Viernes, 08 Noviembre 2019 00:00

Primer round de estudio entre Alberto Fernández y el FMI - Por Fernando Laborda

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Podría decirse que las negociaciones entre Alberto Fernández y el FMI ya empezaron, aunque no hayan tenido un inicio formal ni haya todavía una fecha para eso.

 

Las declaraciones públicas del presidente electo y del vocero del organismo financiero internacional, Gerry Rice, pueden tomarse como un primer round de estudio entre las partes, en el cual cada una, en forma más directa o más elíptica, ha planteado sus condiciones. En síntesis, ya se negocia a través de los micrófonos.

Desde México, Fernández señaló tajantemente que el FMI "tiene que asumir la responsabilidad que tuvo" en la situación que enfrenta hoy la economía argentina y que debe "revisar lo que hizo" y ayudar al país a pagar su deuda. Desde Washington, Rice respondió que el Fondo está listo para entablar conversaciones con el futuro jefe del Estado argentino, pero sugirió que, para retomar el programa vigente que incluye un crédito stand by por 57.000 millones de dólares, el equipo de Fernández debe primero presentar un plan de políticas para que el organismo internacional pueda evaluar la "sustentabilidad de la deuda" y si el panorama macroeconómico es consistente con ese plan.

¿Qué pretende Fernández del FMI? Básicamente, que se haga cargo de sus supuestos errores y que, al igual que los acreedores privados llegado el momento, avale un cómodo plan de pagos de los préstamos hechos al país durante la gestión de Mauricio Macri, sin condicionamientos ni imposiciones de ningún tipo por parte del organismo crediticio internacional.

El presidente electo sabe que nada de esto será factible sin el apoyo de los Estados Unidos, que es una suerte de accionista mayoritario dentro del FMI. Y, en tal sentido, el llamado telefónico de Donald Trump a Fernández producido hace exactamente una semana, es tomado como un buen síntoma. En esa oportunidad, según el futuro mandatario argentino, el presidente norteamericano le dijo que estaba dispuesto a ayudarlo en su negociación con el Fondo.

La palabra de Washington ha sido en su momento decisiva para el acuerdo logrado entre el gobierno de Macri y el FMI, y podría volver a serlo ahora. Sin embargo, ningún mensaje ni ninguna gestión de Trump será gratuita.

De ahí que los operadores económicos no solo estén mirando las señales que pueda dar o no Fernández hacia la aplicación de un plan fiscal y monetario consistente, sino que también estén observando en detalle los gestos del presidente electo en materia de política exterior. Fundamentalmente, porque si esta política no resulta tolerable para el gobierno de los Estados Unidos, cualquier renegociación con el FMI se vería demorada.

En otras palabras, si el alineamiento internacional de la Argentina albertista no es agradable a los ojos de Trump, difícilmente se cuente con su respaldo para un nuevo entendimiento con el organismo financiero internacional. Y es sabido que para el líder norteamericano la agenda en América latina pasa por la situación de Venezuela.

Fernández no puede desconocer que deberá hacer un esforzado equilibrio para no ser considerado por el gobierno de Trump como un aliado táctico del régimen de Nicolás Maduro ni como alguien capaz de promover posiciones combativas en el Grupo de Puebla. Tampoco desconoce que propiciar la salida de la Argentina del Grupo de Lima sería extremadamente mal visto por Washington. Este último grupo, hoy liderado por los actuales presidentes de Brasil, Colombia y la Argentina, ha sido un permanente crítico de Maduro.

Todo esto debería quedar más claro luego de que, tras su asunción el 10 de diciembre, Fernández realice su primera gira por los Estados Unidos, donde por lo pronto se reuniría con representantes del mundo financiero y de acreedores privados en Nueva York, y con petroleros en Houston para llevar certezas sobre sus planes para Vaca Muerta. Muchos imaginan que durante ese viaje podría concretarse su primer encuentro con Trump en la Casa Blanca.

Hay, entretanto, dudas sobre si el gobierno de Fernández buscará primero renegociar con los bonistas una extensión de los plazos de pago de la deuda, al estilo uruguayo, para sentarse después a negociar algo similar con el FMI, o si se invertirán esos términos.

Esta cuestión no es menor. Mientras Fernández intentaba semanas atrás tranquilizar a los mercados anunciando que buscaría una renegociación de la deuda amigable, sin quitas, portavoces del FMI defendieron extraoficialmente la necesidad de una quita a los acreedores privados, como ocurrió con el acuerdo entre este organismo y Ucrania en 2015. Esta quita no afectaría las acreencias del Fondo ni de otros organismos internacionales.

La especial relación entre la Argentina y el FMI adquiere hoy trascendencia mundial, como lo ha señalado en un documento la Fundación Embajada Abierta, que conduce Jorge Argüello, dirigente peronista y exembajador en los Estados Unidos, hoy vinculado a los equipos de Fernández. "El fracaso del salvataje récord otorgado por el FMI a la Argentina es utilizado como argumento en los diversos reclamos de revisión y reforma que recaen en la actualidad sobre el organismo", señala.

El programa stand by aprobado en 2018 es, por su monto, el más importante en la historia del FMI y coloca al organismo con una altísima exposición frente a lo que ocurra en la Argentina. Esto se debe a que nuestro país tiene el 42,8% del total de la cartera de préstamos del FMI. No solo es, por lejos, el mayor deudor, sino que iguala en importancia a los ocho siguientes acreedores: Egipto, con el 11,5%; Ucrania, con el 9,2%; Grecia, con el 9%; Paquistán, con el 6,3%; Irak, con el 2,5%; Túnez, con el 1,7%; Costa de Marfil, con el 1,4%, y Ecuador, con el 1,2%.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda, los vencimientos de capital e intereses del acuerdo firmado por el gobierno de Macri y el FMI se incrementan fuertemente a partir del año 2021. Mientras el año próximo, la Argentina debería devolverle al Fondo 1597 millones de dólares, en 2021 debería pagarle 5336 millones; en 2022, 18.088 millones; en 2023, 16.306 millones, y en 2024, 2750 millones. Se trata de cifras impagables en las presentes condiciones del país, de acuerdo con las proyecciones de la mayoría de los analistas económicos.

Hoy Ucrania está negociando un nuevo programa de ayuda del FMI. Como un anticipo de lo que el próximo gobierno argentino puede llegar a esperar del organismo internacional, su vocero Rice dijo ayer que "para atraer inversiones, Ucrania debe llevar adelante algunas reformas estructurales, mejorar su gobernanza, atajar la corrupción y reducir el papel del Estado". ¿Estaría dispuesto Fernández a seguir esos consejos del Fondo?

Fernando Laborda

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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