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Domingo, 05 Enero 2020 00:00

Rafecas, la punta de la reforma judicial - Por Ignacio Zuleta

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El peronismo ya tendría los votos para aprobar en el Senado la designación del ex juez. Techo de 55% al impuesto inmobiliario de Kicillof.

 

En busca de conciliación, Alberto Fernández bajó el decreto de la propuesta de Daniel Rafecas como Procurador de la Nación, jefe de fiscales. Tiene los votos en el Senado para que sea aprobado un trámite que exige 2/3 de los votos de los presentes.

El nuevo procurador tendrá un poder que no tuvo ninguno de los antecesores, porque será controller de la ampliación del nuevo Código Procesal Penal. Esa norma prevé la transformación del sistema penal argentino, con el traslado de la investigación a los fiscales. Es una reforma que aprueban todos los sectores, técnicos y políticos, e implica la creación de un sistema, con gran cantidad de recursos. La aplicación del sistema está prevista por etapas, comenzando por el Norte y con aplicación gradual.

Pero el Gobierno ha deslizado —con marchas y contramarchas como todo lo que dice y hace— que le interesa aplicarlo en todo el país cuanto antes. Ahí está la puerta de la reforma judicial para desguazar el poder de los jueces, y especialmente el de los federales de Comodoro Py. Es una zaranda de todo el sistema y promoverá el camino que pretenden oficialistas y opositores: que la reforma provenga de la justicia y no de la política.

La política está sospechada —con razón— de pretender la impunidad y la debilidad de los jueces. Éstos han resistido con éxito 20 años y van ganando. Que la reforma salga de la justicia y no de una votación odiosa en el Congreso es un camino posible. La peregrina reforma cristinista se estrelló contra un blindex por empujarla sin consensos. Puede ser que el peronismo haya aprendido la lección. Es lo que encierra la frase que se le escuchó a Máximo Kirchner: “esta vez no vamos a chocar”.

Final con voto cantado

La elección de Rafecas parece un camino hacia algún consenso. Tiene los 41/42 votos que puede reunir el peronismo en el Senado. Quienes le juntan apoyos suman el de bancadas sueltas como las de Carlos Reutemann, Lucila Crexell, Alberto Weretilneck, los porteños Martín Lousteau (su hermana está en el equipo de Rafecas en una cátedra universitaria) y Guadalupe Tagliaferri, que expresan señales a favor del candidato de parte de Horacio Rodríguez Larreta. Los fogoneros agregan adhesiones de radicales de prestigio judicial, como Ricardo Gil Lavedra y Ernesto Sanz, que no se han pronunciado en público.

Los críticos de la nominación —encabezados por el diputado del Pro, Waldo Wolf— lo señalan como responsable de no haberle dado trámite a la denuncia de Alberto Nisman contra el gobierno cristinista por el acuerdo con Irán. Creen que es el único motivo de la designación, de la cual el presidente y Rafecas vienen hablando desde antes de las elecciones.

Otros radicales no olvidan que Rafecas procesó a Fernando de la Rúa y a los senadores por presuntos sobornos, como parte de una operación política del peronismo. Si es por eso, deberían retirarle el saludo a Alberto, promotor de aquel caso que la justicia demostró que era una patraña. La oposición medirá si le conviene plantear una pelea a pérdida —porque los votos están— o sumarse a los brindis. Pesa en ellos la experiencia de que en su momento lo voltearon a Daniel Reposo y el peronismo designó a Alejandra Gils Carbó. Ahora es mejor un Rafecas que, digamos, un Alejandro Slokar. Hasta fin de mes hay tiempo para adherir ante el Ministerio de Justicia. El primer acto será en febrero con el envío del pliego al Senado. La designación puede ocurrir durante los fastos del comienzo del año legislativo.

La oposición y el tope del 55%

El primer pacto de gobernabilidad —al menos bajo la luz del sol— puede haber ocurrido el jueves en La Plata y abrió la chance de que Axel Kicillof cuente esta semana con la Ley Tarifaria para aumentar los impuestos. Los intendentes de la oposición de todas las tribus creen haberle puesto un techo al inmobiliario urbano del 55%, 20 puntos por debajo del que intentó imponer Kicillof.

Los jefes territoriales coincidieron en que su programa es el mismo del gobernador, administrar los territorios, pero que su estabilidad depende de no agredir a sus electorados. Si el aumento llega al 75% es un ataque a los sectores medios y altos que votaron por Juntos por el Cambio (JpC), y le reprochan a la nueva administración que la baja de ese porcentaje para los vecinos de ingresos medios y bajos es un premio al voto peronista. La política vive de simplificaciones.

Los intendentes entienden que el proyecto axelista está cargado de ideología, pero el personaje les cae simpático, lo creen honesto —es ya mucho en estas ligas— y le respetan la verba académica. No es poco para arrancar en ese tanque de tiburones que es la política provincial. “El miércoles 8 tratamos la Ley Tarifaria del 75% —por decirlo en breve— en Diputados, en donde el peronismo tiene mayoría, pero te la afeitamos al 55% en el Senado, en donde tenemos el control”, dicen los voceros de los intendentes. Cuando vuelva a Diputados se impondrá esto, porque el oficialismo no tiene los 2/3 de los votos. Kicillof debe haber entendido. ¿Para qué seguir peleándose por el 0,4% del presupuesto que, al final, es lo que representa el tramo más alto del impuesto, un 10% del total del inmobiliario que, a su vez, es el 4% de la torta? ¿Todo por la ideología?

