Lunes, 15 Junio 2020 00:00

La batalla por Vicentin, el centro de Carrió y desaire a un cafecito con Alberto - Por Ignacio Zuleta

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La expropiación de la empresa domina la discusión política. Reapareció la líder de la CC y la oposición prefirió eludir Olivos.

 

Vicentin hace peligrar sesiones en el Congreso

El caso Vicentin se convierte por sorpresa, en el nuevo ordenador de la agenda política. En diciembre, el carné de baile parecía capturado por la duda. En marzo viró a la peste. En la última semana el proyecto de expropiación de ese grupo económico se convierte en el campo de batalla entre oficialismo y oposición. El Gobierno lo presenta como su "Rumasa" -por el caso que usó el socialismo originario de Felipe González para afirmar el poder del primer gobierno socialista, confrontando con un gigante económico en crisis -. Para la oposición recrea las condiciones de otra batalla victoriosa, la de la 125, que cifró la declinación del peronismo en los sectores medios y moderados. Fue el preámbulo de la división del peronismo, que abrió una década de derrotas legislativas que llevaron a la pérdida del poder en 2015.

Así como el Gobierno convierte, de pronto, a la crisis de ese grupo en el gran problema nacional –como si le hiciera falta uno más, en un país en donde la insolvencia financiera de las empresas compromete a la mayoría-. La oposición replica también poniendo a Vicentin como objetivo político. Riesgoso para las dos partes. El envión expropiador divide al peronismo de Olivos del del Congreso, y pone al Presidente en una cuarentena política, porque el Instituto Patria lo contagia con proyectos contaminantes que no puede resistir:

  • 1. Impuesto a los ricos.
  • 2. Plan Vallejos de quedarse con acciones de firmas privadas que reciban auxilio estatal.
  • 3. Expropiación con intervención por una norma del gobierno militar que interrumpe el proceso concursal, y pone a todas las empresas en alerta de vacío legal para salir de sus problemas.

Esa dialéctica jibariza la figura de Alberto Fernández, el eslabón más débil de la coalición trifásica –él, Cristina Kirchner, Sergio Massa– y establece zona liberada para el peronismo contra cultural. Esta tensión abre un abismo institucional de consecuencias imprevisibles. Cámara de Diputados. Y el 6 de julio –o el 31 de ese mes, según se cuenten días hábiles o corridos, algo que puede aplicarse en Diputados para darle alguna sobrevida– se vence la resolución en el Senado que habilita a las sesiones garbarinas de Cristina en el Senado.

¿Olivos? Ni pisamos

Tal como están hoy las relaciones, el Gobierno está en condiciones de que la oposición acepte una prórroga de esos sistemas virtuales. Sin ellos, el país se queda sin Congreso e ingresa en una crisis peor que las que crearon la deuda, la peste o Vicentin. Este asunto flotó con el peso de la noche –oscuro, incierto– en la reunión del miércoles en la oficina de Massa para formalizar la designación de Miguel Pichetto como auditor en representación de la oposición. El estadista de Tigre les refirió que la noche anterior había estado en Olivos cenando con Alberto y Máximo Kirchner y que les transmitía a los jefes legislativos de la oposición una invitación a tomarse un cafecito por allá.

Mario Negri voló hasta el ángulo y la sacó al córner. Me tengo que volver a Córdoba, ¿pero si ellos quieren ir?, les dijo a Cristian Ritondo, Maxi Ferraro y Álvaro González, allí presentes. Este extendió la explicación: “¿Te parece el momento para ir allá? Si es para hablar de la deuda o de la peste podría justificarse, pero si nos sentamos ahí, lo primero de lo que vamos a hablar es de Vicentin, y eso es para pelearse.” Está predicando a un converso: Massa cree inconveniente el debate de la expropiación y más si el cristinismo lo justifica en echarle flit a un grupo de inversión extranjero, ligado al cartel de mendocinos a quienes les compraron una cadena de TV cable que tiene leyenda de massismo explícito. Ay, Cototo… Prefirió cruzar recuerdos con Pichetto sobre aquel momento de esplendor que fue la mesa de los cuatro o cinco –la Alternativa Peronista– que compartieron antes de la reunificación del peronismo. “Fuiste el primero a quien le hablé –le dijo a Massa– el mismo día cuando Mauricio me ofreció ser candidato a vicepresidente”. Es inevitable que Sergio haya sonreído. Cuando Lilita se enteró de esa negativa de Negri de ir a Olivos, sancionó: "Hizo bien, no es el momento".

Relaciones peligrosas en las dos cámaras

Este interés en reunirse con la oposición es para plantearles la necesidad de reactivar los protocolos de los cuales dependen las leyes, entre ellas la de expropiación de Vicentin. En el Senado, el uso que ha hecho Cristina de ese protocolo de virtualidades legislativas ha reformado a la oposición, que ya junta 29 senadores que le niegan la posibilidad de los 2/3 de los votos. En esa cámara, las relaciones están cortadas con el oficialismo, que es acusado por Juntos por el Cambio y sus aliados de Juan Carlos Romero, de imponer proyectos que no tienen relación con la peste, violando el acuerdo originario. Se quejan además del maltrato de Cristina, que no habla con ninguno de ellos y que ha empeorado sus relaciones con los senadores como José Mayans, que preside el bloque. Lo acusa de someterla a desaires como que se le repita en el plazo de 7 días el retiro de los 29 opositores.

