Domingo, 26 Enero 2020 00:00

Ley de deuda: una prueba de amor de la oposición, o guerra total - Por Ignacio Zuleta

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Buscan que el Congreso apruebe el proyecto por amplia mayoría para darle una armadura legal al ministro Guzmán. Esta negociación podría marcar un cambio en la forma de gobernar del peronismo.

 

Con el escenario desmantelado por el viaje presidencial, y el reemplazo vicepresidencial vergonzante —definición de la RAE: “Que procede de modo encubierto o disimulado por vergüenza”— el Gobierno le reclamó a la oposición una prueba de amor.

No es otra cosa el proyecto simbólico de ley de renegociación, que esta semana discutirán los diputados. Busca que la amplia mayoría del Congreso 1) respalde a Martín Guzmán en este trámite clave para que despegue de alguna vez la economía, que no le despegó tampoco a Macri; 2) lo provea al ministro de una armadura que lo proteja del destino de todos los ministros renegociadores de deudas que han pasado por acá, que es pasarse el resto de la vida en tribunales y pagando fortunas en abogados por esos pecados de juventud.

Economía es la silla eléctrica que termina con todos los sueños de los ministros, desde la 1050 de los militares, al dólar futuro de Cristina, pasando por el blindaje y el Megacanje de De la Rúa. Los términos del reclamo son claros: necesitamos que las normas que ya están vigentes se ratifiquen por una mayoría amplia. Es la manera de decirles a los acreedores y al mercado que la fórmula no será flor de un día y que nadie, en el futuro cercano, la va a dar vuelta.

La razón es obvia: en la Argentina gobernar es dar vuelta lo que hizo el que estaba. Es esperable en un gobierno débil, como lo son todos en la Argentina. Eso explica esa privatización de la presidencia que hace Cristina al refugiarse en su oficina del Patria. Si no quiere ir a la Rosada, queda mal y exhibe suficiente. Si no puede, es un signo de debilidad, más malo aún para un gobierno que necesita músculo para negociar con las fieras. De paso, ¿Quién quiere ser presidente si no puede salir a la calle? Es un oficio de marcianos.

El proyecto es un traje a medida

La respuesta de la oposición es hasta ahora auspiciosa: ¿quieren una ley de 130 votos, con el número justito, es decir débil y perecedera? ¿O quieren una ley casi unánime, que blinde por algunos años? Esto lo pueden tener, porque lo que pide Alberto para Martín Guzmán es lo mismo que pedía Macri: manos libres para acordar, jugueteando con las tres patas del negocio: plazo, monto y tasa. La norma no pide ninguna atribución nueva que se sume a lo que ya dice la Ley de Administración Financiera o la ley de emergencia sancionada en diciembre.

Lo único que agrega es una reducción del porcentaje de las comisiones a pagar, y le da permiso al Gobierno, de manera repetida pero expresa, para negociar la cesión de jurisdicción legal de los nuevos instrumentos. En suma, sólo coberturas legales más firmes, para que los negociadores puedan licitar, emitir, o subrogar jurisdicción sin que algún opositor ocurrente los demande por eso. Es razonable también que se pida esto, porque en la carne tibia aún de este nuevo gobierno hay ex funcionarios del anterior gobierno peronista, que están procesados por la causa del dólar futuro.

Entre ellos, gente de primera línea como la propia Cristina o Miguel Pesce, titular del BCRA, o Alejandro Vanoli, director del ANSeS. Llevan 4 años caminando por tribunales por una demanda que presentaron Mario Negri y Federico Pinedo cuando eran opositores, que escribió Alfonso de Prat-Gay y que remachó, como testigo en la causa, Martín Redrado. No quiere verse Guzmán en esa situación.

Si hay acuerdo, será el cambio más importante del peronismo

Si el Gobierno acepta esto, quedará probado que lo que busca en el Congreso es una prueba de amor. Inédito en la historia reciente, porque el peronismo cuando ha gobernado o ha tenido mayoría legislativa, nunca ha buscado el acuerdo. Para el peronismo acordar es una muestra de debilidad que atenta contra el prestigio del negociador. Quien acuerda es un traidor. La lista de los peronistas enterrados por sus propios compañeros por haber intentado una negociación es interminable, desde el coronel Domingo Mercante hasta Miguel Pichetto, medio siglo más tarde. Un acuerdo sobre esta ley demostrará un giro descomunal en las costumbres del peronismo, que siempre que pudo sacó las leyes por arrebato y muchas veces por diferencias muy peleadas y pequeñas, que debilitaron las normas y su aplicación en el mediano y de largo plazo.

