Sábado, 18 Mayo 2019 00:00

Cristina es candidata. Lo demás es actuación - Por Marcos Novaro

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La expresidenta seguirá haciendo de víctima, atropellada en su dignidad por jueces y fiscales. ¿Será que la señora pretende repetir la fórmula “Cámpora al gobierno, Perón al poder”?

 

La decisión de la ex presidente, finalmente, es que peleará por volver al poder. Con una fórmula imprevista, que garantiza un inicial impacto, pero que más que nada es firulete para llamar la atención y seguir victimizándose: como a su admirada Danerys, como a Perón del ´73, los malos no la dejan volver al lugar que le pertenece. Poco cambia para el resto del peronismo y los votantes dubitativos.

La primera pregunta que surge es: ¿será que la señora pretende repetir la fórmula “Cámpora al gobierno, Perón al poder”? Después de su elogiosa referencia al plan Gelbard, ya nada sorprende en la insólita costumbre de Cristina de reflotar viejos éxitos del setentismo, aunque hayan terminado en catástrofe.

Sumemos a eso que, en la comparación, el tándem de “los Fernández”, el Alberto y la Cristina, pierde frente al modelo original, en más de un sentido ofrece aún menos apertura y variedad, o posibilidad de un resultado cooperativo y productivo. ¿Alguien imagina a Alberto Fernández disintiendo con Cristina en alguna cuestión? ¿Representa acaso a algún sector distinto al cristinismo puro, le aporta algo que Cristina no podría representar por sí misma, como hizo Cámpora con la juventud gloriosa y hasta con el peronismo de provincias en el ´73?

Si lo hubieran convencido de cumplir esa función a Sergio Massa, y seguramente esa fue la intención original, tal vez la fórmula hubiera funcionado mejor. Y hasta con Felipe Solá podría haber tenido alguna lógica. Pero Alberto Fernández es demasiado gris y poco convincente para representar a los críticos arrepentidos, y demasiado poco carismático como para transmitir una idea de moderación o novedad. Incluso como armador profesional tras bambalinas ha sido bastante menos eficaz que Miguel Ángel Pichetto para los peronistas moderados. Suena, en suma, más que nada como un “no candidato”, alguien que terminó ahí porque es el que menos ruido hace y menos problemas trae.

Es cierto que la invención le va a permitir a Cristina una suerte de división del trabajo: ella seguirá haciendo de víctima, atropellada en su dignidad por jueces y fiscales que en los próximos meses la sentarán repetidas veces en el banquillo de los acusados, pues ya no le quedó forma de dilatar las cosas y escaparle a sus citas, ante las muchas acusaciones y procesamientos que acumuló en su haber; aunque cumplirá el rito denunciando la persecución que padece, y que estaría demostrada en su “cuasi proscripción”, en que “no la dejaron en paz competir por la presidencia”; y él, el otro Fernández, levantando las banderas de su heroína, arrepintiéndose de sus deslealtades y falta de fe y amor, dando la cara en los medios y, lo que es más importante, en los debates con los demás candidatos, algo a lo que Cristina temía más que a los periodistas, incluso más que a los jueces y fiscales. Eso de debatir en pie de igualdad con otros nunca lo hizo ni lo piensa hacer.

Podría de este modo teatralizar, en la propia fórmula presidencial, la escena de una injusticia de la que todos somos un poco culpables, y ya es imposible reparar del todo: nunca debió arrebatársele el lugar que por derecho le pertenece. Si no queremos arder en el infierno más nos vale hacer el esfuerzo, y darnos, no darle a ella si no darnos a nosotros mismos, los votantes, la oportunidad de la redención. La locura incendiaria de Danerys se ve que la entendió a su manera.

Entre los destinatarios de esta oferta de redención destacan los peronistas de provincias, y los que todavía dudan de que les convenga volver a alinearse detrás suyo. ¿Por qué no competir en las PASO, si pueden hacerlo contra Alberto y no contra ella? ¿Por qué no aceptar ahora su generosa oferta de acomodar candidatos a legisladores nacionales en las listas del Frente Patriótico, así como lo hicieron con su “colaboración desinteresada” para asegurar el éxito de las listas de unidad distritales?

De todos modos, es más bien difícil que con la manganeta de ubicarse en segundo término en la fórmula, vayan a cambiar mucho las cosas en ese aspecto. Los gobernadores peronistas seguramente aceptarán el convite de incluir a su gente en las listas del Frente Patriótico, pero eso lo iban a hacer en cualquier caso. Y no les impedirá hacer lo mismo con las de Alternativa Federal. ¿Alguno de ellos dejará de asistir o mandar emisarios a la convocatoria que está haciendo Juan Schiaretti para darle impulso al peronismo moderado y federal? Es también dudoso, aunque lo cierto es que, a la mayoría le va a convenir no definirse, sonreír a un lado y al otro, esperar y, sobre todo, no invertir recursos propios por ninguna de las dos alternativas.

En cuanto a los votantes, habrá que ver cuánto más moderada y menos merecedora de rechazo y desconfianza le resulta este imprevisto ordenamiento de la fórmula presidencial. Si se pretendía que Alberto Fernández fuera un anzuelo para los que temen un regreso con el cuchillo entre los dientes, le hubieran debido recomendar que no amenazara a los jueces y fiscales que han estado investigando casos de corrupción. Ahora esos votantes con todo derecho pueden preguntarse: si ese es el moderado, tal vez nos convenga que vuelvan los salvajes.


Marcos Novaro

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