Lunes, 06 Julio 2020 00:00

Políticos sin futuro, espionaje para todos y todas, y la espera de Pichetto - Por Ignacio Zuleta

Escrito por 
Valora este artículo
(6 votos)

La pandemia, un desafío irresuelto para oficialistas y opositores. Sigue la guerra de los espías y se demoran los cambios en la AGN.

 

El futuro, la otra víctima del virus

La víctima terminal de la peste es la capacidad de los políticos de construir futuro, un recurso precioso pero necesario. Si no ofrecen futuro, los políticos pasarán sumarse a las listas de las víctimas de este coronavirus que, por lo implacable, tiene un aura bíblica. El producto conspicuo del político no son los discursos, ni las recetas de gestión, ni la exhibición de fuerza. Su producto es el futuro.

Para la construcción de futuro hace falta visión profética, comprensión de la realidad por encima del promedio, y expresar la representación de la gente. Sin eso, incumple su misión. Dinamita su rol esencial, se diría en estas horas. Y dinamita su propio futuro. El curso de la peste pone en crisis la capacidad de la cúpula de construir futuro. El discurso es que la sociedad enfrenta un enemigo invisible, que no se sabe de dónde viene ni adónde va, ni por cuánto tiempo nos hostigará. Tampoco si los remedios elegidos van a funcionar porque nadie puede extraer leyes de la experiencia. Hubo cuarentenas rabiosas que fracasaron, y aperturas que dispersaron al virus, que prefiere viajar a Miami y no aparecer por José Ignacio.

Los creyentes entienden que es una represalia volátil y tramposa de la madre tierra que se defiende de la soberbia humana. Por debajo de ese discurso corren las acciones políticas, forzadas por la dificultad para construir futuro, como el intento de echarle la responsabilidad al vecino de la margen contraria del riachuelo. O de hacer músculo aprovechando la adhesión del público, que siempre, en situaciones de crisis, se abraza al poder. O sacar medro de la crisis para imponer reformas que antes parecían utópicas, como impuestazos o blanqueos descomunales, o afectaciones a la libertad ajena o al derecho de propiedad.

Tiempo de gigantes

Es útil imaginar esta crisis como una guerra, al menos en sus consecuencias. Lo único que aporta una guerra es lo que se aprende. Dos meses después de Pearl Harbor, Franklin Roosevelt dijo: "Las noticias van a empeorar cada vez más, antes de mejorar y mejorar, y el pueblo estadounidense merece tenerlas de manera cruda". Decir la verdad es la manera de empezar a construir futuro. Decir la verdad no se agota en vaticinar horrores futuros o castigar al vecino que quiere ver el sol. También es dirigir la mirada sobre tiempos mejores y premiar el esfuerzo colectivo. Los políticos y los gobiernos creen que el virus es algo que se puede combatir con un tuit, que basta con una cuarentena o el aislamiento para remediar los daños, o con recetas de economía convencional para reparar la maquinaria productiva que ha estallado en todo el mundo.

Por encima de esas rutinas, esperables en dirigentes de cierta edad y que han hecho sus carreras con soluciones de manual, hay efectos sin antecedentes y para los cuales no basta la caja de herramientas heredada. La conmoción en el público tampoco es expresada por las encuestas de opinión que guían los actos de los dirigentes. No funcionan ni las preguntas ni las respuestas. Enfrente hay una experiencia colectiva de aplastamiento de expectativas, una idea encarnada en todas las generaciones de que se ha perdido todo lo que se tenía, y que hay que emprender, como después de una guerra, una vida nueva y sobre bases nuevas.

Tiempo de magos

Los gobiernos aplican compresas de curandero a la devastación interior del público, que vive esto como un Chernobyl. Esas situaciones llaman a las soluciones imaginativas y out of the box (fuera de la caja, según la jerga yanqui). Ese tipo de recetas excepcionales requieren también conductas excepcionales, que pueden surgir de dirigentes comunes pero que han leído con inspiración la nueva realidad. No hacen falta superhombres sino pensantes con mente abierta. En el ciclo reciente hubo dos momentos en los cuales hubo reacciones de ese tipo. Uno fue Raúl Alfonsín con el plan Austral y la economía de guerra que modificó el curso en 1985. El problema de deuda era descomunal y volteaba gobiernos en todo el mundo. La receta fue imaginativa. Nueva moneda, desagio, etc. Pudo ser el cimiento de un mundo nuevo, pero fracasó por la política. Era un gobierno débil, el peronismo dominaba la mayoría de las provincias y el Senado, y se recuperó de las divisiones de 1987.

