Domingo, 22 Marzo 2020 00:00

Una prueba terminal para los políticos - Por Ignacio Zuleta

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Oportunidad. La crisis del coronavirus le abrió una puerta impensada a Alberto Fernández. La economía pasa a un segundo plano y le permite seguir afinando su relación con la oposición. Además, es una manera de perfilar su gobierno y definir su papel en el peronismo.

 

Conmociones de la profundidad que estamos viviendo desafían a la sociedad, a los gobiernos, y también a otros territorios que parecen tópicos, estables, inalterables. Como el relato periodístico, que enfrenta hoy una realidad que modifica hasta los géneros para representarla. Es un desafío construir historia en torno a la vivencia colectiva, a la que nada escapa. La realidad se modifica, y tiene que hacerlo la escritura que la construye. El objeto configura la manera en que se lo cuenta.

La política, un escenario de imponentes tramas y personajes, reduce su dimensión y parece mirase con un catalejo invertido: lo que era inmenso e inabarcable se muestra pequeño; y lo pequeño - los modos cotidianos, las minucias de costumbres que definen al hombre como ser relacional (Bergoglio) - parecen descomunales, y se ponen en el centro de la mirada. También se ponen a prueba los liderazgos. "No hay forma más alta, más necesaria y pura del servicio público de lo que estamos haciendo ahora. Esta es la esencia de nuestro trabajo". Con esas palabras definió en estas horas su tarea Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, el estado de EE.UU. que más casos registra de la peste universal.

Este político se ha convertido en su país en el vocero de la de la pandemia, y lo que dice le significa mucho, como se trata de una desgracia global, a todos quienes la padecen en el mundo. Aparece todos los días y explica lo que pasa, lo que intenta hacer y transmite una visión inspiradora. Se anima con la evocación de Franklin Roosevelt, que fue gobernador, también de Nueva York, en los años más despiadados de la Depresión (1928-1932). Parafrasea a su antecesor y evoca que aparecía en su silla de ruedas y repetía que "la cosas van a ir peor y peor, hasta que empiecen a ir mejor y mejor". ¿Qué debe hacer un gobernante?: "Hay que decirle al pueblo la verdad con claridad, contarle los hechos. Los hechos reconfortan. Ese es mi trabajo".

Reflotan el romance con la oposición

La ventaja de la Argentina es que puede entrar en el momento más crítico de la pandemia después de casi un mes de medidas preventivas. Eso no lo tuvieron en China, ni en Italia. Ni en los Estados Unidos, adonde ahora se sabe que la primera ola de testeos del virus, que se hizo a comienzos de febrero, registró errores que impidieron un diagnóstico a tiempo.

Pasaron tres semanas hasta que se dieron cuenta de que los análisis, ordenados desde el Centro de Control de Enfermedades (Center for Disease Control) de Atlanta, no habían logrado buenos resultados en el diagnóstico (ver detalles en la crónica de Robert P. Baird " What Went Wrong with Coronavirus Testing in the U.S." en The Newyorker, 16 de marzo, 2020).

Otra ventaja es que la crisis financiera de la Argentina, que transita desde 2018 y compromete ya a dos gobiernos, alisó las diferencias entre las fuerzas políticas. La muestra se dio en la sanción por amplia mayoría de las dos leyes pedidas por el conductor del proceso de renegociación de la deuda, Martín Guzmán: la de emergencias de diciembre y la de sustentabilidad de la deuda de enero. Nunca en el pasado reciente oficialismo y oposición se habían acercado tanto en un proyecto central para la gobernabilidad. Fue la suspensión de uno de los demonios negativos del alma criolla, que es la intolerancia.

Este mismo espíritu aplanó las distancias, como se vio en la última semana. Se inició con una reunión a solas entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta - gobernante del distrito más afectado por la peste- en Olivos. La foto de los dos a solas mostró una nueva manera de relacionarse, después de un torneo de pullas sobre cómo repartir los fondos entre la Nación y la CABA. Esa estampa se repitió a lo largo de la semana y la acompañó una nueva manera de tratarse.

En la reunión con los gobernadores, Fernández lo sentó en la cabecera de la mesa, y el jueves por la noche lo puso a su lado. Lo llamó desde el domingo "Horacio", tratamiento que mantienen desde años en privado, pero que el presidente había congelado en público.

