han sido descalificadas por la Suprema Corte.

Un gobierno no se integra para delinquir, dijo cuando a Carlos Menem lo acusaron por esa figura en el caso armas, y esa carátula requiere el concierto de personas para delinquir indiscriminadamente. Fue indemostrable en el caso Menem, y seguramente lo será en el de Cristina, que se lo arroja ahora a Macri sabiendo que es más un insulto que una calificación jurídica.

Debilitada por la necesidad de limpiar su situación judicial, la vicepresidente aporta los argumentos para convertir el caso Vicentin de una causa penal en una batalla ideológica, que descalifica los dichos y los hechos de su presidente. Alberto dice que no cree en expropiaciones, pero Oscar Parrilli lanzó el viernes el debate para crear una comisión bicameral que examine las crudezas del caso. Y expropiar.

El factor sindical

El peronismo pejotista mira estos movimientos con melancolía y toma distancia de la revolución. Este proyecto nace del impulso de un ceteísta como Claudio Lozano, como el del impuesto a los ricos se lo atribuyen al comunistoide Carlos Heller.

Los gobernadores Perotti y Schiaretti tiene un compromiso con los sectores del campo que se han manifestados heridos por el proyecto que empujan estos primos políticos. Sergio Massa se ha cansado de filtrar una posición crítica para diferenciarse de Olivos y del Patria. Los aliados del peronismo informal, como Roberto Lavagna y los legisladores que le responden, lo rechazan. Para cerrar el panorama de complicaciones, el sindicalismo mira esto como gesto fiero.

En La Bancaria creen que el proyecto esconde la intención de remover a funcionarios de la línea profesional del Banco, y el gremio está dispuesto a defenderlos ante el reproche que son responsables del sobreendeudamiento del grupo. El descargo que circula en el gremio dice que: “1. El área de riesgo crediticio calificó a la empresa para darle hasta US$350 millones y sólo lo asistieron en US$300. 2. Era una empresa en situación regular en cuanto a su crédito. 3. Es una empresa de 50 años como cliente del Banco y es la tercera empresa privada en magnitud de su cartera. 4. Los funcionarios de la línea cumplieron en todo momento con las normas internas y externas para el otorgamiento de financiamiento. Las negociaciones fueron aprobadas por el Directorio del Banco. 5. Antes de irse Juan Forlón ─hoy en la AGN en representación del peronismo─ de la presidencia del Banco Nación, el grupo ya debía US$180 millones”.

Estos argumentos los acerca al gobierno la directiva de la Bancaria. Por su lado, una minuta de Javier González Fraga en defensa de su actuación agrega que “No hay que descartar que atrás de todo este repentino cuestionamiento y denuncias malintencionadas de “irregularidades”, haya una doble intencionalidad política. Obviamente apunta a desprestigiar la gestión anterior, pero también a descabezar la cúpula gerencial del BNA, y quizás con alguna intencionalidad de desplazar su cúpula sindical".

La denuncia madre es un documento que firma Claudio Lozano, un dirigente de la CTA, que tiene un juego gremial aparte de La Bancaria. La fecha del informe es 16 de enero de este año, el mismo día cuando se conoció su propia designación como director del Banco. O sea que estaba escrito antes de asumir, desde afuera de la institución.

Es valioso argumentalmente, porque es la base de las denuncias judiciales y del proyecto de intervención, aunque se basa sobre artículos periodísticos. En un párrafo aporta este pintoresquismo narrativo: “…los pasillos del Banco Nación cuentan que en las múltiples reuniones que existieron con la empresa Vicentin para tratar de imponerle la necesidad de volver a encuadrarse en la normativa, frente a las exigencias de los funcionarios del banco, los dueños de la firma cruzaban del Banco Nación a la Casa Rosada”.

El factor Pichetto

La reaparición de Miguel Pichetto en el despacho de Massa se convirtió en el dato político más relevante para la oposición, que quedó amortiguado por la acidez de otros temas de la agenda, como la crisis económica, la peste, la deuda y las estridencias del caso Vicentin.

Supone el acuerdo de otros sectores del peronismo como Cristina de Kirchner, quien está en libertad gracias a la estrategia del rionegrino para proteger sus fueros. Massa había cenado en la noche del martes en Olivos con Alberto y Máximo Kirchner, a quienes les comunicó que recibiría el miércoles al candidato del PRO a la Auditoría General de la Nación, junto a Cristian Ritondo ─jefe del bloque─, y Álvaro González ─vicepresidente de la cámara─. "Es un tema institucional", acordaron los tres.


La foto de Massa con Pichetto y los dirigentes de Juntos por el Cambio

La foto de Massa con Pichetto y los dos dirigentes de PRO ─más Mario Negri, jefe del interbloqueo opositor, y de Maxi Ferraro, presidente de la Coalición─ es un mensaje de fuerza de la oposición. Pero también del presidente de la Cámara, Massa, que disputa liderazgo con Alberto, distraído política y psíquicamente por la acumulación de tribulaciones, y con la complicada Cristina en el Senado. Prueba musculación y estiramiento y muestra que no le teme a una foto con Pichetto que quiebra estereotipos. “Nunca nadie se arrepiente de ser valiente”, ha aprendido del personaje de Hugo López, en la biopic de Luis Miguel.

Es el levantamiento de la cuarentena política para Pichetto, y blinda la unidad de la oposición. También dispara un proyecto de construcción del peronismo “republicano y federal” como cuarto partido de Juntos por el Cambio, que discutió durante la semana con Macri y también con Ramón Puerta.

