Lunes, 30 Septiembre 2019 00:00

Elecciones 2019: arrancó la lucha del "sí, se puede" contra "la gente ya decidió" - Por Marcos Novaro

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Qué pretenden y qué esperan Mauricio Macri y Alberto Fernández para los 30 días que quedan de campaña.

 

La campaña del Presidente apunta contra quienes creen que la competencia está cerrada. Es un acto de voluntarismo. Pero uno con más criterio que otros practicados en la gestión.

Tiene su lógica que el periplo de Mauricio Macri por la escena política nacional concluya -al menos provisoriamente- con un último gesto voluntarista. Aunque el más evidente, no el menos justificado de los muchos que nos ha brindado en estos años. Ni mucho menos el más problemático.

Es que Macri fue voluntarista cuando no debió serlo. En asuntos que implicaron altos costos, tanto para su gestión como para el país. Con la inflación, desde un principio y casi hasta el final, con la llegada de inversiones y en relación a los mercados de deuda.

Ahora, lo que le queda es su voluntad de pelear. Y puede que sea su última batalla electoral. Hace muy bien en sostenerla: no solamente por la salud de su proyecto político, la de su partido y su coalición, que tienen que defender lo que puedan de su representación legislativa, su presencia territorial y su proyección futura. Sino también por la salud de la democracia, a la que le hace muy bien que las minorías levanten los argumentos que siguen creyendo válidos, aunque no hayan convencido a la mayoría, y que mantengan su vocación de volver a serla en algún momento.

A quienes achacan “falta de realismo” a esa voluntad de pelea les convendría detenerse a pensar en las consecuencias que anidan en las respuestas (a veces sobradoras y burlonas y a veces llanamente unanimistas) que se escuchan desde el bando ocasionalmente aventajado.

El peronismo es mandado a hacer en esto de menospreciar al adversario, y cuando se le da la oportunidad patearlo en el suelo. “Gira de despedida” llamó Sergio Massa a la campaña oficialista. Por la falta de gracia y la alevosía, fue peor aún lo del candidato presidencial, Alberto Fernández: respondió a la afirmación de Macri de que la elección aún no había tenido lugar con una invitación a “hacerla de nuevo”. Bien al nivel del peleador callejero que alardea ante su adversario con un: “¿Querés más?”.

Hay un mensaje implícito detrás de estos gestos: las cosas han regresado a su lugar y el peronismo ha vuelto a ser la mayoría. Porque está en su naturaleza y a los demás les conviene aceptar esa realidad y no seguir peleando inútilmente contra ella.

Aunque si el unanimismo peronista está tan necesitado de quebrar la voluntad de sus adversarios, tal vez sea no porque está muy convencido de sus razones sino porque sospecha de sus propias debilidades: ¿cuántos de los legisladores que serán electos detrás de Alberto Fernández el 27 de octubre votarán sus proyectos de ajuste? ¿Esas listas podrían volver a ganar en 2021? ¿Es siquiera seguro que se mantengan unidas cuando llegue el próximo turno electoral? Quién sabe.

Como no va a poder repartir lo que no hay, puede que Alberto se vea en figurillas en la presidencia, que le cueste mucho esfuerzo consolidar la hasta aquí apenas aparente unidad peronista, diseñada solamente para repartir lo único que sí tendrá para distribuir (cargos políticos) y necesite más de lo que quisiera admitir el no tener a ninguna coalición enfrente capaz de desafiarlo.

De allí que Alberto se haya impuesto la meta de quebrar la voluntad de pelea y dividir lo más posible a la oposición en lo que resta del cronograma electoral. Y lo incomode sobremanera la decisión de Macri de mantenerse en el centro del ring los rounds que quedan, y tal vez en mayor medida la similar disposición del resto de los candidatos territoriales y legislativos del PRO y el radicalismo.

Así vistas las cosas, se entiende mejor lo que se juega en Mendoza este domingo. El porqué de la masiva muestra de poder territorial que Alberto organizó a favor de la candidata camporista en esa provincia y su afán por levantar las chances de Matías Lammens en la CABA. ¿Podrán los candidatos de Juntos por el Cambio salvar esos territorios? De eso, y tanto o más todavía de la suerte de María Eugenia Vidal y las intendencias bonaerenses, dependerá la sobrevida que logre la coalición no peronista a nivel nacional.

Puede que, para esas batallas distritales y locales, los esfuerzos de Macri no sirvan de mucho. E incluso que su centralidad en la campaña pueda jugarles en alguna medida en contra. A pesar de todo, seguirá siendo la mejor muestra de su voluntarismo. Y quién sabe lo que deje sembrado para el futuro.


Marcos Novaro

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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