Viernes, 21 Abril 2017 00:00

Carrió, Lousteau, el juego porteño - Por Ricardo Kirschbaum

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La postulación de Elisa Carrió en la Capital para las próximas legislativas fue una sorpresa a medias: estaba cantado que sería candidata, porteña o bonaerense.

 

El que dio una sorpresa y media fue el perpetuo operador radical Enrique Coti Nosiglia hablando porque su especialidad (y su capital simbólico) ha sido la opacidad, y, segundo, elevando a Martín Lousteau a la categoría de líder nacional del radicalismo y futuro candidato en 2019.

Está explícito en lo que dijo Nosiglia, ex ministro del Interior de Alfonsín y ex miembro de la Coordinadora: “El partido fijó el objetivo de ofrecerse como alternativa de poder dentro o fuera de Cambiemos, para volver a ser alternativa de poder”. Lousteau, el destinatario, no estaba ahí. Aún sigue de mudanza para abandonar la embajada, a la que pensaba renunciar tras la entrevista Macri-Trump. Macri no lo dejó hacer: lo sacó menos de 24 horas después que le comunicara su intención de renunciar. Para el Gobierno fue una sorpresa, porque siempre creyó que Lousteau amagaba presentarse para asegurar cargos para sus aliados radicales porteños, alentados por la mano no tan invisible de Nosiglia.

El tiempo dirá si fue un paso acertado y no un espejismo de creerse dueño de la cantidad de votos que asustó a Rodríguez Larreta en la segunda vuelta electoral por la Jefatura de Gobierno.

Esta jugada provocó que otra porción del radicalismo tome posiciones en favor del oficialismo. Allí está Jesús Rodríguez, ex conmilitón de Nosiglia en aquella Coordinadora, que es el principal asesor de Ernesto Sanz.

Hay también muchos que se preguntan si Lilita es candidata de Macri o de sí misma. Carrió, como se sabe, fue factótum de la alianza ahora en el Gobierno y al que hoy le aporta temperatura política aun cuando lo pone en aprietos. También Nosiglia es amigo de Macri pero claramente Carrió no lo puede ni ver.

Carrió entra en el juego porteño pero cualquiera sabe que la vigorosa dirigente es, en sí misma, un partido político y no pocas veces un partido político aparte. Sus fotos de ayer con Macri y con Rodríguez Larreta, son eso: fotos, no película, que es una sucesión y no un momento. Algo que, por otra parte, es de la esencia de la política.

El pase de la turbulencia bonaerense a la Ciudad no fue apacible: Carrió le zampó la responsabilidad a María Eugenia Vidal.

Lilita sabe que es una candidata fuerte para el electorado porteño. Rodríguez Larreta, que la cultiva con extrema delicadeza, también.

No sería extraño, porque es su naturaleza, que una vez electa, Carrió faje al oficialismo porteño. Pero para el PRO, cualquier cosa es mejor que prohijar en sus listas a Lousteau que hace mucho tiempo ha avisado que en su horizonte inmediato es pelearle la Ciudad al macrismo.

Desde ese punto de vista, el macrismo dice estar tranquilo porque mantendrá la hegemonía en la Ciudad y Carrió no la pondría en peligro.

Carrió es de indiscutible origen radical. No comulga, sin embargo, con Ernesto Sanz, constructor de Cambiemos, quien salió a la intercepción de la jugada de Nosiglia con Lousteau.

En aquella elección en la que Lousteau arrimó cerca, estuvo aupado por la Coalición Cívica (su segundo fue el lilito Fernando Sánchez). Ahora, en los primeros pasos de Carrió como candidata comenzó a devaluar a Lousteau con un gesto típico de la legisladora: ignorándolo, algo que afecta al ego de su rival. 

Ricardo Kirschbaum

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