Pichetto vuelve al Congreso, que será el territorio de cosecha de peronistas no cristinistas que alimenten esa quimera. En la AGN será local porque allí mandó durante años su amigo Oscar Lamberto, leyenda de la auditoría peronista que animó con Pichetto, desde 2016, el “Movimiento 21” que fue la base de “Alternativa Federal”: Schiaretti, Urtubey, Massa, Pichetto, Lavagna.

La oposición blinda unidad y le renueva el carné a Macri

Juntos por el Cambio puede festejar algo a los seis meses de haber dejado el poder. Es un colectivo de jefes partidarios, gobernadores y caciques parlamentarios que arbitra decisiones por encima de diferencias relevantes. En esta oportunidad se vuelve a privilegiar la unidad porque es una señal de apoyo a Macri, principal patrocinante de la candidatura de Pichetto a la AGN.

Había reclamado la presidencia de la AGN para su compañero de fórmula. Si sus aliados radicales le concedían eso, hubiera significado reconocerle una autoridad sobre ellos que es hoy inoportuna. Una silla de auditor hasta 2023 para Pichetto ─que completa el mandato de Jesús Rodríguez, que asumió la presidencia─ es una validación de la autoridad de Macri en la mesa de Cambiemos, suficiente para preservar la unidad.

Es clave, porque en estas horas el gobierno arriesga decisiones importantes en el Congreso. Pero tiene dificultades de quórum en Diputados y no tiene los 2/3 en el Senado. Que la oposición se mantenga unida le agrega dificultades. La relevancia de esta rosca justificó que Negri hiciera un viaje de Córdoba a Buenos Aires en auto por 24 horas. Llegó el martes para llevarlo a Pichetto a la oficina de Massa, pero la reunión se suspendió por la noticia de la aparición de dos contagiados por la peste en el personal.

Se postergó hasta el miércoles al mediodía. La confirmación de Pichetto como auditor cumple un compromiso en la oposición anterior a la peste. A finales de febrero esa fuerza negoció la propuesta a Jesús Rodríguez como presidente de la AGN, que era el nombre que impuso la UCR. Las tres fuerzas le cedieron al PRO la silla que dejaría Rodríguez en la mesa, y el nombre acordado fue el de Pichetto.

Cristina tropezó con la misma piedra

El interés de llevar un caso penal como Vicentin al terreno ideológico es claro: el cristinismo que anida en el Senado tiene que hacer músculo en un momento de extrema debilidad. El jueves, por segunda vez en 7 días, la oposición retiró 29 senadores, en rechazo de tratamiento de proyectos del oficialismo que no tienen relación con la peste, que es la condición que justifica el sistema de sesiones virtuales.

Quedó en evidencia que el peronismo está lejos de los 2/3 de los votos para proyectos de cambio estructural, como los que propone la fracción que lidera Cristina ─por ejemplo, la designación de Daniel Rafecas o la creación de una comisión investigadora para el caso Vicentin, que también necesita 2/3 de los votos de esa Cámara─. Para que pueda crearse, Parrilli propuso que sea una bicameral, porque así se aprueba con mayoría simple, ya que el requisito de la mayoría especial lo tiene el Senado, pero no Diputados.

Esta repetición del retiro de la sesión por parte de la oposición es una derrota de Cristina. Debió evitar que se produjera por segunda vez. Hubiera podido negociar o, en todo caso, suspender la sesión, para evitar que quedase en evidencia su debilidad, que consiste en que una oposición con muy pocas bancas sostenga con firmeza su rechazo al sistema de las sesiones virtuales.

Este formato ha quedado herido, y se suman reproches. El más estridente fue el de la senadora por Mendoza Pamela Verasay, quien se quejó en la sesión de que una semana antes no pudiera conectarse: “No me podían ver, pero me hacían figurar como presente. Me prestaron un código y voté no con mi nombre”. Las leyes que se voten con tan frágil sistema podrán merecer cuestionamientos en la justicia.

Las broncas en el Senado

En el tridente oficialista Cristina necesita recuperar tantos, porque no está cumpliendo con su parte en la tarea colectiva, que es asegurar un Senado que vote proyectos de fondo como los que necesitan 2/3 de los votos. A ella le tocaba esa misión y le cuesta mucho lograrlo. Privilegia pelearse con sus adversarios, cuando la tarea básica de un legislador es construir consensos.

El Senado no es un escenario para gestos testimoniales. Por eso se enoja y enoja a su entorno. Lo hizo venir de La Angostura al secretario parlamentario Marcelo Fuentes en el avión que lo trajo de vuelta a Alberto Fernández. Fue para que asumiese en lugar del prosecretario, el radical Juan Pedro Tunessi, que actuó en su reemplazo en sesiones anteriores.


Marcelo Fuentes con barbijo negro mira a Cristina Kirchner mientras ella le "revolea" una carpeta a María Luz Alonso, secretaria administrativa del Senado. (Juan Manuel Foglia)

Antes había dicho que la presencia de este radical era la garantía de ecuanimidad del sistema, pero como los radicales se quejan de que Cristina les incumple el pacto de no tratar proyectos no vinculados a la peste, como la reforma de las empresas SAS, parece admitir que ya no necesita que Tunessi garantice nada.

Fuentes es un soldado cristinista, pero no es un cortesano. Terminó su banca en diciembre pasado después ser parte de una cúpula multipartidaria acostumbrada a otra convivencia, la propia del “club inglés”, que es como definió al Senado alguna vez el recordado “Pacheco” Berhongaray (senador radical).

Dejó la banca, junto al trío que manejaba con él la Cámara y que integraban Miguel Pichetto, Federico Pinedo y Ángel Rozas. No parece avenirse al trato que le da Cristina a su entorno, una decena de juniors que caminan junto a ella mientras intentan atraer su atención mostrándole textos con noticias y comentarios en las pantallas de sus celulares.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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