Viernes, 08 Noviembre 2019 00:00

Falta de definiciones y voluntarismo ingenuo, una combinación peligrosa - Por Sergio Berensztein

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Tanto en economía como en política exterior, es importante despejar dudas sobre el programa de la nueva administración; la calidad institucional será muy observada

 

Para evitar un desgaste prematuro y tal vez sorprender con algún nombramiento, Alberto Fernández posterga definiciones respecto de su equipo de colaboradores, sus objetivos primordiales de gestión y las políticas con las que buscará alcanzarlos. No está claro cómo intentará responder a las enormes expectativas generadas, en especial en sus votantes, aunque la sensación de alivio se extiende a un porcentaje aún más amplio. Según el último informe del Monitor de Humor Político y Social de D'Alessio IROL / Berensztein, el 54% de los argentinos suponen que la situación económica dentro de un año será mejor que la actual, superando incluso al porcentaje de votos que obtuvo el Frente de Todos en las últimas elecciones (48,24%).

Ante este vacío discursivo y conceptual retumba un conjunto variopinto de voces que expresan heterogeneidad, contradicciones y potenciales conflictos dentro del Frente de Todos (una coalición con contornos tan amplios como porosos y con una evidente vocación para extenderse, si no antes, seguramente luego del 10 de diciembre). Retoma protagonismo Juan Grabois, que disciplinadamente mantuvo un perfil bajo durante la campaña para no espantar a votantes moderados enojados por el fracaso económico del macrismo, para reiterar su fallida propuesta de reforma agraria. El líder de la CTEP advierte ahora que, en su opinión, buena parte de la sociedad argentina no está dispuesta a tolerar postergaciones en términos materiales: su doctrina de las "mechas cortas" generó alarma, en particular frente a los desbordes y la ingobernabilidad en que Chile está inmerso, así como también por la ola de movilizaciones populares que en múltiples países vienen conmocionando a los establishments locales.

El jefe de la UTA, Roberto Fernández, alimentó la conversación pública con su poco original receta de engañar otra vez a la sociedad imprimiendo dinero espurio para terminar, más temprano que tarde, en una nueva devaluación. Es cierto que algunos de sus colegas ya han hecho pública su vocación de moderar la puja distributiva conteniendo demandas salariales. Pero otros líderes de la CTA viajaron hasta Cuba para fortalecer sus vínculos y los del Frente de Todos con Nicolás Maduro. Esta paleta tan disonante de matices es una foto precisa de la nueva coalición gobernante: un espacio que reúne actores variados, identidades políticas múltiples y concepciones del Estado bastante extremas. ¿Podrá procesar Alberto Fernández tantas tensiones con potencial para escalar rápidamente?

Más relevante es sin duda cierta concepción voluntarista que expuso el presidente electo en materia de política exterior. En su reciente visita a México, Fernández habló de una alianza estratégica con ese país, de unidad latinoamericana y de las posibilidades que ofrece el Grupo de Puebla para salir de la crisis del neoliberalismo en la región. Llamó a AMLO a ocuparse de la política regional omitiendo, tal vez, que se trata de un dirigente que desde que es presidente nunca salió de su país. También se enfocó en el lawfare como mecanismo para perseguir a los líderes populares de la región y se centró en el ecuatoriano Correa, el brasileño Lula o la propia Cristina. Curiosamente, a pesar de que tantos expresidentes peruanos están presos por causas similares, no fueron considerados por Alberto. ¿Será porque no los considera "populares"? ¿O, simplemente, porque responden a otro signo ideológico?

La retórica integracionista latinoamericana está lejos de ser una novedad. Luego de décadas de magros resultados, es hora de preguntarnos si es posible una integración entre gobiernos proteccionistas y líderes nacionalistas, en un contexto de desconfianzas múltiples, sobre todo en cuestiones de seguridad nacional. Curiosamente, son el libre comercio y los acuerdos de protección de las inversiones lo que más rápidamente contribuye a una integración efectiva. Pero si se rechazan los mecanismos de mercado, cuando la política mete la cola los conflictos y los celos son inevitables. Al mismo tiempo, el Brexit y la crisis europea pusieron de manifiesto nuevas y viejas dudas sobre la sustentabilidad de los procesos de integración.

Más aún, Alberto Fernández habla de unidad latinoamericana en el momento en que las relaciones con Brasil, el principal socio comercial y estratégico de la Argentina, atraviesan su peor momento. ¿Podemos inferir, por lo tanto, que estas alianzas se tejerán únicamente con gobiernos afines y que su perdurabilidad se mantendrá en tanto y en cuanto no cambie la inclinación ideológica del eventual socio? ¿Estos acuerdos se enfocarán en los gobiernos y no en los Estados? Si lo anterior resultara cierto, habría que analizar cuántos gobiernos realmente progresistas existen en la región. En principio, podemos decir que solo México y la Argentina. Evo Morales en Bolivia es una fuerza populista más identificada con Cuba y Venezuela que con la socialdemocracia de España y Portugal. La conclusión: salvo que todo este latinoamericanismo sea meramente discursivo y tenga como objetivo satisfacer a una porción del electorado, parece carecer de sustento real.

A propósito del caso mexicano, sobre todo de las prioridades del actual gobierno, surgen dos cuestiones que para Alberto Fernández constituyen desafíos un tanto incómodos: corrupción y narcotráfico. López Obrador ganó la presidencia precisamente por su compromiso con la transparencia. Algunos apuestan a convocar a una figura de la oposición para desempeñar una función clave en esa área durante el próximo gobierno. Aunque el foco de Fernández sea la economía, su compromiso con la calidad institucional (incluyendo la libertad de prensa y expresión) será muy observado dentro y fuera del país. Respecto de la lucha contra el narco, México es la expresión más acabada de un profundo fracaso: nada ha funcionado, ni las políticas más duras y confrontativas ni mucho menos la actitud soft que plantea AMLO. Ver al Estado de rodillas frente al crimen organizado (el episodio con el hijo del Chapo Guzmán no tiene precedente) constituye un renunciamiento inentendible en términos de los atributos fundamentales de la estabilidad.

Es posible que cuando se definan el gabinete y los lineamientos de políticas públicas estén más claros las voces divergentes y los voluntarismos discursivos pasen a un segundo plano. Paralelamente, verificaremos la sofisticación de los diagnósticos con los que la nueva administración se propone encarar los desafíos estratégicos de la Argentina, así como los equipos de trabajo y los instrumentos e ideas que orientarán la gestión.

Sergio Berensztein
Ilustración: Alfredo Sabat

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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