Domingo, 01 Marzo 2020 00:00

Peleas inconfesables en la cúpula del poder - Por Ignacio Zuleta

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Jubilaciones. Los problemas del oficialismo para obtener quórum el jueves pasado exhibe internas desconocidas. Nuevamente, Daniel Scioli le salvó el día a un kirchnerismo vergonzante. La importancia del caso Milagro Sala.

 

Los fastos de la apertura hoy del Congreso no distrajeron al gobierno de la obligación de hacer un recuento de daños después de la tumultuosa sesión de Diputados del jueves. El oficialismo mostró allí la peor performance legislativa desde que asumió en diciembre pasado. De las tres sesiones que hubo, en esta tuvo más dificultades para lograr el quórum para el debate del proyecto insignia de reformar las jubilaciones de dos escalafones – jueces, diplomáticos - como si de eso dependiera todo. Visto con el paso de las horas caben dos explicaciones:

  • 1) O los caciques del oficialismo han entrado en una súbita incapacidad de manejar su negocio.
  • 2) O estamos ante una guerra sorda entre el Ejecutivo y el Congreso.

Lo primero es poco creíble. Con lo cual hay que atribuirle el blooper del voto 129 – diputado, embajador-diputado – a una pelea inconfesable en la cúpula del poder. El miércoles, la oposición aseguraba el quórum de la sesión con la condición de que se dejase expresa constancia de los jueces con trámite iniciado o concedido para jubilarse no perderán sus derechos.

Ocurrió en una reunión de los jefes de los bloques opositores con Massa. Les prometieron una respuesta, que fue negativa y tardía para cualquier recomposición. El jefe de los diputados partió a San Juan y no respondió más los llamados. Máximo Kirchner, jefe del bloque oficialista partió hacia Casa de Gobierno a escuchar la respuesta del presidente. Tampoco levantó los teléfonos. Le indicó a Cecilia Moreau que les comunicase la negativa a los opositores. Esa noche Ejecutivo y Congreso se desentendieron del objetivo común, como si los legisladores quisieran que Alberto pagase el costo político de dinamitar, entre otras cosas, las relaciones con los gobernadores.

El kirchnerismo, condenado a que lo salve siempre Scioli

Hasta ahí, business as usual. Compresible disidencia entre bancadas, nadie podía escandalizarse ante ese avatar tan corriente en la vida legislativa. Lo que no es usual es que el oficialismo se desentendiese de la tarea de asegurar el quórum, como si fuera una obligación del Ejecutivo. Es lo que había ocurrió con las leyes de emergencia y de sustentabilidad de la deuda, para la que Martín Guzmán había pedido un apoyo de la oposición para mostrarle al FMI y a los acreedores. Se ocuparon todos de que eso saliese bien.

Esta vez el oficialismo no pidió ayuda a otros bloques. Graciela Camaño se indignó porque su bancada no había podido designar a alguien en la comisión de Previsión Social que debía atender al proyecto. Justo ella, que fue Ministro de Trabajo de un gobierno peronista.

Tampoco Massa buscó el apoyo de amigos en oficialismo, en donde hay diputados del eje Monzó que pueden responderle en momentos de emergencia. O no quiso que hubiera quórum o lo hizo mal. Difícil esto último en alguien con tanta experiencia. Se dejó estar, se sentó en la presidencia de la sesión, esperó que se agotase el tiempo.

Raro en un presidente en una sesión especial, que sólo se sienta si el quórum está asegurado. Como si fuera una tarea ajena, no pareció preocupado en juntar el número. El expediente Scioli fue tan traumático que, aun en el borde de la legalidad, tiño a la sesión de arbitrariedad. Le regaló además a la oposición una herramienta para atacar el proyecto en la justicia. Si el proyecto es una herramienta para sentar a los jueces en una negociación, la discusión sobre el rol de Scioli habilita una ventanilla eficaz. Un magistrado al que consultaron desde la oposición dictaminó “de oreja” que es un “caso complejo”.

