Viernes, 11 Octubre 2019 00:00

Macrismo: entre tener el gobierno y haberlo perdido - Por Jorge Raventos

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Convertido en challenger de Alberto Fernández por las circunstancias (el resultado de las PASO, esas elecciones que `no ocurrieron'), Mauricio Macri recorre plazas argentinas como si fuera un candidato que recién pugna por alcanzar la presidencia: promete muchas cosas que su gobierno borró de la agenda durante estos cuatro años y hasta decide otras que podrían haber merecido más premura.

 

UN NUEVO PROGRAMA

Tal es el caso de la reparación monetaria que el viernes 4 anunció para los familiares de los soldados caídos en Formosa en 1975 defendiendo el Regimiento de Monte de un ataque montonero. Un libro del periodista Ceferino Reato -Operación Primicia- revisó aquel episodio y destacó el hecho de que mientras los familiares de los montoneros muertos en la ocasión habían sido indemnizados por el Estado, los de los soldados víctimas del copamiento habían sido olvidados. El libro de Reato fue editado en 2010.

Que el Presidente haya atendido el caso a pocas semanas del fin de su período tiene seguramente mucho que ver con la proximidad del comicio en el que se empeña en ser reelecto. Como candidato Macri está desarrollando una estrategia electoral de búsqueda de votos en determinados nichos demográficos. Uno de ellos es la llamada `familia militar', que lo acompañó en 2015 y luego no se sintió suficientemente comprendida

La reparación anunciada en Formosa, aunque muchos la consideren tardía, resultó oportuna en otro sentido. Pudo ser interpretada como una réplica a la reivindicación de la guerrilla postulada por el sociólogo Horacio González, referente del grupo intelectual Carta Abierta durante la presidencia de Cristina Kirchner. Aunque González carece de todo peso en los planteles del candidato peronista Alberto Fernández, para la campaña de Macri resulta conveniente atribuirle significación y utilizarlo como frontón propagandístico.

BUSQUEDA DE VOTOS

Como las oportunidades para conquistar votos no abundan, Axel Kicillof ofreció una más cuando le contó candorosamente a un entrevistador televisivo lo que un sacerdote que oficia en un barrio de emergencia del conurbano le había relatado a él: "Hay gente que se dedica a vender droga porque se quedó sin laburo''.

La propaganda del gobierno se obstinó en interpretar esa narración como un juicio de Kicillof favorable al narcomenudeo. ¿Podrá el oficialismo con esos recursos descontar la ventaja electoral que le ha sacado Fernández? Las encuestas dicen que no, pero las consultoras demoscópicas también han perdido credibilidad.

En cualquier caso, la romería de campaña de Macri no tiende sólo al arduo objetivo de conseguir un balotaje, sino a otro, de índole interna: su liderazgo en el PRO y en la coalición Juntos por el Cambio solo resiste hoy porque está adherido a su condición de Presidente de la Nación.

Si, como lo sugiere el cálculo de probabilidades, el 27 de este mes se consumará su derrota electoral ésta no solo empujaría a Macri fuera de la Casa Rosada sino que erosionaría gravemente su peso político en el seno del (por ahora) oficialismo, un espacio en el que su influencia ya luce muy debilitada

Así, la campaña de plazas militantes que despliega el Presidente no es sólo un canto del cisne, una despedida a toda orquesta de sus actuales funciones, sino el intento de mantener viva su figura política para conservar una porción importante de liderazgo en su partido y en su coalición. Sitiado por la alianza entre los poderes territoriales y las fracciones realistas de esos espacios, que se disponen a convivir competitiva pero civilizadamente con el próximo gobierno, Macri quiere encabezar una oposición dura y se apoya en el círculo blindado de la Casa Rosada (en primer lugar Marcos Peña), en algunos de los llamados ceócratas (cuadros de origen empresarial que abrazaron la gestión pública), y en fighters de la política como Patricia Bullrich, Elisa Carrió y su último (tardío) descubrimiento: Miguel Ángel Pichetto.

Prepara, para ello un mix programático con la esperanza de reivindicar en el futuro sus promesas finales de campaña (`mejores sueldos', `combate al narcotráfico', `mejores empleos', `becas', `descuentos impositivos para pymes que tomen jóvenes', `seguridad"' y defenderse con ellas cada vez que le recuerden ciertas estadísticas de su mandato (inflación, pobreza, caída de la producción, endeudamiento, etc.).

Pichetto y Bullrich condimentan esa mezcla con toques de bolsonarismo made in Argentina o iniciativas interesantes pero extemporáneas y propagandísticamente infladas, como el servicio cívico para jóvenes que no estudian ni trabajan anunciado por Bullrich ayer, exactamente dos meses antes del fin del período presidencial. Bullrich proclamó que convocaría a un millón de jóvenes de todo el país cuando hoy sólo alberga a 1.400 de los 100.000 que se interesaron en la propuesta lanzada originalmente en julio.

