Domingo, 16 Febrero 2020 00:00

El PJ habilita la pelea por la conducción de la coalición - Por Ignacio Zuleta

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Definiciones. Un Ministro definió al gobierno como una coalición. Posiciones encontradas en el PJ: territorios versus burocracia. Macri quiere que el gobierno, gobierne. El Ejecutivo le busca empleo a asesor estrella.

 

El oficialismo adoptó de manera formal la naturaleza de “coalición” para dar curso a la cohabitación de las tribus del peronismo. Hasta ahora era una metáfora del relato periodístico, que buscaba entender las relaciones entre la liga de gobernadores y el peronismo metropolitano de Alberto y Cristina. Sirvió para amalgamar esa unidad que permitió el triunfo de octubre, la clave del resultado. Sin unidad, el peronismo hubiera prolongado la serie de derrotas electorales de la última década (desde 2009 a 2017).

Pero la coalición que sirvió para ganar es la misma que ahora hace crujir la gobernabilidad. Un clásico: lo que te sirve para llegar, no te sirve para gobernar. Esta semana un grupo de sindicalistas del petróleo —la CATHEDA (Confederación Argentina de Trabajadores y Empleados de los Hidrocarburos, Energía, Combustibles, Derivados y Afines) que junta todos los gremios del sector bajo la conducción de “Coco” Cassia — se presentó en el despacho del ministro de Trabajo Claudio Moroni para exhibir sus demandas por la vaca muerta que no resucita. Invocaron la palabra “peronismo” pero el ministro les respondió: este no es un gobierno peronista, es una coalición. Hasta ahora la única coalición era Cambiemos/Juntos por el Cambio.

Capitanich vs. Gioja

No es una trivialidad argumental, si se mira la agenda del PJ de esta semana. El miércoles está convocado el Consejo Nacional que preside José Luis Gioja, para convocar a elecciones de autoridades del partido en el mes de mayo próximo.

Ese debate de los más de 70 consejeros ocurrirá por dos canales: uno reúne los nombres de candidatos del partido eje de la coalición de gobierno; el otro es la propuesta de Alberto, Jorge Capitanich y el intendente de Zárate, Osvaldo Cáffaro, de dinamitar las actuales estructuras y formalizar una nueva legalidad, que contenga a las tribus bajo la forma de la coalición.

Visto así, el peronismo puede asistir a un debate entre caciques del peronismo territorial, contra los burócratas de la calle Matheu, sobre cómo podrán, unos y otros, jefazos con votos que ganan elecciones y burócratas que las pierden en Capital Federal, usar la lapicera para darle alguna autoridad al manejo de la coalición, que gobernando hace agua. Capitanich espera una reunión con Cristina y Alberto para decidir si su proyecto - volcado en tres documentos salidos de su PC - se discute ahora y, más importante, si él será candidato de ese sector para presidir el nuevo PJ.

Capitanich está habilitado por Alberto - que alguna vez fue interventor en el PJ porteño, el que hoy gobierna el país con punteros porteños - para abrir este debate que surge de un diagnóstico: la Argentina pasó de un bipartidismo clásico PJ-UCR desde 1983, a un sistema tripartito con el FrePaSo de los años 90, y ahora es un esquema de coaliciones polarizadas. (En todos los casos, desde 1983 esas fuerzas han representado el 88/90% de la oferta electoral.)

Así hoy, la coalición de gobierno tiene que formalizarse y ganar poder, porque su objetivo es que la coalición opositora estalle por los aires. Eso es lo que hizo Cambiemos cuando gobernaba, beneficiado por la división del peronismo, que se fomentaba desde Olivos y desde el Congreso.

El “doble conforme” paraliza a la burocracia

A la coalición que gobierna le falta -diría un panadero - algo de gluten… para aglutinar, para que haga masa, panifique y el producto resultante sea algo que se pueda digerir con provecho. Las disidencias cuestan mucho.

YPF postergó su asamblea anual para el 30 de abril -debía hacerse el 4 de ese mes - porque no se ponen de acuerdo en el Gobierno en quiénes serán los nuevos directores. Siguen los mismos (salvo Miguel Pesce, que representaba a la provincia de Tierra del Fuego y pasó al BCRA), Fabián Rodríguez Simón, que renunció el 9 de diciembre a medianoche para refugiarse en su banca en el Parlasur, y Roberto Monti, que representaba a los sindicatos. La parálisis en las designaciones allí refleja el método que se va imponiendo, que es “doble conforme” -de Alberto y Cristina- para cada caso.

Reaparece Macri: que gobiernen los que gobiernan

Mantenerse unida es el objetivo de la coalición opositora, que hará ese mismo miércoles la reunión de una mesa nacional, que puede conducir Mauricio Macri en su primera reaparición en público después de dejar el gobierno.

Tiene que participar de la solución de las diferencias con los socios de Cambiemos, sobre la nueva estructura de la Auditoría General de la Nación.

El radicalismo tiene derecho a tres sillas, la presidencia y dos más, y negocia con el Pro una de ellas para Miguel Pichetto, que estuvo el jueves con Macri y el viernes con Humberto Schiavoni.

Después Macri parte hacia Guatemala a participar de un foro como expresidente. En la primera semana que pasó en sus oficinas de Vicente López, juntó también papeles sobre su nueva tarea como presidente de la Fundación de la FIFA. “Es algo más grande de lo que yo mismo pensaba”, se preocupó. Sobre la política agónica, seguirá en silencio: “Que el gobierno gobierne”, respondió cuando le pidieron alguna consigna.