Han quedado atrás los días dorados de un Senado de sombrerazos y galanterías, como cuando lo presidían Eduardo Menem, Daniel Scioli o Federico Pinedo. Parecía un grupo de familia; hoy es la selva amazónica. Ponzoña y dardos con curare. En Diputados, el oficialismo está al borde del quórum, que depende de la mano de Massa, que mueve al bloque de José Luis Ramón como propio. Lo expresa la exaltación de la mendocina Anabel Fernández Sagasti como delegada ante el Ejecutivo, a quien Alberto sentó a su lado cuando anunció el vicentazo. Dejó en claro quién es el Congreso para el oficialismo, y contradice ese estereotipo indemostrado de que Alberto se pelea con Cristina, cuando no hay muchas evidencias de eso, aunque sean animales de especies políticas distintas. Son un matrimonio swinger, en todo caso.

El sábado el gobierno quiso exhibir otra reunión, esta vez entre Rodríguez Larreta, Axel Kicillof y Ginés González García. ¿Alberto en cuarentena? No sabe/No contesta, repiten de Olivos. Larreta se negó a ir y consiente, en todo caso, que este lunes se junte su ministro Quirós con Ginés. Se siente bajo tormenta para que cierre la Ciudad de nuevo, cuando el problema lo tiene la Nación en la provincia de Buenos Aires.

Carrió se sumó al blindaje opositor

A la oposición les recrea contradicciones históricas. ¿Vale la pena jugarse el cuerpo en la defensa de una empresa, cuando los hombres de negocios no están para hacer política y su objetivo puede dejar a los políticos colgados del pincel si les arreglan el morral? La administración Macri sufrió mucho con la acusación de que era un gobierno para los ricos y en beneficio de los empresarios. Éstos saben por experiencia que no fue así. Ahora el debate en Juntos por el Cambio es cuál será la tasa de corte en defensa de la propiedad privada, los derechos del sector agropecuario y de las economías regionales, en este intento de crear, desde el Gobierno, una cerealera Nac&Pop y, en el fondo, se debaten los derechos civiles frente a un gobierno autoritario.

La oposición cerró posiciones para blindarse en ese debate y apartarse de posiciones extremas. Lo confirmó a Pichetto como auditor desde el despacho de Massa –gesto que también lo reforzó a éste en el arco oficialista, en donde mantiene relaciones odiosas con los socios-. Siguió el viernes con el diálogo entre Macri y Rodríguez Larreta –presencial, a lo macho– y con Elisa Carrió por teléfono. El destilado de esos encuentros es clave para lo que viene:

  • 1) Juntos por el Cambio tiene que buscar su lugar en representación del centro-centro, lejos de posiciones extremas. “Si vos no fuiste un presidente extremista no podés tampoco ser ahora un hombre de extremos”, le dijo Lilita. Hay que afirmar el centro para representar a un arco más amplio de votantes.
  • 2) Hay que hacer una oposición moderada, no estar hablando todos los días de economía, porque no nos van a creer.
  • 3) Hay que entenderlo a Horacio en sus relaciones con Alberto, porque tienen que gobernar en medio de la peste. Y el problema lo tiene Alberto con sus internas con el peronismo y Cristina. Nosotros no, lo respaldamos a Horacio.

Esta búsqueda de la moderación es una señal hacia sectores más ácidos de la oposición como el que representa Patricia Bullrich, o más dulces, como el ala Frigerio-Monzó, en la que hoy hay una débil identificación, mutua, con Macri. Esto justifica el informe que le rindió el sábado Carrió a Negri. “Yo te sigo a vos”, le dijo al ponderar los esfuerzos de moderación del jefe del interbloque. Este lunes Negri asiste con todos los legisladores nacionales de Córdoba a una reunión en la localidad de Jesús María, con la mesa de enlace del campo provincial. De ahí saldrá un pronunciamiento anti-expropiación que puede volcar los votos del peronismo de Córdoba en contra del proyecto.

Recordando sin ira

El aporte de la charla con Carrió es que la ex diputada confrontó con el propio Macri en el tema SUDE y con el PRO de Santa Fe con el asunto Nardelli –CEO de Vicentin- cuando uno de los hermanos de ese apellido amagó con ser candidato a gobernador de la provincia. Que hiciera las paces en este asunto es central para la sustentabilidad de la oposición en el debate. Macri es acusado de pinchar teléfonos a propios y extraños. Lo niega con vehemencia. ¿Quién puede creer –se habrá oído en Los Abrojos o en Acassuso, santuarios en donde habita el expresidente- que yo necesito de ese trío Galleta (es como le llaman por ahí a los tres espías que dicen haber traficado esas pinchaduras para la AFI macrista)– para hacer política? Cree que todo es una patraña, pero igual Carrió le recordó que había aconsejado disolver la ex SIDE y sacarles los fondos reservados a los servicios, y que rechazó la designación de Silvia Majdalani como segunda de Gustavo Arribas, que fue a ese cargo con el silencio tolerante del peronismo.