La segunda prueba de ese tipo de soluciones la trajo el breve ciclo Cavallo-Menem con la convertibilidad, nueva moneda, otro desagio para desindexar la economía y envión de estabilidad. Duró poco. Abrió en 1991 un ciclo de optimismo que también fue sepultado por la política en un par de años. El 3 de octubre de 1993 perdió el peronismo las elecciones a diputados en Córdoba. Encabezaba la lista Juan Schiaretti, delegado de Domingo Cavallo, que aspiraba a ser candidato a presidente en 1995. Un mes más tarde, 4 de noviembre, Menem pactó con Alfonsín una reforma con reelección. Ese proyecto dividió al peronismo y a la oposición radical y le quitó poder al programa reformista de Cavallo, que duró apenas seis meses en el cargo durante el mandato renovado del riojano.

El mundo aportó el “Tequila”, atado al alzamiento, en enero de 1994, del Subcomandante Marcos, que no era ni comandante pero que nos tiró, diría Cristina, el mundo encima. En algún lado está el dirigente que, aun con una mente vieja y ordinaria, imagine la solución a la altura de la tragedia que cree vivir el público, sin que nadie le muestre que hay futuro, una categoría que tampoco está en los libros. Está dentro de cada uno y es el alimento de la vida.

Autoritarismo pampa: la comisión Vicentin le entrega el Congreso al Ejecutivo

En estas horas la oposición del Senado decidirá si lleva a la justicia, mediante una acción de amparo, el rechazo a la aprobación de una ley que crea una comisión investigadora sobre los entuertos financieros de la firma Vicentin. Ese recurso lo discuten los senadores con un seleccionado de constitucionalistas, que analizan si conviene llevarlo a la justicia, o esperar a que llegue a Diputados y dar ahí la batalla. Esos expertos aportaron la base de un borrador de pedido de declaración de inconstitucionalidad, que desde este lunes circulará entre los senadores de la oposición.

El principal reproche es la inoportunidad política de crear una comisión investigadora por ley, cuando bastaba una resolución. Una resolución exige 2/3 de los votos en el Senado y una ley sale por mayoría simple. Lo demás es literatura, porque la legalidad es sostenible. Lo que es menos sólido es la situación en la que dejaría al Congreso. Una ley puede ser vetada por el Ejecutivo. Una resolución no. Si la bicameral sale por ley, estará a tiro de decreto y será una capitulación institucional de un poder sobre otro. Y nada menos en algo que es una facultad propia del Senado, la de investigar para juntar pruebas y legislar, no para juzgar ni condenar a nadie, como creen los incautos que echan leña en el fuego que los puede incendiar a ellos.

Inimaginable que un gesto pretoriano de Cristina termine en una capitis diminutio ante Fernández. Igual esa comisión está en barbecho, porque la oposición ha movido fuerzas para que los diputados peronistas de Santa Fe y Córdoba pongan condiciones para aprobarla. Después de que la oposición quedó a cinco votos de los 129 para manejar el quórum, el oficialismo se cuida de aventuras que desnudan su debilidad legislativa.

O en todo caso, que dejan al descubierto la dependencia de Alberto y de Cristina frente a la fuerza de Massa para manejar la cámara. Aquella sesión especial del 21 de mayo la habían pedido Juntos por Cambio y otros bloques opositores, para derogar el decreto 457 que ampliaba poderes de gasto del Ejecutivo. Faltaron cinco votos, que ahora pueden aparecer si viene el proyecto de la comisión Vicentin. Nadie lo ve en el horizonte. Por el mismo temor a la oposición repitiendo aquellos 124 votos, en el acuerdo que cerraron este fin de semana los jefes de bloque, se incluye un proyecto de blindar por ley esas facultades para más gasto. Hay zanahorias interesantes para acompañar el acuerdo: una mega moratoria, tipo jubileo papal, que nadie va a poder rechazar por las cifras que alcanza, que llega a los $ 800.000 millones.

Una democracia artificial

Porque no hay futuro es que el oficialismo tiene los lazos rotos con la oposición, limitados hoy a la negociación en Diputados para que haya 30 días más, corridos, de sesiones semi-virtuales, y a las conversaciones de los ministros de Salud de Nación y PBA con la CABA. La pausa hasta el final del cerrojo –17 de julio– prolonga la agonía del parlamentarismo virtual. Los bloques de Juntos por el Cambio dedican horas a bordar una posición que unifique y mejore los tantos en las dos cámaras. En el Senado la apabullante mayoría del peronismo les complica la vida, pero tienen a su favor que en esa cámara rige “un límite Covid” para los temas a tratar. En las charlas de la oposición con el cristinismo de las partes blandas, reclaman: que se endurezca esa restricción para tratar sólo temas apestosos, que haya una auditoría informática para conocer si hay quórum a la hora de votar, que el legislador que quiera asistir en persona pueda hacerlo, y que haya reuniones de labor parlamentaria formales para negociar los temas a tratar.

