Jueves, 23 Enero 2020 00:00

Juguemos en el bosque - Por Carlos Fara

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… mientras Alberto no está. Alberto está? No, se fue a Israel y al Vaticano. Parodiando a la famosa canción infantil, lleva a preguntarse si Alberto es el lobo, y entonces Cristina es el pastor que cuida a las ovejas.

 

Recuerden que el juego infantil consiste en un permanente cambio de roles: la oveja tocada por el lobo se convierte en lobo, el lobo pasa a ser el pastor que protege a su ganado, y así sucesivamente.

 

Cualquier interpretación sobre este intercambio de roles llevará a mucha polémica, ya que quienes repudian a CFK dirán que ella es un lobo con piel de cordero, y que Alberto es solo un cordero en las fauces de ese lobo disfrazado. Para la realpolitik lo único que cuenta son los comportamientos concretos. Vayamos a los hechos entonces.

 

Luego de la jura en el Congreso y el acto en la plaza del 10 de diciembre, Cristina tuvo una sola intervención altisonante, que fue durante la asunción de Espinoza en La Matanza, hablando de la diferencia de recursos entre la ciudad capital y el resto de los distritos. Más allá de eso, solo intervino públicamente para retar al jefe de su bancada, indicándole que ella es “presiden-ta” del Senado. Si se analiza su cuenta de Twitter, vamos a encontrar mayormente una serie de mensajes políticos sin mayor polémica, salvo el 20 de enero cuando alude al caso Nisman en función de la serie de Netflix. Luego no dijo nada sobre las leyes de emergencia, ni sobre los vaivenes de la política exterior. Se hizo correr la versión de que fue ella la le aconsejó a Alberto ir a Israel.

 

Otros rumores dicen que ella no está conforme con muchos nombramientos que hizo él, y que cuestiona ciertas decisiones. Es posible: cualquiera que haya visto de cerca estos “trasvasamientos” (término que le gustaba usar a Perón) sabrá que el líder fuera del cargo tiene siempre una objeción de forma o de fondo sobre cómo hace las cosas su delfín. Ocurre en todos los ámbitos de poder, sea la política o en una empresa. De modo que no debería llamar mucho la atención.

El punto es si el líder comprende cuál debe ser su rol en la nueva etapa, y si logra controlar su ego en función de un objetivo mayor. En este punto, el 10 de diciembre en la plaza, Cristina se encargó de recordar que ella había hecho un renunciamiento a ser candidata, con todo lo que eso significó luego (la facilitación del regreso al poder del peronismo). Meta mensaje: que nadie diga que yo era un obstáculo solo guiada por mi soberbia.

 

Es muy común que clientes y el mundo empresarial pregunten sobre el real rol de Cristina en esta etapa, más allá de estos primeros 45 días de mandato. Muchos están sorprendidos respecto al rol secundario y perfil bajo que vienen manteniendo, ayudándolo a Alberto a que no existan dudas sobre quién es el presidente (lo cual no significa necesariamente resolver la pregunta sobre “quién manda”).

 

Sobre esto lo desarrollamos oportunamente en esta columna que 1) ella manda y el obedece, o 2) él es que manda, como dos extremos de un continuo, no eran hipótesis útiles, sino que siempre iba a haber una administración de tensiones, natural en estos procesos, más aún cuando ella es la accionista con el mayor paquete accionario. También desechamos el análisis histórico lineal respecto a que el nuevo mandatario “mata” a quién lo ungió, porque “en el peronismo esto siempre es así”. Sin embargo, estamos en una época histórica de disrupciones permanentes, siendo que el pasado tiene cada vez más limitaciones para predecir el futuro, en todos los aspectos del mundo contemporáneo.

Digamos que veremos 2 Cristinas:

 

  1. la que es aludida por causas judiciales de diverso tipo, en donde reaccionará de manera altisonante al estilo de su discurso en tribunales del 2 de diciembre, y
  2. la que mantendrá bajo perfil sin comentar las decisiones del poder ejecutivo, dejando hacer, pero que operará entre bambalinas para ciertas cuestiones a través de funcionarios adictos (Zanini entre otros) en cuestiones puntuales.

 

¿Por qué será así?

 

  1. efectivamente existe una preocupación personal grande con la situación de su hija,
  2. ella mantendrá legitimidad interna mientras conserve un rol apaciguado (clave para que se constituyera el FdT),
  3. da toda la impresión que no tiene ninguna intención de volver a pasar por la “picadora de carne” que implica el sentarse en el sillón de Rivadavia, y
  4. si Alberto tiene problemas, el costo político lo pagan ambos, ya que para el grueso de la opinión pública ella lo puso a él, y tienen una sociedad de conveniencia mutua.

 

Demás está decir que la garantía final de que ella no se sobrepase de su rol número 2 es que la economía empiece a dar alguna esperanza hacia finales de este año. Si eso no pasa, no habrá discurso altisonante que atempere la insatisfacción ciudadana.

Carlos Fara

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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