Malas palabras en Olivos: "maquinita", cuasi monedas"

Este cambio le permite a Alberto la construcción de un camino propio. Arrancó con poco, como un presidente designado por su partido - el peronismo de los gobernadores y Cristina de Kirchner - y en medio de una descomunal crisis de endeudamiento.

Ahora le toca ser el comandante - como lo llamó Mario Negri - de una reconstrucción desde cero. Hasta esta peste, el proyecto de bandera del gobierno era la renegociación de la deuda con el FMI y los privados, y no entrar en default. Ahora el gobierno sabe que la crisis es mundial y que los defaults no son una exclusividad argentina. Y que tampoco los defaults van a ser en adelante sólo soberanos. También defaultearán empresas privadas de todo el mundo.

Es una invitación a la audacia de la heterodoxia monetaria. Lo admitió Alberto a los gobernadores que lo asaltaron en Olivos el jueves, con demandas de corto y largo plazo. En ese debate se habló del virus, pero también del cataclismo de la actividad, que ya estaba atravesada por la recesión. La caída de los tributos será descomunal por la parálisis de actividades productivas y el derrumbe del consumo.

Se discutieron varias recetas, como fijar un piso de garantía, para asegurarles a las provincias la transferencia de los fondos de coparticipación, por encima de los valores fijados en alguna tablita que respete lo que ha venido recibiendo cada uno. Quedó todo en manos de Guzmán, que debió compartir el viernes el tiempo entre su presentación a los bonistas, con videoconferencias con gobernadores para darles alguna esperanza.

En ese diálogo en Olivos también se liberó el lenguaje, y circularon malas palabras como "maquinita" o "cuasi monedas". El diagnóstico que recogieron los visitantes fue que la situación es muy parecida a la del 2001. Fernández habló de emitir para compensar los desequilibrios hasta dos puntos del PBI, y describió las instrucciones al Banco Central: que trabaje para que no se corte la cadena de pagos y que aliste los instrumentos para financiar al Estado. Heterodoxia que no es exclusiva de la oficina de Miguel Pesce. La FED puso en marcha instrumentos del mismo tipo, que ya se usaron en la crisis de 2008, y que incluyen extremos de heterodoxia, como facilitar el flujo de créditos a las empresas apalancado en acciones de empresas solventes, deuda municipal y bonos corporativos de mayor calificación.

Alberto encuentra su personaje en una agenda odiosa

En este proceso, Alberto puede encontrar su personaje, desafiado por una agenda que no deseó. No es un político exuberante sino el hombre común de sus spots de campaña. No es un dirigente de masas, en todo caso un operador que funciona mejor si le dan una misión. Acá la tiene y la va llevando con una moderación que no han tenido otros presidentes.

Hay que imaginar lo que hubiera sido esta conmoción con Macri o con Cristina en la presidencia, los atriles y las aventuras mediáticas de los focus groups. En el contrataque a la adversidad cuenta con un programa adecuado, que es superar las inquinas con la oposición. Ya lo mostró en la gestión de las dos leyes casi unánimes para enfrentar la renegociación de la deuda.

Con la cercanía a la oposición de esta semana, puede tentarse a superar el demonio de la intolerancia que todo lo arruina por acá, y que encarna el peronismo que lo arrincona desde el Instituto Patria., cuya inquilina, Cristina, vuelve hoy al país junto a su hija Florencia, como adelantó la columna “Avant Première” del lunes pasado en este diario.

También puede apoyarse en la contracara de la intolerancia criolla, que es el regeneracionismo, la idea de que todo está mal y que hay que darlo de vuelta para empezar de nuevo. Esa pulsión colectiva ha sido un freno a muchos procesos en la Argentina, pero esta vez puede inspirar cambios que la sociedad espera desde siempre.

La corrida que imprime la peste en los ánimos tiene que ver con el miedo a la muerte, pero también se explica por el proceso mundial de deslegitimación del poder que sufren todos los gobiernos del mundo. El mismo que disparó la crisis de sistemas que parecían sólidos, como el del derechista Piñera en Chile o el insurgente Evo Morales en Bolivia.

