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Domingo, 05 Enero 2020 00:00

Todo el protagonismo y toda la responsabilidad para Fernández - Por Sergio Crivelli

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Había planteado la posibilidad de un acuerdo corporativo para frenar la inflación, pero tomó medidas unilaterales de resultado incierto. Paga todo el costo político y no tiene luna de miel.

 

Al volver al poder en 1973 el peronismo se encontró con una economía deteriorada. Su fundador ordenó armar un `pacto social' en el que comprometió al empresariado afín de la CGE y a la CGT. El plan antiinflacionario era simple: congelamiento de precios, un aumento salarial de emergencia (200 pesos) y eliminación de paritarias por dos años. El efecto inicial fue una baja de la inflación, pero en 1975 todo voló por el aire con el rodrigazo.

Durante la campaña Alberto Fernández planteó la posibilidad de un acuerdo similar para salir de la actual mezcla de alta inflación con estancamiento, pero a veinte días de asumir y consiente de su inviabilidad tomó por un camino distinto. No hubo puesta en escena de un pacto corporativo para la foto, sino medidas con intención estabilizadora y de saneamiento fiscal.

El presidente se reunió por separado con los empresarios para amenazarlos con `latigazos' si trasladaban a precios el repuesto IVA a los alimentos y con los sindicalistas para advertirles que no debían pedir aumentos `desmedidos'. Prudente, eludió las ceremonias grandilocuentes que no conducen a nada. Sabe que los compromisos para la tribuna no resisten ni remarcaciones, ni paros salvajes.

Con un pragmatismo también impecable canceló intereses de la deuda en moneda extranjera. Unos 900 millones de dólares de bonos emitidos durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Mauricio Macri. El pago de intereses de la deuda había sido puesto en duda, pero Fernández y su ministro Martín Guzmán se cuidan de tomar decisiones que puedan complicar la negociación con el FMI.

Si se combina esto con la promesa de desindexar las jubilaciones (ese beneficio otorgado por Macri, según Fernández sería `impagable'), el impuestazo y la devaluación del 30% (el dólar `solidario'), se está ante un ajuste ortodoxo que no mide costos políticos y resulta sólo parcialmente aliviado por aumentos de jubilaciones mínimas y sumas fijas para trabajadores en actividad, como así también por el congelamiento de tarifas de energía y transporte, más la suspensión del aumento de la nafta. En varios de estos casos hubo marchas y contramarchas, pero eso es algo que ya se convirtió en característica de gobiernos primerizos. Ni siquiera en eso Fernández se diferencia en lo fundamental de su antecesor Macri.

Fueron todas medidas unilaterales. En sus primeras tres semanas de gestión Fernández jugó solo, ocupando el centro de la cancha, lo que tuvo un lado positivo al mostrarlo dueño de la iniciativa, pero al mismo tiempo aislado. El kirchnerismo dio un paso al costado y como la mayor parte del peronismo jugó de observador.

El presidente por lo tanto sufre en soledad el desgaste de, por ejemplo, usar como variable de ajuste a los jubilados. También los reproches de la Iglesia. Monseñor Lugones de la Pastoral Social le recordó que debe anteponer la deuda social al pago de la deuda externa. Al mismo tiempo le recomendó aplicar un modelo económico `productivo'. El episcopado, que el presidente consideraba un aliado, comenzó a marcarle la cancha antes aun de cumplir su primer mes en el cargo.

Hasta aquí el uso de los botones del poder de los que dispone. Hay otros fuera de su alcance capaces de complicarle la economía como las relaciones exteriores. En ese plano el gobierno norteamericano hizo sentir su enojo a través de la agencia Bloomberg que informó que el presidente `había cruzado un límite' al dar refugio a Evo Morales y que semejante actitud podría poner en peligro el acuerdo con el FMI y las inversiones en Vaca Muerta. Para ilustrar la información con hechos, el riesgo país escaló y los bonos de la deuda cayeron. Hacia el fin de semana el enojo tomó forma de un tuit de la embajada local para avisar que no debe entregársele el 5G a China. Según el mensaje público la tecnología de ese origen vulneraría libertades civiles y la privacidad. Trump de cuerpo entero.

En síntesis, Fernández concentró el poder e inevitablemente la responsabilidad de hacer el ajuste. Se juega a una sola carta. El oficialismo lo mira, las corporaciones aceptan el costo a regañadientes y su imagen sufre el lógico desgaste de medidas impopulares. Pero el desgaste es todavía entre quienes no lo votaron. Cuando llegue a quienes lo votaron su futuro se volverá más complejo.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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