Lunes, 21 Octubre 2019 00:00

Los animales de Durán Barba, derecho de admisión K y la batalla de Mar del Plata – Por Ignacio Zuleta

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Qué arriesgan el peronismo y el oficialismo en la elección. Un Día de la Lealtad con internas y la pelea electoral en La Feliz.

 

Centauros de papel en la hora final

Nuestros centauros son agentes del destino que tienen que improvisarse en un país cruzado por las crisis. Cuando falta una semana para las urnas han buscado el equilibrio que se le exige al político, mezcla de inteligencia y fuerza bestial, como señalaba Maquiavelo. El oficialismo y la oposición llegan al 27 de octubre con claridad estratégica. Han hecho bien su trabajo. Juntos por el Cambio logra en las PASO retener el tercio del voto no peronista, y le agrega 1,3 millones de votos. En eso pensó la cabeza estratégica -esté en donde esté- para el round que viene, que es precipitar un balotaje.

El peronismo acertó con la estrategia de la unificación, efecto de la salida de Cristina de la cabeza de la fórmula presidencial. La impusieron los gobernadores que:

  • 1) Se negaron a asumir la pelea por una candidata presidencial para sólo algunos de ellos, al entender que, divididos, no podían vencer al oficialismo y prolongarían una década de derrotas –desde 2009 en adelante–.
  • 2) Amenazaron con la lista corta.
  • 3) Tienen en su mayoría posiciones hegemónicas en sus provincias, o han reelegido, están con superávit fiscal y no querían 8 años de Cristina, que les sacaría el dinero que les dio Macri, en inolvidables series de reparto.

El peronismo del interior ya en 1999 tampoco quiso a un Duhalde 8 años más, y lo sacó de la cancha. Eso explica el interés de Alberto en mostrarse en campaña y en un eventual gobierno, como un delegado de los gobernadores peronistas.

Animales sueltos

La imagen del centauro es la más usada en la literatura política, y no política, para representar la acción pública. Esta ficción mitológica combina la razón -el hombre- con la fuerza -el animal-, unión imprescindible para un empeño exitoso. En el centauro pensó Maquiavelo cuando dice que el hombre de Estado debe combinar el ejercicio de la ley y de la fuerza, y usarlos alternativamente. En la zoología fantástica, que le gusta imaginar a Durán Barba para describir conductas, la inteligencia debe complementarse con la astucia del zorro para advertir las trampas, la fuerza del león para espantar al enemigo o la rapidez del corcel para avanzar o para huir. Durán estuvo el sábado en Olivos conduciendo el coaching para el último debate y abundaron estos consejos.

También Toni Negri, teórico de la muchedumbre como actor central de la política contemporánea, resignifica el emblema del centauro. En su ensayo “Asamblea” (2017, en colaboración con Michael Hardt) construye otro centauro, el que surge de la unión del líder con sus seguidores. La parte humana contiene, en este caso, la capacidad estratégica, el sentido del interés público y la mirada de largo plazo. La parte animal -caballo, zorro o león- encarna la táctica y expresa los demonios del momento, que son el rechazo de la dominación y la pasión por la libertad. El éxito saldrá de la combinación acertada de una estrategia y una táctica. Nos vemos el domingo.

Lo que arriesgan el peronismo y el oficialismo

¿Qué arriesga el peronismo? Poco, si logra la unidad ganadora y sin Cristina al frente, en un país con programa de déficit cero -nacional y provincial, se cumpla o no se cumpla, el programa sigue en pie- y, encima en default, porque Macri postergó los pagos inminentes. Un botín mágico, el sueño del gobernante. Tiene además el viento a favor que le permitió otras veces suceder a gobiernos no peronistas: la mala gestión, en este caso de la economía. Puede ir a la elección sin programa, o con varios, o con el peso de las disidencias internas. Le basta, cree, con empujar el muro, que se cae solo. ¿Qué arriesga el Gobierno? Todo, porque Cambiemos ha sido y es un gobierno de minoría que logró proezas de mayoría. Lo hizo merced a los acuerdos que tuvo desde 2016, con el peronismo dividido en el Congreso y con la liga de gobernadores. Nunca formalizó el acuerdismo, pero ésa fue la música de la gestión de Macri, como había sido la de sus ocho años en la Ciudad. Su presidencia se entiende en este punto por el entendimiento del trípode Frigerio, Pichetto, Schiaretti.

