Miércoles, 26 Abril 2017 00:00

Los dilemas y desafíos de la polarización - Por Mariano Pérez de Eulate

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Se dice en voz baja en el Frente Renovador: “La ancha avenida del medio es cada vez menos ancha”.

 

La refutación de la frase que Sergio Massa supo repetir como un mantra, esa que lo ubica en un imaginario trazado vial que no es ni oficialista ni kirchnerista, ilustra cierto temor en su tropa. Nunca se lo reconocerá en público, pero existe. Es el pánico a quedar diluido, en Buenos Aires, por una eventual polarización entre Cambiemos y el Partido Justicialista, que muy probablemente para la próxima elección deje de lado la sigla “Frente para la Victoria”.

El discurso oficial del massismo es que esa polarización es sólo una construcción mediática impulsada, sobre todo, por el Gobierno. Y se explica que la campaña del tigrense apuntará “a esos argentinos que jamás votarían al kirchnerismo porque consideran que es volver al pasado pero que hoy se encuentran decepcionados con la gestión de Mauricio Macri a nivel nacional y de María Eugenia Vidal en la Provincia”. Este universo posible incluye, claro, a votantes que en el 2015 eligieron Cambiemos.

Desde hace semanas, es evidente el cambio de estrategia de Massa en esta etapa previa al cierre de listas. Con un Congreso prácticamente en receso, que el año pasado le sirvió de caja de resonancia política, el líder renovador ha restringido mucho sus apariciones mediáticas. Un consejo unánime, dicen en su entorno, de las cuatro consultoras que lo asesoran en materia electoral y que le acercan encuestas.

La voz cantante allí sigue siendo la del consultor peruano Sergio Bendixen, primus inter pares en ese cuarteto asesor y quien verdaderamente accede a la intimidad del diputado nacional. Bendixen es a Massa lo que el ecuatoriano Jaime Durán Barba es al Presidente. Casi un duelo sudamericano.

Es difícil controlar la pulsión mediática de Massa. Prácticamente le secuestraron el celular, se cuenta desde Tigre. Es que el hombre también es adicto a las redes, desde donde edifica su perfil político. Un punto de inflexión en este sentido acaso haya sido aquel resbalón que pegó cuando trascendió una orden suya a sus acólitos para que salieran a invadir el ciberespacio con consignas que emparentaban a Macri con el renunciante ex presidente Fernando De la Rúa.

La cuestión es que ya no se ve a un Massa abonado a la tele, a las radios o a las redes sociales más populares. Al menos no por ahora. Tiene cierto asidero la explicación que se da en el massismo: “La gente, hoy por hoy, no piensa en las elecciones”, explican. Abundan, incluso, en que se percibe en las encuestas cierto hartazgo con la clase política de la que Massa no es ajeno. Es seguro, pues, que levantará el perfil cuando la campaña electoral arranque, casi en julio.

El eje político de Massa es fortalecer su alianza electoral con Margarita Stolbizer. Se supone que la líder del GEN, gran denunciadora de la etapa cristinista, será candidata a senadora nacional en una boleta en la que el de Tigre iría como diputado. La presencia de Stolbizer tiene sus costos en el massismo: se admite en privado que su figura aleja bastante voto peronista, un universo que el Frente Renovador supo captar en la elección consagratoria de 2013, aquella que hizo que Massa armara un respetable bloque de diputados nacionales y un número importante de legisladores provinciales.

En rigor, desde esa fecha a hoy Massa ha perdido un número notable de intendentes que lo acompañaban y varios legisladores, que regresaron a su filiación justicialista original. Es por eso que en el mundillo político las chances de Massa en la próxima elección se han puesto, como mínimo, en proceso de revisión.

Un ejemplo: el massismo aspira a colocar algún nombre en el Tribunal de Cuentas de la Provincia, donde quedarán dos vacantes. Si fuera por Massa, la negociación debería ser hoy mismo. Pero la gobernadora Vidal, explican en Cambiemos, esperará al resultado de los comicios para iniciar las conversaciones porque esperará a saber el verdadero peso político que tendrá el Frente Renovador desde diciembre. En el gobierno descuentan que será mucho menor al actual.

El escenario ideal para Massa, y es lo que intentan instalar sus voceros, es que en octubre se concrete una elección de tercios en la que, aun saliendo segundos o terceros, los renovadores terminen muy cerca de Cambiemos y del PJ. Eso daría una distribución pareja de las bancas en juego, tanto en el Congreso como en la Legislatura. Lo dicho: para que eso ocurra, el massismo debe evitar quedar preso de la eventual polarización que se percibe por estos días y que parece angostar la “ancha avenida del medio”.

Mariano Pérez de Eulate

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