Lunes, 03 Febrero 2020 00:00

Sigue la pulseada por la deuda; los acreedores exigen un plan - Por Sergio Crivelli

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Antes de estudiar cualquier propuesta quieren ver un plan con superávit fiscal que permita al país afrontar los pagos futuros. Kicillof amaga y retrocede. Para el FMI hay "incertidumbre"

 

Alberto Fernández pretende postergar los pagos de la deuda externa porque necesita fondos para gobernar. Su desaparecido jefe, Néstor Kirchner, decía que sin dinero no se puede hacer política. Fiel a este axioma, el presidente pretende que los acreedores le financien sus primeros dos años en la Casa Rosada. Hasta las elecciones de medio término para ser más precisos.

Pero los acreedores le exigen que antes de cualquier acuerdo sobre plazos y quitas, elabore un programa económico en el que quede claro si habrá superávit fiscal para afrontar los compromisos futuros. Le piden que ponga el caballo (el plan) delante del carro (la deuda) que tendrá que arrastrar y no al revés. Quieren pruebas de solvencia para "reperfilar" los vencimientos. Los bonos perdieron valor y, si no las consiguen, amenazan con litigar.

Este es el escenario en el que el presidente no consigue avanzar, a pesar de que que ha considerado el problema de la deuda decisivo para su gestión. A poco de cumplir dos meses en el poder todavía no salió del primer casillero, a pesar de que pone todo su esfuerzo en este punto de la agenda.

La semana última el ministro de Economía, Martín Guzmán, se reunió con acreedores en Nueva York y sondeó al FMI. El presidente inició una vista a jefes de Estado para conseguir apoyo. La oposición en el Congreso le dio un virtual cheque en blanco y el gobernador Axel Kicillof bailó un minué con bonistas en el que siguió dando un paso para adelante y otro para atrás por una suma que no merece el desgaste al que se expone.

Pero toda esta escenificación no dio resultado, porque el verdadero problema de Fernández no es la deuda, sino el déficit. Patalea contra la deuda y la usa para criticar a su antecesor, pero ese es un discurso para consumo interno que los acreedores no tienen, no tuvieron, ni tendrán en cuenta.

Para convencerlos debe demostrarles que está dispuesto a hacer un monumental ajuste del cual saldrían los fondos para pagar los nuevos títulos. Exactamente lo contrario de lo que opinó Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados el miércoles. Ahí recomendó que "lo que tiene que hacer la Argentina" en la negociación con los bonistas "es que los números cierren con la gente adentro, simplemente esto".

¿Cómo es el asunto en números? Fernández recibió un déficit primario del 0,4%, esto es 4,5% menos del que Cristina Kirchner le dejó a Mauricio Macri. Los peronistas dicen que sería de 1,7%, porque se computaron ingresos extraordinarios, se postergó el pago de gastos y de devolución del IVA y se adelantaron derechos de importación.

Aun si se les da razón, la baja fue fuerte, pero obedeció a un factor indirecto: una inflación del 53%. En ese marco la recaudación creció el 48% contra el 44% de las jubilaciones, el 34% de los salarios públicos y el 12% de la inversión. De lo que se sigue que, si Fernández tiene éxito en bajar la inflación, el déficit muy probablemente crezca. Y si hay déficit, aunque los bonistas le perdonen toda la deuda, la economía nativa seguirá siendo inviable.

Para bajar el déficit sin una inflación descontrolada hay que recortar el gasto en jubilaciones y "planes", aumentar la recaudación y reducir la planta de empleados públicos. Fernández atacó el problema ajustando a los más indefensos, los jubilados, pero la presión impositiva ya está en el límite y los ejércitos de empleados públicos de nula productividad forman parte del denominado gasto "político" que hace 35 años que no deja de crecer.

A lo que se añade que el aumento de impuestos, la alta inflación y el recorte del gasto público tienen efectos recesivos. Cuando Macri llegó a la Casa Rosada hizo lo contrario de Fernández, no habló de situación catastrófica, ni siquiera de crisis, porque buscaba préstamos para hacer crecer la economía. En ese momento no pensaba (como dice ahora) que, si los mercados dejaban de prestarle, la economía se iba por el drenaje. Por lo contrario, creía que inyectando dólares, comenzaría un ciclo virtuoso de crecimiento.

Pero las inversiones nunca llegaron, la economía siguió estancada y el cambio de condiciones en los mercados financieros lo obligó a recurrir al FMI que le exigió aplicar su conocida receta de ajuste. Por suerte para él ya había ganado las elecciones de medio término, lo que le permitió llegar con muletas, pero llegar, al final de su mandato. Fernández no tiene la posibilidad de endeudarse; por eso le da vueltas a un ajuste tan inevitable como difícil de digerir.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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