¿Debió ir más allá? El oficialismo estuvo dominado por la mesa de Marcos Peña, que rechazó todo intento de ampliación de la alianza de gobierno por sobre la coalición electoral ganadora en 2015 y 2017. La decisión de mantenerse en la endogamia, como la calificó Elisa Carrió, se basaba en la creencia de que Cristina de Kirchner y su desprestigio hundirían al peronismo, y que eso se perpetuaría en el tiempo. El resultado de las elecciones legislativas de 2017 puso en peligro esa visión: Cristina sacó 37% de los votos, dos puntos más que Aníbal Fernández a gobernador en 2015, y los mandatarios peronistas que se referenciaban en ella sacaron mejores resultados que los amigos del gobierno.

¿Hacia dónde debía ampliarse el oficialismo? Por lo menos a los sectores que en el balotaje de 2015 habían aportado los 680.000 votos de diferencia con Scioli. Los debates transcurrían con diálogos de este tipo, que no son ficticios, aunque omito nombres; aquí no se deschava gente:

- Tenemos que ampliar la base para asegurar al gobierno a futuro.

Peña: - Tenemos que mantener la identidad. Así ganamos las elecciones.

- Nosotros nunca ganamos las elecciones. Ganamos un balotaje porque un sector del público nos apoyó. Ahora nuestros aliados piden que les demos un rol. En las provincias todos los delegados de organismos nacionales -Anses, PAMI, Migraciones, medios- siguen en manos de funcionarios del peronismo.

Peña: - Nosotros somos otra cosa, no vamos a hacer lo que hacía el peronismo.

La política, ¿llama dos veces?

El Gobierno apuesta a que puede llamar de nuevo a esos sectores si hay una segunda vuelta. El intento responde a una estrategia que quizás se intenta aplicar tarde. Haber negociado con el peronismo y los gobernadores fue un hecho de gestión que debía tener, si había una planificación adecuada, el complemento de un armado político. Los hechos de gestión se agotan en lo transaccional. Más aún cuando la gestión sale mal. No hay gestión de gobierno sin desarrollo de política. Cambiemos o no creyó en esto, o no tuvo la inteligencia de que era necesario salvar la gestión con la política más allá delo logrado en las PASO, ese 33% de la población que los votó a pesar de la economía.

¿Estarán para repetir ese apoyo o ya se desencantó, por la dureza con la que vio que el oficialismo trataba a los agentes del acuerdo, como Miguel Pichetto y a Sergio Massa? Nunca les formalizó ningún acuerdo, como el que ofrecía el rionegrino en 2016 junto a Ernesto Sanz bajo el rótulo del Bicentenario. Si el Gobierno trataba así a los amigos, ¿qué no haría con los neutrales que estaban para escuchar propuestas? De ahí a que buscaran la unidad con otras referencias bastaba un paso: que se bajase Cristina de la fórmula. A esa finalidad está destinada la insistencia del discurso oficialista en los valores, o sea aferrar la identificación con una agenda política que ya le fue beneficiosa en las PASO, donde el Gobierno conservó las adhesiones de 2015, pese a la economía. A demoler esa identificación es adonde se dirige el discurso de Alberto, mediante la descalificación personal de Macri como un mentiroso. Lo ataca por lo que es, no porque lo que hace.

La crisis de autoridad en partidos de aluvión

Los "catch-all-parties" (definición del alemán Otto Kirchheimer), partidos "pigliatutti" o partidos escoba, -lo son el peronismo y también la alianza Cambiemos- reclutan tribus de ideas y métodos a veces contradictorios. Para eso requieren una autoridad fuerte. Las malandanzas de estas experiencias se deben también a una crisis de liderazgo. En este contexto, cualquier pelea es una señal de alerta. Estas señales no se escuchan ni se advierten cuando a las dos formaciones les va bien. Y quienes protagonizan las rispideces internas las ocultan, porque pueden resentir las aspiraciones dentro en un eventual gobierno. Es lo que ocurre con episodios como el de la guerra de escenario que hubo el miércoles en La Pampa. El acto con la fórmula F&F estaba auspiciado por el local Carlos Verna, pero operado por enviados del Instituto Patria, lo que llaman los locutores "La Cámpora", una manera descalificatoria de designar a los peronistas que tiene línea directa con Cristina sin pasar por el peaje del partido -o sea que no los define ni la ideología ni el negocio, los dos materiales que forman su canto-.

