Lunes, 23 Marzo 2020 00:00

El peronismo prueba otra vez con los militares en las calles - Por Fernando González

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Alberto Fernández los incluyó en tareas sociales, pero ha ordenado que no participen de la seguridad.

 

"Veremos cosas que jamás creíamos que íbamos a volver a ver en la Argentina y en todo el planeta". La frase la pronunciaba un funcionario del Gobierno cuando se le preguntó en la trasnoche del jueves 19 de marzo si los militares podrían participar de las tareas de seguridad durante la cuarentena. Alberto Fernández​ terminaba de hacer el anuncio más drástico desde que Fernando De la Rúa decretara el estado de sitio el 20 de diciembre de 2001. Una medida extrema y dramática que apenas duró algunas horas. La violencia en las calles y los treinta muertos acabaron rápido con la iniciativa. Y también con aquel gobierno experimental que fue la Alianza.

Los militares en las calles es una imagen que todavía perturba a la mayoría de la dirigencia política argentina. Los ocho años de la última dictadura, con su secuela de muertos y de desaparecidos, abrieron una grieta que cuesta mucho cerrar. No ayudaron, claro, ni la falta de arrepentimiento de los represores durante el Juicio a las Juntas que llevó adelante Raúl Alfonsín en 1985 ni los levantamientos carapintadas que comenzaron dos años después, originados justamente por el intento beligerante de evadir los procesos judiciales.

Y es al peronismo al que le toca una vez más acudir al auxilio de las tropas y de la infraestructura militar. Quizás porque Juan Domingo Perón fue un general del Ejército argentino, los peronistas siempre han mostrado propensión a echar mano de los militares en situaciones extremas. Lo hicieron en 1973, durante la efímera gestión de Héctor J Cámpora. El Operativo Dorrego, como se lo llamó entonces, impulsó una serie de iniciativas conjuntas en los barrios entre los sectores militares que simpatizaban con el peronismo y la organización Montoneros.

La idea era tender un puente entre las Fuerzas Armadas y los grupos guerrilleros bajo la bandera de la acción social. Pero no pudo ser. El gobierno camporista duró 49 días y el Operativo Dorrego no aguantó mucho más. Entró en decadencia con la derechización del último Perón, la radicalización de las organizaciones armadas y el aumento exponencial de los enfrentamientos y los cadáveres que se produjo en los meses siguientes. El país adolescente entraba a toda velocidad a una de sus excursiones más oscuras.

El kirchnerismo tuvo también su cuarto de hora de romance con los militares cuando Cristina designó a César Milani como Jefe del Ejército. Su figura despertó algunas controversias entre las organizaciones de Derechos Humanos por su actividad durante la última dictadura. Y hubo dirigentes como Hebe de Bonafini que lo defendieron como si se tratara de un héroe de guerra. Pero la aparición de causas judiciales en su contra por desapariciones jamás esclarecidas en Tucumán y en La Rioja eclipsaron al general preferido de la actual vicepresidenta. Ni siquiera los fallos acomodaticios de la Justicia que favorecieron a Milani en los últimos meses lograron que algún peronista relevante saliera a defenderlo.

Quizás esté presente incierto por la bomba neutrónica del coronavirus ​le otorgue a Alberto Fernández una oportunidad de reestablecer aquel deseo histórico peronista de restañar las heridas con los militares. “Nosotros somos peronistas; podemos poner a los militares en la calle y hasta que Estela de Carlotto nos apoye”, se anima en reserva uno de los hombres de mayor confianza con el Presidente. Era un tema que evidentemente venían hablando porque las primeras pruebas se pudieron observar durante el fin de semana largo que terminó siendo de cuarentena.

El límite que ha puesto el Presidente es que ningún militar forme parte de los esfuerzos por hacer cumplir la cuarentena. Esa tarea, que podría incluir el uso de la fuerza y la represión de desbordes violentos, queda exclusivamente en manos de las fuerzas de seguridad. Los militares, como se ha visto ya en algunos barrios del Gran Buenos Aires y del interior del país, ayudarán en tareas sociales y hasta en la distribución de alimentos. Las redes sociales muestran algunas imágenes donde la labor de los soldados es coronada incluso con aplausos discretos. ¿Será esto el comienzo de algo nuevo o se esfumará cuando el coronavirus dé a conocer su peor cara?

Ha sido el politólogo Andrés Malamud quien el domingo escribió en Clarín que la Argentina es un desastre en tiempos de bonanza y puede recuperarse cuando asoman las tragedias. Allí están los militares entonces. Repartiendo comida y medicamentos en los barrios. Generando la simpatía de algunos y despertando el enojo de otros. Los que han decidido crucificar también a los herederos de aquellos que, hace ya medio siglo, perfeccionaron el pecado del terrorismo de estado.

Fernando González

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