Viernes, 21 Abril 2017 00:00

Un alivio para el gobierno - Por Carlos Fara

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El primer obstáculo para que el oficialismo pudiese ganar en la provincia de Buenos Aires (PBA) se deshizo: Carrió no competirá ahí.

 

Como la estrategia es plebiscitar el cambio, los candidatos que encabecen las listas no son tan relevantes: solo deberán sintonizar bien con el estilo macrista / vidalista. Medir al gobierno por el grado de conocimiento o tracción de votos de sus candidatos es un error.

Carrió es una figura tan controvertida que no lograba captar todo el potencial electoral de Cambiemos. Parte del electorado filo oficialista rechazaba la idea de sufragar por la líder de la Coalición Cívica ya que no la veían como garante de gobernabilidad. Paradójicamente varios preferían a una “oposición responsable” como la dupla Massa / Stolbizer para expresar un apoyo crítico (y rechazar al kirchnerismo).

Eso se debe a que genera una imagen polarizada. Por el lado positivo se la ve como “firme” y “controladora ética”. Por el lado negativo es una “eterna denunciante”, “imprevisible / loca”, y “muy mediática”.

Liberado el campo bonaerense de la presencia de Carrió, el gobierno podrá tener un control total sobre la campaña electoral, respetando el estilo PRO y no quedar preso de la incontinencia de la diputada: una contienda protagonizada por ella hubiese sido un dolor de cabeza permanente para la pulcritud oficialista.

Las consecuencias políticas de depender de Carrió en la PBA tampoco eran agradables. Si perdía, iba a surgir el interrogante eterno de ¿para qué la pusieron? Si ganaba, ella desplegaría toda su vanidad arrogándose ser “la salvadora de la República”, y a partir de ahí ¿gobernaría Carrió o Macri? Su poder de veto sería mayor al que se puede ejercer constitucionalmente.

Pero claro, la reina de corazones no podía despedirse de la hipótesis bonaerense sin enchastrar a alguien: los culpables son Vidal y Durán Barba. Tiene razón: ambos coincidían en calcular que con ella las posibilidades de triunfo se complicaban soberanamente. Por mucho que sirva a la República, ganar hay que ganar…

Una vez en Capital, Carrió está “condenada al éxito”, con un rango de votos del 40 al 45 %, superando por lejos a su ex socio Lousteau, quien hoy obtendría la mitad de aquellos porcentajes, disputando el segundo puesto con el Frente para la Victoria.

Más allá de lo electoral, el paso de la líder por el programa de Mirtha Legrand dejó otro tendal cuando se enfocó en otro de sus enemigos históricos: Lorenzetti. Esa es una pelea muy compleja. No solo porque él es integrante de la Corte Suprema, y hace bastante su presidente, sino porque el hombre de Rafaela se considera a sí mismo un poder del Estado (no el cargo que lo inviste). Esto le ha permitido establecer una amplia red de interacciones y compromisos que lo vuelven un personaje difícil de impugnar, y que trasciende largamente el mundo del poder judicial y de la política.

Carrió siempre será un problema para el gobierno. Aunque ahora le haya dado un alivio 

Carlos Fara

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