A esos organizadores se les ocurrió blindar a lo Chabán, las puertas laterales del local del centro recreativo Laguna Don Tomás, para que no hubiera algunos infiltrados que quisieran ser más leales que otros. Era el Día de la Lealtad, fecha que ensalza ese recurso escaso, aunque renovable, del que suele carecer el peronismo, que canta lo que no tiene. Aherrojada que fue la puerta, vieron dificultado su ingreso al acto de los Fernández dignatarios importantes, que habían venido de lejos, como un micro con senadores nacionales y estrellas, entre ellos el sindicalista Héctor Daer, el propio Rubén Marín, pampeano, ex gobernador e integrante de la comisión de Acción Política del PJ, y nada menos que Giselle, Giselle Fernández, hermana de Cristina. Tonterías, si se las mira desde el triunfalismo olímpico, pero son cosas que nunca se olvidan, se facturan y se cobran cuando sea posible o necesario.

Mar del Plata es ahora lo que antes fueron Córdoba y Mendoza

Mar del Plata se convirtió en otro terreno de batalla en la última semana de campaña. Replica lo que antes fueron Córdoba y Mendoza para la confrontación del oficialismo y la oposición en ejes superpuestos, el nacional y el local. Mar del Plata es la segunda ciudad en cantidad de votos de la provincia de Buenos Aires (614.360 habitantes) después de La Matanza. Nunca ha sido gobernada por el peronismo y ha sido una plaza dominantemente radical o vecinal. El peronismo lleva ahora como candidata a María Fernanda Raverta, diputada del hipercristinismo, que confronta con Guillermo Montenegro, un PRO aliado a los radicales, que ganó la PASO. Para asegurar su chance, Juntos por el Cambio tendió lazos con el vecinalista Gustavo Pulti, que gobernó dos mandatos y que va de nuevo por el cargo. Es además portador de peronismo, partido que lo apoyó en su momento, y le quita votos a Raverta. En el club de sus amigos aparecieron ahora los porteños de Víctor Santa María (presidente del PJ Capital), visitante frecuente del Instituto Patria, y Facundo Moyano, ex massista y dirigente del fútbol local en el club Alvarado.

La barra se pregunta: ¿vienen a liquidarla a Raverta? Porque si Pulti se sostiene o crece, es difícil que gane, pero lo beneficia a Montenegro. Ante hechos como estos, misterios del proselitismo vacío -porque no cambia las tendencias generales del voto, que parece fijo a lo largo del tiempo-, los protagonistas responden con cara de póker y apelan a la frase más repetida en los mentideros, cuando responden a una encuesta o una profecía: “Esto es así, a menos que esté pasando algo que no vemos". Siempre está pasando algo que no vemos. Y eso puede explicar la decisión sorpresiva de los Fernández de elegir a Mar del Plata para el cierre nacional de la campaña, el jueves 24 de octubre.

La aparición de estos apoyos peronistas para Pulti deben haber encendido alarma en los cuarteles del Frente de Todos, porque aparece como un acto de cuentapropismo electoral inédito. Cristina había estado en Mar del Plata para presentar el libro; pero Alberto nunca vino durante la campaña, y ahora cierra en la Costa. Como antes Córdoba y Mendoza, se entrecruzan en Mar del Plata los ejes local y nacional. Juntos por el Cambio cree que está para ganar las grandes ciudades de la Provincia, entre ellas Mar del Plata. El peronismo, que lo sabe y lo siente en el cuerpo, va con Alberto y Cristina para hacer la diferencia, pero también para poner en caja a estos díscolos. El gremio de Santa María es importante en Mar del Plata por la cantidad de edificios que tiene. Los Moyano son de Mar del Plata, y también les interesa resguardar una gestión que puede ocupar un adversario como Montenegro. Raverta -hija del empresario ex montonero Mario Montoto, de quien dice estar alejada- fue una imposición de Cristina, que la instaló sin darle oportunidad de PASO al ex funcionario Horacio Tettamanti, vinculado a la actividad naviera. Eso la aísla de sectores del peronismo que ahora ven en Pulti una chance ganadora.

Este ex intendente ha escalado en las últimas semanas, y con esos apoyos no cristinistas sueña con desplazarla a Raverta en la semana final, y ponerse cabeza a cabeza con Montenegro. Los acuerdos que Pulti cerró con Cambiemos para sacarle votos a Raverta son ahora un boomerang. Los macristas temen un crecimiento inesperado de Pulti, que viene a actuar como la mesa del peronismo alternativo, en un escenario de tres tercios que pone en problemas a Cambiemos y al cristinismo. Como ocurrió en el orden nacional.


Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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