Fuera de ese marco jurídico, falta por explicar el silencio de Máximo en la defensa de Scioli. El exgobernador volvió a ser una pieza imprescindible para el kirchnerismo, como lo fue en la victoria electoral de 2003 y en otras batallas. Ese silencio expresa con melancolía la resignación ante el hecho de que siempre tiene que aparecer Scioli a salvarlos. Deberían cuidarlo más en su intento de recuperar el prestigio perdido por su cercanía a quienes hoy deberían haberlo respaldado con más énfasis.

La crisis del acuerdismo exitoso

El recuento de daños tiene que revisar otros métodos de acuerdismo que pueden lesionar más la capacidad del oficialismo de reabrir el Congreso. Le cuesta horrores facturar los votos populares logrados en octubre pasado, y coinvertiros en votos legislativos.

Estas dificultades para tener el quórum en las tres sesiones que llevan desde que asumieron no reflejan las diferencias en las urnas – victorias de 8 puntos en la presidencial y 15 en provincia de Buenos Aires. La oposición hizo acuerdos para que tuvieran sanción las leyes de emergencia (diciembre) y de sustentabilidad de la deuda. En Diputados ese apoyo fue apabullante y mostró un ánimo colaborador como no habían tenido Cambiemos desde 2015, cuando debía lograr eso acuerdo con los bloques federales que se habían divorciado del cristinismo.

La asonada sobre la justicia de Jujuy tiene más recorrido, porque es una bandera que el cristinismo alzó como emblema de una pelea antisistema. Para eso la mesa de Cambiemos organiza una sesión en Jujuy con un formato más discreto que el que iba a tener originalmente.

Este miércoles Gerardo Morales hará una concentración y marcha de jujeños contra el proyecto de intervención a la justicia provincial. Después irá la mesa de Cambiemos, quizás la otra semana, una manera de evitar enfrentamientos de orden público. Le han tomado dimensión al énfasis que le pone el cristinismo al caso.

Desde su salida del gobierno Cristina de Kirchner comprometió a su gente en la defensa de Milagro Sala como ejemplo de la persecución política. Comprensible que la eligieran a ella porque es un caso de activismo no peronista -creció como oposición a la gobernación de Eduardo Fellner – que se puede defender en foros internacionales sin necesidad de explicar al peronismo ni la relación de ella con lo exfuncionarios del anterior gobierno.

Es a puro rédito, además, porque es una persona que está tan comprometida judicialmente que es una prueba de resistencia del sistema frente a la presión política. Si zafa ella, zafamos todos. Por eso cristinistas de la primera hora como Alberto Fernández o Eduardo Valdés se comprometieron con la causa antes que la militancia partidaria. El actual presidente dinamitó su relación con Sergio Massa por ese compromiso.

En lo estructural, el caso Sala es un ejemplo del método judicial de capturar rehenes en la política para retener y sumar poder. La clave es demorar el final de los enjuiciamientos hasta después del cambio de las situaciones políticas, que es cuando alcanzan más poder los jueces. Si las causas Sala se hubieran ya cerrado, no ocurriría lo que pasa hoy con la amenaza de intervención a la justicia de Jujuy. La demora que permite eso es responsabilidad de los jueces, no del poder político, que en Jujuy o en el orden nacional nunca es manejado por los gobiernos.

A los Kirchner los abrocharon con dos Badaros (fallos que los obligaron a actualizar jubilaciones), le demoraron, hasta desangrarles, la ley de medios audiovisuales y le tumbaron otra reforma judicial. No manejaba la justicia. Tampoco Macri, a quien le hicieron pelo y barba con las deudas de las provincias y en el aumento de las tarifas. Tampoco la manejaba.

También tensión con los gobernadores

Al asumir el gobierno había en el Senado 130 pliegos de candidatos a jueces, de los cuales 60 ya tenían dictamen de la comisión de Acuerdo para ir al recinto. Era fruto de negociaciones entre el peronismo del bloque Pichetto, es decir los gobernadores en su mayoría peronistas, y el oficialismo de entonces.