Visto desde el ángulo de estas iniciativas, a partir de octubre el macrismo dejaría de ser la tendencia dominante de su coalición para perfilarse como una tendencia interna de la oposición que combinaría algunos rasgos de liberalismo económico con otros de lo que sus propios intelectuales suelen definir como `populismo de derecha' y otros de `republicanismo virtuoso', de raigrambre antiperonista. Todo esto -como suelen advertir los que confunden objetividad con miopía- "siempre que el 27 de octubre gane Alberto Fernández''.

ASIGNATURAS DE FERNANDEZ

Hablemos, por cierto, de Fernández. A medida que se aproxima su hora, el candidato peronista va soltando retazos de información para calmar las expectativas. Es cierto, todavía no se sabe quién será el ministro de Economía (aunque adelantó que quiere "un ministro fuerte porque aprendí mucho de Roberto Lavagna''), ni se conoce su programa. Pero ya es notorio (contactos con empresariado, gremialistas, Iglesia) que está en marcha el acuerdo social y un programa de emergencia para terminar con la indigencia. El candidato ha asegurado además que, aunque será obviamente consultada, Cristina Kirchner "tendrá cero por ciento de injerencia'' en su gobierno y en la designación de su gabinete.

Wado de Pedro -el nombre que el candidato presidencial deja mencionar como futuro ministro político- no estará en el gabinete como hombre de La Cámpora, sino como figura cercana a Fernández. El canciller será Felipe Solá y el ministro de Desarrollo Social será Daniel Arroyo: uno y otro fueron aliados fuertes y de personalidad propia en el Frente Renovador de Sergio Massa, que seguramente encabezará la Cámara de Diputados y es una pieza de gran importancia en el dispositivo de poder de Alberto Fernández.

El viernes de la semana última Massa estuvo en Washington, hablando con numerosos actores del círculo rojo de Estados Unidos. Habría que considerar que la intervención de Massa en una conferencia en el Wilson Center es un primer puente público extendido por el candidato presidencial hacia el establishment estadounidense.

Massa es socio en algunos emprendimientos del ex alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani (abogado personal de Donald Trump en los delicados temas que amenazan con precipitar al Presidente en un juicio político), y mantiene con él una relación muy fluida; no es el único vínculo relevante que mantiene en el país del norte. El viernes, en el Wilson Center, Massa reiteró el mensaje de moderación que extiende Fernández y aseguró que será éste quien controlará el gobierno venidero y que la señora de Kirchner "ha hecho su autocrítica'' al abdicar. Massa también afirmó que los juicios por corrupción "seguirán su marcha'', y que deben terminar en sentencias, "absolutorias o condenatorias''.

Lo más significativo: Massa subrayó la condena al régimen imperante en Venezuela al que definió como `dictadura'. La posición sobre el gobierno de Nicolás Maduro es una de las asignaturas excluyentes para quien aspire a obtener respaldo del gobierno de Donald Trump.

Fernández es por ahora menos directo que Massa, pero para los buenos entendedores no menos explícito. Ha dicho, por caso, que su posición sobre Venezuela es distinta de la del Grupo de Lima (que acaudillan Bolsonaro y Macri) y que él se siente más cerca de la posición uruguaya o mejicana.

El Uruguay que conduce por ahora el Frente Amplio afirma, por ejemplo, a través de su candidato presidencial, Daniel Martínez, que el informe de Michelle Bachelet sobre el régimen de Maduro “es lapidario y que se trata de una dictadura”.

El ministro de Economía Danilo Astori fue más duro: "Es una dictadura tremenda, con impactos humanitarios muy graves''. Lo que tanto Martínez como Astori recalcan es que no quieren que ``en Venezuela llegue el uso de la fuerza''. Los mejicanos también están en esa tesitura. Como El Vaticano y varios países de la Unión Europea. Paulatinamente se va generando un consenso sobre la médula del problema (terminar con la dictadura venezolana y encontrar una solución al desastre humanitario) aunque todavía no hay acuerdo sobre una estrategia unificada y eficaz.

PRIMER VIAJE OFICIAL

Fernández como presidente tendrá como destino Washington (habitualmente el primer viaje de los mandatarios argentinos es a Brasil, pero en rigor, Macri ya averió esa tradición cuando faltó a la asunción de Bolsonaro). Podría decirse que, a través de Massa, Fernández empezó a rendir la materia Venezuela antes de llegar a la Casa Blanca. Por otras vías se ha empeñado también en clausurar los intercambios duros con Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil no sólo es el mandatario con todos los títulos del principal partner comercial de la Argentina, sino un estrecho asociado al presidente de Estados Unidos. El realismo político prevalece sobre las opiniones y gustos personales. Hay que ver, de todos modos, cómo se compagina el realismo con los gustos y deseos de la base política de Fernández. Ser Presidente seguramente será, al menos al principio, una ventaja.

Jorge Raventos

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