Transición hiperlíquida

Esta batalla es un retablo que exhibe cómo se rearman de a poco el oficialismo y la oposición, en un momento hiperlíquido de la transición. Con pactos. Hay quienes dicen que, fuera del gobierno y sin cargos, María Eugenia Vidal y su ex jefe de gabinete Federico Salvai siguen en control. Según los Pro-activos, Vidal tiene línea directa desde París con el gobernador. Salvai, que formalmente está de vacaciones, mantiene en función piloto el poder que le queda a la anterior conducción, que radica su fuerza en el Senado provincial (6 votos por sobre el peronismo) y en el buen número que tiene JpC en Diputados (4 abajo del peronismo). Ese poder está desflecado, porque “nada desgasta tanto como el poder cuando no se tiene” (Giulio Andreotti). Esta situación desnuda miserabilidades que pueden empastar las mejores intenciones. Por ejemplo, el debate que demora la aprobación del presupuesto provincial, que pasó a marzo. Se libra, por ejemplo, por las dos sillas que le corresponden a JpC en el directorio del Banco Provincia. Los radicales pretenden al menos una. Los del Pro quieren las dos para sí. Este desentendimiento es parte del paquete grande que debatirá la Legislatura en marzo.

Liderazgos discutidos

En la transición líquida oficialismo y oposición no tienen un liderazgo unificado. En el Ejecutivo va ganando la autonomía de Alberto, que se mueve con libertad entre los vetos que bajan del Senado, territorio de Cristina. La vicepresidente ordenó una auditoría a fondo de las designaciones del último año de la gestión Michetti. Cristina ha puesto todo en manos de un trío: Ricardo Angelucci, que le administró los números a Julián Domínguez cuando mandaba en Diputados; Graciana Peñafort, abogada de exfuncionarios cristinistas, y “Miki” Villagra, jefa de personal que viene de Victorica, La Pampa, tierra de “Luchi” Alonso, superpoderosa secretaria. Están forzados a encontrar algo. La política es el territorio de la discrecionalidad, y produce situaciones resbaladizas. Cuando asumió Michetti en 2015 cargó contra las designaciones de Amado Boudou. Esta revisión le prepara un calvario. Chico, pero calvario al fin.

Los bloques-bisagra

En Diputados, el peronismo luce la mayoría, pero el quórum y el voto de las leyes clave dependen de bloques bisagra, como el que conduce “Bali” Bucca. Un interbloque que suma a lavagnistas como Graciela Camaño y a los cuatro diputados que se referencian en Juan Schiaretti. Dieron el número para el tratamiento de la ley de ajuste, votaron de manera diversa en general y en particular, y le han puesto funcionarios al Gobierno, todos lavagnistas de CABA, como Marco Lavagna, Matías Tombolini o Carlos Hourbeig, que será el segundo de Adrián Cosentino en la Comisión Nacional de Valores (iba a ser el titular, pero le faltó piolín). El oficialismo tiene que tratar con cuidado a esta bancada, que controla en realidad Camaño. En JpC hay también dispersión. Tendrán su primera prueba en febrero cuando resuelvan el destino de Miguel Pichetto en la Auditoría General de la Nación. El pedido es de Macri, con el argumento de que el Pro merece tener un auditor. “Tenías una vacante”, le dicen ahora, “pero se la cediste a Sergio Massa”, que nombró en 2016 a Gabriel Mihura, apoderado del Frente Renovador. El trato que le den los radicales, dueños de la decisión en la AGN, probará qué posibilidades tiene a futuro la existencia de lo que fue Cambiemos. Si le dicen que no, se termina la sociedad con Macri; si le dicen que sí, aunque fuera para Pichetto como auditor raso, y Jesús Rodríguez a la presidencia, habrá futuro.

Bonaerenses al borde del cisma

En la provincia las trizaduras son más difíciles de reparar. Gustavo Posse encabeza a un grupo de dirigentes de la UCR provincial para competir por la conducción del partido en las internas de octubre. Una de sus banderas es someter a juicio de residencia a Daniel Salvador como vice de Vidal. Lo responsabilizan de postergar a los correligionarios en los cargos de poder. Posse, con Monzó, le dio envión a un camino propio: el bloque de disidentes tiene número suficiente para condicionar el quórum al propio oficialismo. Juegan hoy en alianza con el bloque de JpC que lidera el radical Maximiliano Abad, pero son una herramienta poderosa hacia adelante. Posse cree que ese bloque disidente puede llegar a tener 20 bancas antes de fin de año. Abad y Posse van a protagonizar la pelea dentro del radicalismo por la conducción del partido en octubre. Nadie olvida que, en marzo, vamos a estar a un año del debate interno para las PASO —si siguen existiendo— de agosto de 2021. Vidal promete encabezar la lista de diputados por Buenos Aires; Macri ahora vive en Olivos, también su provincia. Todo enriquece la pelea política, que es la sal de la tierra.

Ignacio Zuleta

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