Hay otras lindezas del sistema virtual que son difíciles de remediar. Por ejemplo, el manejo de los tiempos. En el Senado, el orden es pretoriano porque Cristina maneja los oradores propios y la oposición los regula según los temas. En Diputados hay una explosión de protagonismos. Todos los legisladores se sienten con derecho a hablar, sin respetar la escala zoológica que rigió siempre en las presenciales, cuando sólo hablaba quien tenía la venia de jefatura. Ahora, decir discursos desde la casa, y leyendo, es facilísimo. Esto ha inflado en un 50% el uso de la palabra, y es lo que se habla de más, comparado con lo que ocurría antes. Un desafío para la tecnología porque no hay sistema que banque, sin problemas, a 260 oradores en conexión simultánea durante más de 6 horas. Los programas en uso necesitan alguna pausa, o se caen, como ocurrió en dos oportunidades en la última sesión, que duró más de diez horas.

La trama de los espías, fruto del árbol venenoso

El crimen del Calafate agrega morbo a otras tramas oscuras como la de los espías tontos. El Gobierno intenta complicar a medios, animadores de radio y TV y a algunos periodistas con el espionaje. Es el fruto del árbol venenoso del año pasado, cuando la justicia de Dolores consintió que un organismo del Estado, la Comisión Provincial de la Memoria, revisase la conducta de periodistas. También, que incorporase al léxico judicial el concepto de Acción Psicológica, un invento de los códigos militares para designar acciones del enemigo ideológico. Tan invento como el "lawfare", concepto que algunos usan para designar algo tan viejo como la instrumentación política de la justicia, que se remonta a los procesos a Sócrates, como si fueran novedades del neoliberalismo anti populista.

Esta vez la trama imagina a unos espías que eran tan poco profesionales que caminaban y pinchaban a políticos del macrismo y de la oposición, con terminal directa en el despacho presidencial. Esos espías se aseguraban de dejar todo registrado en sus teléfonos y computadoras, a la espera de mostrar los testimonios al primero que se los pidiese. Estaban además tan convencidos de las virtudes de las leyes del arrepentimiento, que debían cantar todo en el primer interrogatorio. Merecerían un castigo por delitos de lesa boludez. Los presuntos responsables de la ex SIDE y de seguridad, los señores Arribas, Majdalani y otros, no se defienden, ni defienden a su presidente, por quien Rogelio Frigerio dijo que no ponía las manos en el fuego. Sólo Miguel Pichetto y Elisa Carrió han salido para descalificar una trama que creen busca desprestigiar al anterior gobierno.

Tampoco aparece ninguna revelación que mueva la agenda. La acusación del peronismo a los periodistas de ser espías se agota en el insulto. Explota el desprestigio de ese oficio, como todos los vinculados con la seguridad en la Argentina. La autoridad policial representa al Estado y carece de legitimidad en el público, porque el Estado ha cometido barbaridades desde sus orígenes. Desde el virreinato que viene persiguiendo al criollo. Hasta Martín Fierro se tuvo que echar a la frontera, para escapar de la persecución policial. La complicación de esa fuerza con dictaduras y dictablandas han impedido que un policía, y menos un espía, pueda ser héroe en la Argentina. Por eso no hay novelas policiales ni de espionaje en las que protagonista sea un uniformado o un agente secreto. Decirle a uno botón, o espía, es un insulto. Un escrache para deslegitimar a los medios y ponerlos en la vereda de enfrente. Un recuerdo perdedor que sólo ha llevado al peronismo al fracaso. Le pasó a Perón antes de 1955, a Menem y al ciclo Kirchner.