La oposición pide tres condiciones, pero ya les han rechazado una: que Guzmán rinda examen ante el plenario de comisiones del martes próximo. Pero el ministro tiene ese mismo día una cita con el Council of the Americas, una foto más rutilante que el modesto anexo de Diputados. Valora más ese compromiso, por el cual viaja este lunes, y de paso escapa a los peligros de un debut en ese tanque de tiburones que es el Congreso.

Los debutantes no suelen pasarlo bien en esos informes, para lo que hay que tener ánimo político y cuero duro. El destino de Luis Caputo en el Ministerio de Finanzas se jugó no en las mesas de dinero, sino en aquella audiencia de la comisión de Seguimiento de la Deuda.

Un informe de gestión derivó a una discusión sobre sus negocios personales. Lo salvó del fuego el senador José Mayans que levantó la sesión. “Toto” vivió el tormento que no quiere vivir Guzmán ahora. Mejor un té con Susan Seagal que un debate con la oposición. La segunda condición es negociable: que el oficialismo modere sus ataques a la gestión de Macri. Si vienen a decir que la responsabilidad es de Cambiemos, aunque el proyecto nos guste mucho, ni les habilitamos los 2/3 para tratar el proyecto sobre tablas ni los ayudamos con el quórum.

Es difícil para todas las tribus del oficialismo aceptar esto, porque entienden que la piedra angular de la victoria electoral del peronismo fue la debacle económica de Macri. Ese factor es un gran recurso para acumular fuerza ante una oposición que ya le hizo difícil la sesión de la ley de emergencia -arrancó con dos votos por sobre el quórum- y le dio vuelta el proyecto espejo que buscaba en Buenos Aires. Una experiencia dura para un gobierno que ganó la presidencial por casi 8 puntos, y la provincial por casi 14 puntos. Este giro, de confirmarse, podrá leerse como que el peronismo aprendió en un mes la lección.

Si hay blindaje, que sea para todos

Hay una tercera condición que requiere hilados más finos y de calidad. La oposición quiere que los mecanismos que puedan habilitarle la nueva ley a la Nación los puedan también aplicar las provincias. Se dice fácil, pero los regímenes y las situaciones frente a la deuda pública son muy diversas entre la Nación y cada uno de los estados provinciales.

La mirada está siempre en la Nación y en Buenos Aires. Pero los gobernadores miran con angustia desde el balcón, por ejemplo, cómo los bonistas no le aceptan, en el porcentaje necesario, la oferta de renegociación de la deuda a Kicillof. Escuchan voces conspirativas, creen de a ratos que se trata de una táctica urdida por el gobernador y Guzmán, para que todo empeore y facilite una salida desde abajo, con un riesgo país insoportable y los títulos en el valor más bajo posible. También confían en protagonistas discretos de esta negociación, como un representante de bonistas que es oriundo de La Plata, hijo de un legendario presidente de Gimnasia y Esgrima y que fue amigo de Ofelia Wilhelm.

(Merced a esa relación hubo hasta algún auspicio oficial para la casaca que hoy entrena Diego Maradona.) ¿Justo ese representante de bonistas lo va a desairar al nuevo gobierno? Las tramas platenses, de donde participa también el ministro Guzmán, dan para todo. Aunque es difícil creer que funcionarios públicos la tengan clara en un país atravesado por el fracaso.

Cambiemos se junta antes de la sesión

Este interés lo han planteado los opositores del radicalismo, pero creen entender también las necesidades de mandatarios peronistas endeudados. El martes se reunió la cúpula de la UCR y el gobernador Gerardo Morales dio un panorama desolador de la dureza de trato de la Nación a Jujuy. Lo acosan con pedidos de que libere a Milagro Sala como si dependiera de él. Pero también le limitan la posibilidad de endeudamiento, no ya en dólares y en el extranjero, sino en pesos y con la banca local.

Se entiende el envión, porque Morales no tiene reelección y el peronismo ve la oportunidad de recuperar la provincia. Les gustaría a todos los gobernadores, creen en la oposición, que, si hay un blindaje a la negociación de la deuda nacional, ellos queden bajo el paraguas.

La fórmula que intercambian los negociadores es algo así como un artículo que invite a las provincias a dictar leyes de adhesión a este sistema.

Ese artículo, reconocen todos, no sería menos declarativo de esta ley simbólica, que puede modificar las relaciones entre el peronismo y la oposición. Este martes los caciques de Cambiemos hacen su primera reunión del año. La intriga es si estará o no Macri -que, después de todo, no es ni autoridad del Pro. La oposición dirá allí qué grado de apoyo le dará a la iniciativa, que el Gobierno considera la clave de la economía que viene.

Ignacio Zuleta

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