Martes, 22 Octubre 2019 00:00

Al fin el debate se pareció a un debate - Por Ricardo Roa

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Psicológicamente fortalecido, Macri fue más que en el debate anterior y Fernández fue menos, aunque de este formato de debate no pueda salir mucho más de lo que salió.

 

Hubo dos cosas antes de este domingo que se reflejaron en las actitudes de Macri y de Fernández​ en el debate presidencial. Una fue la impresionante movilización del sábado. La otra fue la reunión de Cristina con su candidato, el jueves en La Pampa.

Las dos tocaron a Macri y a Fernández, pero de manera diferente. En La Pampa, Cristina objetó algunos de los nombres que Alberto maneja o manejaba para su gabinete. Entre ellos el de Martín Redrado, que terminó despedido del Banco Central por rechazar el uso de las reservas para pagar la deuda externa como pretendía la ex presidente en sus tiempos de presidente. ¿Final abierto o final cerrado?

La marcha del sábado sonó a música y a música de la mejor en los oídos de Macri. Medio millón de personas en el Obelisco que nadie imaginaba que podía convocar y menos después de la paliza sufrida en las PASO. Fue una concentración a contramano del rumbo que había tomado la campaña y una enorme bocanada de oxígeno en las vísperas del debate. Un triunfo contra la depresión y contra la debilidad.

Psicológicamente fortalecido, Macri fue más que en el debate anterior y Fernández fue menos, aunque de este formato de debate no pueda salir mucho más de lo que salió. En otros lugares, los debates influyen mucho en el voto. Sería un milagro que acá puedan cambiar la tendencia de una elección.

Con la economía, Macri se deja pegar porque casi no pegó una. Fernández ya exprimió este filón y mucho más no le queda para sacar. Además, le está hablando a la gente de algo que la gente conoce. Macri gana en el terreno institucional y en el de la corrupción, donde más le duele a Fernández.

Fue Espert el primero en poner el dedo en la llaga: “¿Usted no vio nada?”, le preguntó a Fernández. Hay cosas para las que las palabras no alcanzan y cosas para las que palabras sobran. Todo lo que dijo Fernández fue que cuando tuvo diferencias renunció y se fue a su casa. Pero jamás denunció nada.

Incómodo, agregó: “Nunca un juez me citó a dar explicaciones, a diferencia de Macri al que lo esperan más de cien causas...”. Por eso “puedo dar clases de decencia”. ¿Y los demás, qué? Para reforzar asoció a Macri con Macri padre y a los dos con la corrupción en la obra pública. En el mejor de los casos fue un golpe bajo y Macri le recordó que su papá muerto no podía defenderse.

Macri también disparó fuerte con la pobreza. Dijo que los peronistas “gobernaron 24 de los últimos 30 años y la única idea genial que tuvieron fue ocultarla”. Pero se fue a la banquina cuando anunció que desde enero los créditos UVA se ajustarán por los salarios. Tarde. Y Fernández se lo hizo notar.

La realidad fue un debate entre dos aunque había seis protagonistas. Envalentonado por los elogios que había cosechado en el primer debate, Espert esta vez sobreactuó, pero para muchos fue el más concreto. Lavagna patinó al comienzo y se recuperó con esa buena costumbre de hablar pensando, aunque no dé resultados en televisión. Lo contrario a Del Caño, que habla sólo con consignas como un activista estudiantil y a Gómez Centurión, que desde la vereda opuesta hace casi lo mismo, pero hablando como un militar.

Fin de los debates. Ahora viene el domingo y después y si no hay balotaje, un mes y medio de transición. Lo mejor sería que ahí se hablara en serio de cómo enfrentar un tiempo económico que pinta bien complicado.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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