Ese congelamiento desconoce acuerdos que ahora el cristinismo quiere renovar en beneficio propio en su relación con los gobernadores. Le han mandado a decir desde la nueva conducción que esos compromisos serán respetados. No les dicen a cambio de qué, ni cuándo ocurrirá.

Los gobernadores lo ven como una ofensa porque ellos negociaron con los mismos peronistas que ahora les desconocen los términos de los acuerdos. Ese es uno de los tantos testimonios de las disidencias dentro del oficialismo, a las que la presencia de Massa en San Juan sumó una más. Ese viaje para mostrarse en la Fiesta del Sol terminó de alinearlo al gobernador local con una línea interna del PJ nacional que se pondrá en evidencia este jueves. Se reúne en Ferro el congreso nacional del partido para perfecciona el llamado a elecciones para la conducción del partido.

Es una invitación a cerrar una lista única que concilie la diversidad de la coalición peronista- así la llama el teórico de la reforma partidaria, Jorge Capitanich. Massa - se hizo acompañar por Diego Bossio, exfuncionario estrella del cristinismo y estrella también del bloque de diputados federales que animó el jefe de, los diputados cuando era socio del macrismo.

Integra una lista negra de exfuncionarios que Cristina no quiere ver en ningún cargo – la completan Martín Redrado y Florencio Randazzo. Massa, que en este caso ejerce una rara lealtad de arriba hacia a abajo, lo mantiene a Bossio como su asesor principal y le ha dado juego en más de una negociación legislativa y con gobernadores. Es infaltable en las reuniones que auspicia Sergio en sus oficinas de la avenida del Libertador.

El momento de esta aparición sanjuanina es un mensaje con semántica clara, aunque con formas confusas. Uñac libra con Gioja una disputa por el control del PJ de su provincia, y eso lo en cuadra al gobernador contra la pretensión de su predecesor de continuar en la presidencia del PJ.

La pelea por la conducción del PJ

Por efecto transitivo hay que imaginar que Uñac se vuelca, en la pulseada partidaria, en favor Capitanich, candidato de los Fernández. Y Massa no se privó de mostrarse en público en la Fiesta del Sol junto a Bossio, vetado por el instituto Patria, en ese alineamiento. Presidir el PJ no tiene gravitación importante cuando gobierna el peronismo. Pero en un formato autocrático como es el peronismo, el control de la lapicera a la hora de resolver candidaturas es fuente de conflictos entre las jefaturas nacional y de las provincias.

Con el vértice fracturado por la distancia entre los Fernández, puede ser oportunidad para un acto de poder partidario, o para volcarlo hacia alguna de esas fracciones. Es lo que alimenta el intento de algunos de darle la presidencia al propio Alberto Fernández y colocarlo en una posición de contrapeso del poder, también simbólico, que acumula Cristina en el Senado.

Lo adelantó Agustín Rossi, que habla poco, pero con fundamento. No tiene capacidad para la sonrisa y va por el mundo como un castigado en la interna del partido. Se soñó candidato a presidente y termina como ministro de Alberto, que no es más que él. Venía de ser jefe de la bancada de los diputados y la próxima terminal de esta singladura seguramente será su casa. Hay que leer esa declaración desde estas entretelas.

En este impulso pesa el antecedente de que Néstor Kirchner fue presidente del PJ; pero después dejar la presidencia de la Nación. De hecho, murió ejerciendo ese cargo (era, además, diputado nacional) y lo reemplazo el siempre necesario Scioli. A Alberto las dignidades partidarias le significan. Fue presidente del PJ de la CABA en 2005, rodeado de los mismos entornistas que llevó ahora al gobierno, como Alberto Iribarne, Daniel Filmus, Víctor Santa María, etc.. Sin ir más lejos, en marzo del año pasado, cuando no soñaba sr ni candidato a presidente, participó sentadito de todo el congreso del PJ como representante de su distrito. Para algo le sirvió.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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