Domingo, 20 Octubre 2019 00:00

La Marcha del millón, un baño de pueblo para Macri - Por Marcos Novaro

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No por nada la principal consigna del Presidente fue "no quedarse callados": la convocatoria demuestra que ya está mirando más allá de octubre.

 

Fue una manifestación expresiva, más que electoral: reunió a mucha, realmente mucha gente, que está alarmada por el regreso del kirchnerismo al poder, y quiere defender lo que consideran conquistas irrenunciables de Cambiemos: la lucha contra la corrupción y las libertades públicas por, sobre todo.

No causalmente, “no quedarse callados” fue la interpretación más clara que Macri planteó en su discurso sobre el sentido del éxito de su convocatoria. Como si él mismo quisiera dejar en claro que el significado de la manifestación iba más allá de la votación que tendremos el próximo fin de semana.

Encima, su principal contendiente le dio ánimo en este sentido, porque metió la pata descalificando la concentración justo en este punto: si “la gente de Macri” (que parece es gente con la que él, Alberto Fernández, no quiere tener nada que ver) llena la plaza cuando ellos mismos u otros tienen la heladera vacía, estaría cometiendo una suerte de pecado social, un acto de indiferencia, una ofensa, que los condena y descalifica.

Conclusión: la clase media que sigue fiel al actual presidente debería, según quien seguramente lo suceda en el cargo, tener al menos el decoro de quedarse callada. Como si la culpa de la pobreza fuera suya, como si los derechos de unos anularan los derechos de otros, como si hay exclusión social no fuera “justo” o “ético” pedir que los juicios por corrupción continúen. El Alberto dio así más motivos para que los que desconfían de su moderación se movilicen en rechazo a su inminente ascenso al poder, y dejen sentado que son y seguirán siendo parte del pueblo, del soberano, en igualdad de derechos con los demás para expresarse y reclamar lo que creen justo.

El debate alrededor de la concentración, su oportunidad y significado se volvió así más explícito e inescapable de lo que logró el propio Macri con su discurso. Desbordó el posible (y poco probable) impacto electoral del número de manifestantes reunido. Y todo por la incontinencia verbal del candidato del Frente de Todos, que se esmeró en mostrar que no está muy interesado en ser el presidente de Todos. Un problema al que frecuentemente se llama “grieta”.

¿Por qué esta incontinencia?, ¿por qué no hacer un gesto de inclusión del otro, si ya es el seguro ganador de la contienda? Hay más que torpeza detrás. Alberto Fernández no quiere tener que lidiar con una oposición unida y menos aún una que esté unida por su desconfianza hacia él desde el comienzo. Que es precisamente el tipo de oposición que Macri pareciera estar preparándole. También como forma de sobrevivir como líder político, y como forma de seguir viviendo incluso en el país, vista la vendetta judicial que ya se adivina.

¿Se repetirá, invirtiendo los roles, lo que hizo Cristina Kirchner cuando terminó su mandato, ella también con un último “baño de pueblo” que usó para mostrar que, aunque circunstancialmente derrotada, seguiría manteniendo encendida la llama imperecedera de su proyecto y su voluntad de pelear por el poder seguía incólume?

Difícilmente se llegue a tanto. Primero y fundamental, porque Macri sí entregará el bastón de mando y reconocerá la legitimidad de su sucesor. Y segundo y fundamental, porque lo que imagina y muy probablemente suceda es la búsqueda de apoyo por parte del futuro gobierno para dar continuidad a un ajuste que está lejos de haber terminado. Lo que Macri imagina es, justamente, que si vuelve a ser popular no es como sucedió con el kirchnerismo, porque su adversario fracasó, sino porque le dio la razón. Alberto debería saberlo y no enojarse tanto con él.


Marcos Novaro

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