Despachar este asunto cauteriza las heridas que intenta abrir el Gobierno cuando menea esas pinchaduras, en un caso que descansa sobre un prejuicio tonto de la política. Es el de creer que hay algún secreto que los políticos guardan como clave de sus movimientos. Es una fantasía de quienes confían, equivocadamente, en las explicaciones conspirativas en política (un arte y ciencia) en la cual la realidad se agota en lo fenoménico. Las cosas son lo que parecen. Nunca hay nada secreto. ¿Dónde están los secretos estratégicos de los políticos, o de los periodistas, que podrían revelar sus llamadas telefónicas o las fotos con teleobjetivo? Los políticos hablan todos los días por radio y TV, como los animadores que aparecen en las listas de pinchados. Cuanto más, podrá conocerse algún maltrato sobre el pelotudo de turno, pero nunca nada de interés explicativo para la política. El segundo equilibrio que aportó ese diálogo con Carrió del viernes es sobre el caso Vicentin.

La ex diputada le recordó también a Macri que ella había rechazado la candidatura de un Nardelli a gobernador de Santa Fe. Aclárese que hay por lo menos dos Nardelli, uno es el “Mono”, CEO de Vicentin, que es el que negoció con Alberto, y Gustavo, que está relacionado con el manejo del Puerto de Rosario. Éste fue quien en algún momento se interesó en una candidatura que no llegó a ser formalizada en ninguna de las instancias importantes de los aprontes para las elecciones de 2019. Carrió dijo entonces que eso no ocurriría ni sobre su cadáver, porque ella tenía otros candidatos, uno de ellos el actual diputado Luciano Laspina, del PRO, que se abrió, como los dirigentes de la Coalición, para dejarle la candidatura de Juntos por el Cambio de José Corral. Higieniza las relaciones porque el Gobierno acusa al grupo Vicentin de haberse beneficiado de apoyos del macrismo, cuando el veto de Lilita a aquel Nardelli fue porque el grupo se había beneficiado, antes, del gobierno y las ayudas de Cristina.

De la edad de oro a la edad de cobre

Los baquianos del Congreso señalan diferencias de estilo. En Diputados, Massa tiene abierto el registro de nuevo amigos. En el Senado faltan los grandes trujimanes de la cámara que eran Miguel Pichetto, Ángel Rozas y Federico Pinedo. Maestros de la costura, eran un encanto para los acuerdos. Le sirvió al sistema durante años; no a ellos, que no lograron que sus partidos les renovasen la estadía en la banca. Pasaron del vértice del poder a su casa. Una advertencia sobre la eficacia del sistema, que desperdicia a quienes construye y los tritura, para remplazarlos por principiantes de mano enyesada a la hora de votar. En la nueva era, los bloques han perdido interlocución con la presidencia que Cristina heredó de Pinedo. Cuando más, los jefes de bloque llegan a la secretaría administrativa, que ejerce la pampeana María Luz Alonso. Las negociaciones son tête a tête, y nadie cuenta qué saca de cada charla con ella. Esa estructura sirve para recopilar información sobre las NIB (Necesidades Básicas Insatisfechas) de cada legislador. Pesarán a la hora de negociar cosas más importantes.

La informática abre las puertas a un infierno de controles

Es difícil que algún gobierno logre imponer una disciplina que persiga la utopía de que todos muramos en perfecto estado de salud. Pero es una oportunidad soñada para un poder que declina en todo el mundo, y que 2019 asistió a la caída de regímenes que parecían imbatibles, como la Bolivia de Evo o el Chile de Piñera, emblema de un sistema casi perfecto de democracia bipartidista. Ese año, previo a la peste, gobiernos como los de España e Italia dieron ejemplos de ingobernabilidad, el primer ministro de Etiopía ganó un premio Nobel de la Paz y en pocos meses recibía denuncias por más de 60 muertos en protestas. Y podemos seguir.

Que sobrevenga una peste que justifica atornillar el control social, es la salvación de los políticos. La política virtual retuerce más el cuello del cisne: la democracia se reduce a pulsar el "enter" o el "send" en un celular. Fin del debate. Se apaga la luz y se apaga todo. Ideal para una política en crisis, que no ignora que la informática es otra forma de control. No es una invitación al paraíso, sino un ingreso al infierno. Es la puerta de ingreso al capitalismo de la vigilancia, un movimiento que "busca imponer un nuevo orden colectivo basado en la certeza total", que "expropia los derechos humanos críticos", "usurpa la soberanía popular" y representa una "amenaza a la naturaleza humana en el siglo XXI como fue la del capitalismo industrial sobre el mundo natural en los siglos XIX y XX" (palabras de la especialista en negocios Shoshana Zuboff, de la universidad de Harvard, en su libro "The Age of Surveillance Capitalism", Profile Books, 2019.)

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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