Jueves, 19 Marzo 2020 00:00

Sin política, solo pandemia - Por Carlos Fara

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Si uno toma los medios gráficos de estos últimos días, verá que la política se ha reducido noticiosamente a su mínima expresión, y que la economía compite con el virus por razones obvias: el tendal que deja la paralización de las actividades productivas y la consecuente incertidumbre.

 

No es que no esté pasando nada. De hecho, Alberto cumple 100 días en la presidencia y eso ameritaría un balance. Pero no es el momento con esta crisis en el medio, llevándose por delante todo tipo de previsión. A la alarma sanitaria se le suma la alarma económica: el mundo cruje y eso implicará barajar y dar de vuelta en todos los aspectos.

En materia comunicacional, el gobierno ha tenido luces y sombras. No es al único que le pasó: EE.UU. (con las peculiaridades de Trump), España e Italia les sucedió algo semejante, incluso peor a juzgar por la tardanza con que tomaron ciertas decisiones. Estar lejos del epicentro y haber podido “ver el futuro” en la viralización europea, probablemente ayuden a que Argentina esta vez no cumpla con las peores profecías.

En las crisis, el buen manejo comunicacional es tan importante como el acierto en las medidas que se tomen. Por eso es hay 4 moralejas que se pueden sacar de esta situación:

  1. La evaluación sobre cómo el gobierno controló la crisis derivará del manejo a partir de esta última fase (que empezó el jueves 12 cuando se dirigió por cadena nacional), aunque entre el primer comentario fallido del ministro de salud (23 de enero) y ese jueves 12 haya estado por debajo de lo necesario.
  2. Si bien la comunicación fue un poco errática, la evaluación de la opinión pública se compone sobre todo a partir de la actitud que tome un gobierno: si toma medidas duras y no le tiembla el pulso en hacerlas cumplir, lo más probable es que el balance sea positivo porque la mano firme tranquiliza en situaciones de crisis. Como se usa decir en el fútbol: lo importante es la actitud (diría Sun Tzú, la impostura).
  3. Como se mencionó en esta columna la semana pasada, en términos comunicacionales existe un matiz importante entre “alertar” y “alarmar”. Con la primera, se pretende que la gente se cuide, sin que entre en psicosis. Con la segunda es como un aviso de ataque aéreo: refúgiese y olvídese de todo lo demás. Se supone que con la segunda los Estados se evitan una enorme cantidad de consecuencias, ya que es preferible “prevenir que curar”. Dicho de otro modo: si la gran mayoría se relaja y no cree que, en la gravedad de la cuestión, no habrá represión legal que ponga en caja el desmadre.
  4. La colaboración del concierto de actores. En ese punto el gobierno ha hecho dos cosas bien: a) convocar a los medios de comunicación para que colaboren; de hecho, lo venían haciendo intensamente subrayando las recomendaciones de las autoridades y los médicos; y b) utilizar la autoridad de los especialistas / infectólogos para legitimar la dureza de las restricciones que se están imponiendo. Ya no importa tanto si el gobierno de turno es más o menos creíble, sino que “lo dicen los que saben”. Esto nos lleva a otra reflexión adicional sobre la legitimidad valorativa del saber técnico en la era de predominio de las redes sociales.

Allá por 1977 –en plena dictadura militar- una de las mejores creaciones de Charly García, La Máquina de Hacer Pájaros, cantaba “qué se puede hacer salvo ver películas”. De la mano de las plataformas de streaming y el universo del ciberespacio nos volvemos a encontrar con aquella recomendación gracias a la pandemia.


Carlos Fara

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