Alberto tiene la oportunidad de usar el ánimo regeneracionista para una nueva construcción social, para la cual el país está preparado por la experiencia de las desgracias encadenadas que se suceden de gobierno a gobierno. Si para algo está preparada la sociedad contemporánea es para el escenario de apocalipsis, adelantado por la literatura y el cine de las tramas distópicas de todo el siglo XX.

El país parece abierto a un turno regeneracionista, otro desafío para estadistas. Lo entendió Alberto cuando dijo: "Me eligieron para ser el primer responsable, en los momentos buenos y malos, de todos los argentinos". Algo parecido a lo dicho, casi en las mismas horas, por el gobernador Cuomo, a quien conviene escucharlo para entender mejor esta crisis.: "Si no querés estar en el gobierno en una crisis social, no deberías estar aquí. Estás en la carrera equivocada. Si no querés pelear en una guerra, no te alistés en el ejército".

Macri agita el bolillero de nombres para la AGN

La virtualidad corroe las costumbres más tópicas de la política, que es un oficio de gregarios. La recomendación de aislarse para salvarse - frase de Mario Negri que encandiló a Alberto - "Te la voy a usar", le dijo en la reunión en Olivos del miércoles - va contra el impulso primario de la política, que es convocar, convencer y movilizar gente.

Ahora se trata de que nadie se mueva de donde está. Macri se guardó en la quinta de Los Abrojos y dejó de ir a las oficinas de Olivos, adonde recibía a dirigentes de su partido todos los días. No está cuarentenado ni por edad ni por contaminación, pero da el ejemplo. Se toma tiempo para recibir y ejercer presiones virtuales sobre tramas inconclusas, aunque pertinentes, para su futuro político.

El que más lo inquieta es la designación de un auditor por la oposición en la silla que dejó vacante Jesús Rodríguez. Este dirigente radical asumió el martes la presidencia de la AGN. La UCR, dueña de la mayoría de los votos, cedió el lugar a los otros partidos de Cambiemos.

La decisión se la dejaron todos a Macri, que ya dijo que quiere que sea cubierta por Pichetto. El rionegrino es reticente, porque no quiere provocar a los diputados que tienen que refrendar esa designación, no aprobarla ni cuestionarla. Patricia Bullrich es la encargada de buscar el nombre que, dice, tiene que ser una persona de peso político, que esté en condiciones de dar el debate sobre la revisión de las cuentas de la presidencia de Macri que falta revisar - la de 2018 y 2019 (las anteriores están aprobadas por la AGN, pero falta el voto en el recinto, como le ocurre a los años de Cristina 2015 y los dos primeros de Cambiemos).

Macri espera la respuesta de Pichetto, que ha prometido pensar esa propuesta. Cree, a diferencia de otros dirigentes de su partido, que no es necesario que sea, en caso de la negativa de su ex compañero de fórmula, un político de relieve público. Prefiere que sea alguien con representación política, pero que agregue competencia técnica y que resuelva problemas de detalles como son los que se discuten cundo se revisan las cuentas de un gobierno. Nadie atina a apostar nombres.

Si por Macri fuera, entienden los que leen sus labios, un candidato ideal sería un Néstor Grindetti. Este dirigente ganó en 2019 la reelección como intendente de Lanús, en donde desplazó del poder al peronismo por primera vez en la historia. Fue empleado en la empresa familiar Socma, y administró las finanzas de la CABA durante el primer mandato de Macri. Es un Pro de paladar negro que va por el segundo mandato en Lanús y no tiene reelección. ¿Dejará el cargo si Macri le pide que sea auditor? La norma vigente pone como condición tener "título universitario en el área de Ciencias Económicas o Derecho, con probada especialización en administración financiera y control. Es actuario, una titulación del área de ciencias económicas. En ese bolillero no abundan los nombres a los que el Pro puede acudir.

Algunos parecen sobrecalificados y con un alto costo de oportunidad, como el exdiputado Carlos Balter, presidente del partido Demócrata Nacional, aliado al Pro de Mendoza. Es un prestigioso profesional y tiene uno de los estudios de consultoría contable y auditoría más importantes del país. Dejar esa actividad para asumir la silla en la AGN es un desafío, si Macri lo hace girar entre los nombres para cubrir las vacantes que le corresponde a su partido.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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