Miércoles, 13 Noviembre 2019 00:00

Un fantasma recorre - Por Sergio Crivelli

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¿Que precipitó la caída de Morales? No seguramente la economía que dista de ser tan caótica como la argentina. Sin duda obró el cansancio de sus largos años de gobierno a los que sumó maniobras groseras para perpetuarse en el poder.

 

La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, que ejerció de manera interrumpida durante los últimos trece años, alentó por estas playas el partisanismo declarativo. El kirchnerismo denunció un golpe de Estado mientras el macrismo, optó por una interpretación más neutra: la de la caída del gobierno por una conmoción social, similar a la que en 2001 se llevó a Fernando de la Rúa en helicóptero. ¿Cuál estuvo más cerca de lo ocurrido?

Resultó ilustrativa la reacción de la ex presidenta Cristina Kirchner por Twitter. Comparó la represión por parte de las fuerzas de seguridad a las turbas sin control en Chile, donde el gobierno es "neoliberal", con la pasividad de las fuerzas de seguridad frente a la violencia popular en Bolivia, donde el gobierno era populista. Esto es, hay una represión mala, la que defiende el orden público bajo el gobierno de Piñera (votado en elecciones democráticas y transparentes) y una represión buena, que se añora, para defender al gobierno fraudulento de Morales.

Ese doble patrón de medida, repetido como un eco por Alberto Fernández, no involucra ninguna novedad. Para el kirchnerismo la represión sangrienta de las multitudinarias manifestaciones en Caracas no existe. Que Hugo Chávez o Juan Perón fueran militares golpistas tampoco parece relevante. Como en el caso de la represión, hay golpes de Estado aceptables y otros condenables. En su infinita plasticidad el populismo acuñó un oxímoron, el de "golpe institucional", cuando un político amigo es removido mediante los mecanismos y garantías de la ley. En el caso de la destitución por el Senado de Dilma Rousseff usaron otra pirueta verbal, hablaron de "golpe blando". El asunto es usar la palabra golpe.

Lo que involucra en cambio una novedad es que un gobierno populista haya caído por movilizaciones callejeras. También constituye una novedad que el papel de las fuerzas armadas y de seguridad haya quedado tan a la vista. En Bolivia Morales se derrumbó cuando se negaron a reprimir. En Venezuela el régimen sangriento de Maduro sigue porque lo defienden los militares, en una alianza a la que según los expertos regionales no es ajeno el narcotráfico.

¿Que precipitó la caída de Morales? No seguramente la economía que dista de ser tan caótica como la argentina. Sin duda obró el cansancio de sus largos años de gobierno a los que sumó maniobras groseras para perpetuarse en el poder. Primero ignoró el pronunciamiento popular en rechazo de una nueva reelección y después apeló al fraude electoral liso y llano. Los que denuncian golpe de Estado pasan por alto estos graves vicios de legitimidad del gobierno boliviano.

La denuncia de un "golpe" que no existió por parte de los Fernández debe ser entendida como un exceso de precaución. Saben que deberán hacerse cargo del gobierno en circunstancias difíciles. Ya el piquetero Grabois anticipó que la paciencia de la gente tiene la "mecha corta" y el populismo sin distribucionismo es un oxímoron comparable al del "golpe institucional". Todos saben, los Fernández también, que no resultará fácil de sostener y que la calle se descontrola con facilidad. Ese es el fantasma que hoy recorre América latina.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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