¿Esto, si no es lawfere, qué es?, diría Cristina

Ni el método es novedoso. En los años ’90, los mismos periodistas ahora demonizados por el Gobierno eran objeto de escraches en los programas de ATC, señal oficial(ista) como ahora, que animaba Guillermo Patricio Kelly, para mencionar a alguien que ya murió, pero que ha dejado herederos. Los mismos nombres, una década más tarde, fueron objeto de agresiones descalificantes en el ATC kirchnerista, en programas como “6,7,8”. La fuente de esos sketches de entretenimiento y proselitismo eran las mismas que en los ’90, los servicios de inteligencia, que proveían fotos, videos e informes con antecedentes. El punto máximo de esas fabricaciones fue la denuncia a un grupo de periodistas por integrar, presuntamente, un “microemprendimiento criminal” por el cual publicaban información secreta. Desde agosto de 2006 -Néstor presidente, Alberto de jefe de gabinete, Oscar Parrilli secretario general de la Presidencia- la SIDE investigaba esa trama. ¿Sabían de esas pesquisas sobre periodistas -dignas del salón Oval de Nixon-, las promovieron o las consintieron, como afirma ahora el oficialismo, que Macri y Marcos Peña estaban al tanto de las viscosidades de Arribas-Majdalani? Desde ya que no las frenaron. Tampoco lo hizo Cristina presidente. Les costó a los denunciados años de procesamiento, embargos y gastos en abogados. En 2016, cuando había cambiado el gobierno, la justicia los sobreseyó. ¿Esto, si no es lawfare, qué es?, diría Cristina.

También conmueve el entusiasmo del oficialismo por los procedimientos judiciales, confiados en que dañarán la carrocería de la actual oposición, y festejan que les apliquen a los macristas la misma receta de la que ellos se quejan les aplicaron antes. Deberían recordar que esas acusaciones no mellan el destino político de nadie. El peronismo recuperó músculo en las elecciones cuando sus dirigentes, de Cristina para abajo, estaban prendidos fuego en las puertas del calabozo. Su voto no se modificó, porque el público es más astuto que los dirigentes. Como otros emprendimientos del peronismo, la clientela no son los votantes del no peronismo –el 40%- sino los propios. Las tribus que integran el Gobierno tri-fronte disputan fuerza para demostrar quién la tiene más larga. Cristina mantuvo en 2017 un 37% de apoyo en las elecciones. No la hirieron los procesamientos. Como tampoco estas tramas de espías, ingenuas en forma y fondo, le sacarán un solo voto a la oposición.

Pichetto, que está solo y espera

Esta pausa también da tiempo para otros acomodamientos. Massa no cumplió con el acuerdo de tomarle juramento a Miguel Pichetto como auditor y éste no pudo participar de la sesión de los controladores del martes. La discusión fue sobre el proyecto de la oposición de modificar el plan de auditorías de este año e incluir los gastos extraordinarios que hace el Ejecutivo para enfrentar la peste. La discusión fue dura, pero se postergó la decisión hasta que asuma Pichetto. Massa demoró la jura, un trámite innecesario porque basta con el acta de su designación. “Quiero tomarle juramento porque me han dicho que, si no, pueden impugnarlo”, les dijo a los jefes de Cambiemos el jueves, cuando lo intimaron a que cumpla. “Llamalo, ponele una Biblia y tomarle juramento. O mandá el acta de la sesión y listo”, le respondió Mario Negri. La oposición ve que Massa lo tiene a Pichetto como rehén para no irritar al cristinismo.

La sesión para aprobar la prórroga de los 30 días ocurrirá también después de que se levante la cuarentena dura que rige desde el miércoles pasado. Con Pichetto habrá tres representantes a la oposición, para equilibrar los tres del peronismo. En el medio está el auditor que designó Massa cuando era oposición, Gabriel Mihura Estrada, y que mira con gesto de seriedad los llamados del peronismo para que se prenda en la fiesta. Es decir, para que rechace con ellos el pedido de los auditores radicales. Hubo sarcasmos en esa reunión y el oficialista Javier Fernández castigó a la ONG Poder Ciudadano, por pedir que se modificase el plan según pedían los radicales. Le reclamó a esa organización que no se interesase en los gastos, por ejemplo, del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta.

Una audacia por dos razones: una, que Poder Ciudadano es el capítulo argentino de Transparency International, la ONG que califica a los países en un ranking de corrupción. Quejarse de TI es quejarse del sistema métrico decimal. Y más ahora que TI está presidido por la experta argentina Delia Ferreyra, una de las personas que más conoce de estos temas en el mundo y, además, de tecnología electoral. Le volteó el voto electrónico al macrismo, por ejemplo. Segundo, porque Poder Ciudadano proveyó una de las pruebas que presentó Cristina en la Justicia para denunciar una trama de espías. Poder Ciudadano aportó el resultado de su análisis del libro de citas del área presidencial, que señala un tráfico de personas que están siendo investigadas por trapisondas durante el gobierno anterior. Habrá tomado nota el auditor Juan Ignacio Forlón, delegado de la familia Kirchner en ese organismo.


Ignacio Zuleta

Visto 793 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…