Viernes, 21 Abril 2017 00:00

El PJ no tiene la casa en orden - Por Mauricio Maronna

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La necesidad extrema que tiene el peronismo de encontrar un candidato que le permita sortear con relativo éxito el turno electoral de octubre convierte a Florencio Randazzo en el objeto del deseo, lo sobregira e intenta que el pasado cercano quede en el olvido.

 

La reunión del ex ministro del Interior y Transporte con un grupo de legisladores peronistas, que tuvo como anfitrión al senador Miguel Pichetto, fue vendida como la previa del lanzamiento que, dicen, ocurrirá a fin de mes en Mar del Plata. La participación de Randazzo en las elecciones que tendrán lugar en provincia de Buenos Ares es clave para todos los que hoy no reportan en el cristinismo. Por una razón pulimentada y simple: no hay quien le gane a Cristina una elección interna o que saque más votos en una general.

Con sus subas y sus bajas, algo parecido le pasa al peronismo en la provincia de Santa Fe. Aunque todos aseguran, menos los rossistas, que una candidatura de Agustín Rossi resultaría una condena al tercer lugar, detrás del Frente Progresista y Cambiemos, hoy el PJ santafesino no encuentra un postulante que le pueda ganar en las Paso.

En ese escenario de piso relativamente alto y techo muy bajo transita el despoder peronista. Siempre, la salida del gobierno convierte al justicialismo en un pez en el agua, con un microclima hostil y sin saber cómo pararse frente a la coyuntura. Todos los encuestadores coinciden hoy que el único brote verde que tiene el gobierno de Mauricio Macri es el temor de la mayoría por un eventual regreso del kirchnerismo que se fue el 10 de diciembre de 2015.

Donde se cocina el bacalao

La provincia de Buenos Aires sigue siendo un eterno gigante, casi inviable, pero que se transforma en imprescindible para la política en temporada de elecciones. Allí, Néstor Kirchner jugó la única carta de triunfo contra Carlos Menem (en el resto del país le ganó el riojano). Allí, Néstor Kirchner, ya presidente, le arrebató el aparato político y sindical a Eduardo Duhalde, su mentor. Allí, Cristina terminó con el duhaldismo, cuando le ganó a Chiche.

Ahora, si un peronista quiere tallar en el microcosmos interno como un auténtico líder, tiene que ganar las elecciones de mitad de mandato. Y la provincia de Buenos Aires dejó de ser imbatible: se convirtió en el primer reaseguro de la victoria macrista y mantiene en cancha un liderazgo objetivo de la gobernadora María Eugenia Vidal.

Pero no hay que desplazar el zoom fuera del PJ. Mientras algo no termina de morir y algo no termina de nacer, Cristina se beneficia por estos meses en los sondeos que vienen del conurbano. Allí, merced a sus políticas populistas y a una realidad económica más venturosa que la de estos tiempos, conserva su anillo más importante de adhesión.

A fines de 2016 se escribió en esta columna que la decisión de la ex presidenta respecto de una candidatura a senadora o diputada cambiaría el tablero político, pero que sería muy difícil la aceptación de una postulación legislativa tras haber cosechado el 54 por ciento en su última performance electoral como candidata presidencial. Hoy, CFK está más cerca de no ser candidata. Pero esto es política, y no hay que comer nunca la cena antes del almuerzo.

Si alguien quiere cambiar el actual esquema de poder interno en el peronismo, debe derrotar a Cristina en las Paso. Es lo que quiere Randazzo. El peronismo es cruel con los que se van. Y si no, que lo digan todos los que fueron fervientes cristinistas hasta el último minuto del 10 de diciembre y ahora suben a las terrazas para escudriñar de qué lado viene el viento.

La foto que reunió a Randazzo con Pichetto, Omar Perotti, Juan Manuel Abal Medina y otros referentes del Frente para la Victoria (FpV) describe más que diez mil caracteres al peronismo. Chau Cristina, hola Florencio.

En julio de 2014, Randazzo dijo en una charla con LaCapital que si no era candidato a presidente de la Nación, en diciembre de 2015 se iría a su casa. Tratándose de un político, cómo no pensar en que sólo era una frase bonita. Sin embargo, cumplió con su palabra. Y el PJ, hoy, está a la deriva y fuera del poder. Randazzo puede querer convertirse en una pieza clave para reordenar al peronismo.

Pero no todo es Cristina y Randazzo. El peronismo tiene desde hace mucho tiempo un factor de poder módico que permanece, gane o pierda elecciones: el de los gobernadores. Los mandatarios provinciales tienen encuestas periódicas de lo que pasa en sus provincias, de las expectativas depositadas en el gobierno nacional y de lo que está por venir. Tal vez prefieran cuidar sus distritos, mantener la relación con Macri (al fin, la chequera nacional) y dejar que la realidad se imponga por su propio peso.

Como le dijo ayer un diputado nacional peronista a este diario: "Cristina se está terminando de ir y nadie va a «dar la vida por Randazzo». No creo que el peronismo se reordene hasta el 2019".

Esas heridas abiertas que se mantienen tras la derrota electoral del 22 de noviembre de 2015 son funcionales in extremis al gobierno nacional, que no puede mostrar otra cosa que el recrudecimiento de la grieta a la hora de ofertar contraplanos. La permanencia de las consignas de los sectores más radicalizados del kirchnerismo opera como acicate en las encuestas para mantener vigentes las chances de Cambiemos.

A veces la política argentina funciona reinterpretando aquel poema multiuso de Jorge Luis Borges: une más el espanto que el amor. ¿Quedará otra vez demostrado en octubre de 2017? 

Mauricio Maronna

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