Secretos en Madrid para destrabar Venezuela, prueba de amor

El desmadejamiento de la coalición desata líneas contradictorias en temas serios, como ocurre con Venezuela, la prueba que pide el imperio para saber hacia dónde va el nuevo gobierno, que es una superposición de voces. Las entrelíneas de Venezuela son interminables. Quien siguiese los pasos más discretos de Alberto Fernández en Madrid, pudo advertir que, apenas llegó a la residencia de la embajada, se embutió en una larga reunión con el ex director del BID Enrique Iglesias. Este ex canciller del Uruguay es seguramente el latinoamericano con más influencia en Europa, junto con el mexicano Ángel Gurría, director de la OCDE. Tiene hoy un papel gravitante como el zar de la Unión Europea para el conflicto en Venezuela. Lo desempeña como asesor de las autoridades de la Comunidad Europea y del Grupo de Contacto. Viaja por todo el mundo y recopila datos. Estuvo en Buenos Aires varias veces en los últimos meses y se reunió con Jorge Faurie y su sucesor Felipe Solá, que acompañó a Alberto en esa charla discreta en España, en las oficinas de la embajada.

La Argentina juguetea con la crisis venezolana para actuar uno de los minués clásicos del peronismo: me muestro junto a tu enemigo para cobrarte más caro el acuerdo. De paso, Alberto se diferencia de Macri, que le concedió a Venezuela un papel central en su política exterior. Reguló esa campaña en el primer tramo de su administración para atraer votos para la candidatura de Susana Malcorra a la secretaría de la ONU, pero no alcanzó. En esto hay también paralelismos, por la insistencia en todos los foros, por parte del Gobierno, en promover otra candidatura, la de Gustavo Béliz a la presidencia del BID.

Un gesto por Béliz, que busca empleo en el BID

En esa reunión con Iglesias, Alberto le presentó —como si no lo conociere— a Gustavo Béliz, candidato al BID. Iglesias sigue conservando predicamento en ese organismo y la delegación creyó que podrá ayudar.

Iglesias recibió el CV del asesor estratégico, una obra maestra del autobombo, que lo describe como el hombre gracias a quien el mundo ha girado en los últimos 30 años, nada más que porque él lo empujaba. La misma changa, también con Béliz presente, hizo Felipe Solá en el viaje del miércoles a Brasilia.

Cuando visitó a Jair Bolsonaro y a un seleccionado de sus ministros y funcionarios, entre ellos el gravitante Filipe Martins, asesor estratégico de la presidencia, que le pone letra al ánimo de su presidente en cuestiones graves con más firmeza que el canciller Ernesto Araujo. Mostró las credenciales de Béliz y se las recibieron con amabilidad —estaba Gustavo presente. En esa extensa negociación, que llevó una mañana de reunión con ministros, un almuerzo con Araujo y después la visita a Bolsonaro, el Gobierno cree haber puesto las cosas en un nivel mejor. “Vengo a hacer las paces en un conflicto que no iniciamos” fue la consigna del canciller argentino, un lector del pensiero devole (pensamiento débil) de Gianni Vattimo, que se expresa en máximas como una que le dijo a Araujo: “no vamos a encontrar la verdad través de la amistad, pero buscando la verdad quizás terminemos amigos”. Dice una de las versiones que registraron los note takers.

Funcionario de Trump le tomó examen en Washington al embajador

La carta de Venezuela es el producto más exitoso de este viaje de Solá, porque calza en las necesidades globales de la Argentina para cerrar la red de apoyos que alcanzó Alberto en su viaje a Israel y a países de Europa.

Por eso Béliz, entre sus funciones de estratego, lleva bajo el brazo la carpetita de Venezuela, para usarla también en beneficio de su candidatura al BID, que tiene el apoyo de México, el mismo que le había prometido López Obrador a Macri cuando el candidato era Rogelio Frigerio.

Esa candidatura se decide entre Estados Unidos y Brasil, que manejan más de la mitad de los votos. O sea que también el peaje de Gustavo pasa por estas reuniones.

Y por negociaciones más que discretas, como la que mantuvo el embajador Jorge Argüello con el principal asesor de Donald Trump para América Latina, Mauricio Claver-Carone, que pertenece al NSC —Consejo de Seguridad Nacional— y lidera el ala dura contra Maduro.

En esa discretísima reunión en Washington, Claver dio a entender que su oficina controla a todos los funcionarios de organismos internacionales, para que jueguen el mismo juego. Entre ellos funciona el presidente del BID, que tiene que tocar la misma música que el FMI, la CEPAL, el Banco Mundial, etc. Y que nadie saque el pie del plato.

Es la ventanilla en donde se arbitran los apoyos y rechazos de su país, hacia amigos y adversarios, y es donde tiene la Argentina que unificar personería, porque se acumulan los pedidos y no hay mucha coherencia entre los personeros de la coalición: 1) piden apoyo en el Fondo; 2) no quieren votar al candidato de EE.UU. a la OEA, Luis Almagro; 3) piden por Béliz; 4) intentan juego propio en Venezuela.

El mensaje de Claver, el hombre que se retiró de la delegación, que vino a la jura de Alberto, fue claro. Los reyes magos son los padres también en política internacional.

Ignacio Zuleta

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