Fernando González

Fernando González

Para el espacio político que gobierna el país, es vital el modo en que el Presidente y Carrió resuelvan la ecuación de la convivencia.

 

El Presidente arrastra defectos de origen y es Elisa Carrió quien siempre se lo hace notar.

 

El enojo y la inquietud del Presidente se relaciona con el hecho de que sólo circulan datos que apuntan a su entorno. 

 

La acusación de la ex presidenta está ahí, limpita. Los que no votaron a su candidato, a Scioli, es porque no leyeron lo suficiente.

 

Daniel Scioli se ha convertido en un enigma para los consultores políticos. Si a cualquiera de ellos le hubieran pedido pronosticar hace un año éste presente de culebrón caribeño que vive el ex gobernador seguramente nadie lo habría adivinado.

 

El líder del Frente Renovador intenta mostrar iniciativas que puedan golpear a Macri, a Cristina o a los dos, en el mejor de los casos.

 

Cada una se juega una apuesta especial que va a determinar el nuevo mapa del poder. Y el futuro de Macri.

 

Siempre son las muertes dramáticas las que empujan las leyes que necesita la Argentina.

 

Inflación, tasa de interés y actividad productiva constituyen un desafío difícil para el Gobierno, en el camino que se abre hacia las elecciones. 

 

¿Está dispuesto el Presidente a cambiar algunos aspectos del universo sindical? El fracaso de la ley Mucci aún tiene resonancia. 

 

El Presidente enfrenta la demanda de conducir al país, y el desafío es integrar a todos los sectores en vez de acentuar las fronteras. 

 

Los ministros macristas juran que en el 2017 habrá una mejora del salario real. Los sindicalistas se ríen.

 

La reducción de los subsidios energéticos y el consecuente aumento de las tarifas de gas y electricidad tienen un obstáculo cada vez más complejo en la telaraña judicial que ha construido el kirchnerismo.

 

Como en decenas de ocasiones durante las últimas décadas, la Argentina atraviesa un momento crítico. Esta vez le toca a Mauricio Macri acertar con las respuestas para la crisis.

 

Las internas crecientes en el Frente Cambiemos no tranquilizan a los inversores y el protagonismo de Elisa Carrió les eriza la piel.

 

El fútbol expone a su manera la dimensión de la crisis que atraviesa la Argentina. Crisis de gestión, de proyectos, de transparencia.

 

Las elecciones no pueden detener jamás el funcionamiento de un país. Es así de simple.

 

Orcos y Elfos, los que pelean en la oscuridad y los otros, trabajan juntos: el temor a dar más pasos en falso les ha hecho dejar de lado diferencias. 

 

Se trata de encontrar un sendero equilibrado entre la racionalidad del retorno al mundo y la nueva realidad global que genera Trump.

 

"Yo no creo que sea el fin del mundo perder una elección. Porque no creo eso de que, si el oficialismo no gana las elecciones intermedias, se pone en juego la gobernabilidad”. La frase la dijo María Eugenia Vidal hace una semana.

 

Volar a Malvinas, las islas que no conocen Macri, Massa, Pinedo, Carrió y Cristina

 

Mauricio o Néstor: la palabra soberanía después de comer siempre cae pesada

Al Presidente se le escapan algunas sutilezas del lenguaje cifrado y cuidadoso de la diplomacia. Ayer, metió la pata.

 

A Perón le gustaba definir al peronismo como un movimiento policlasista. Donde confluían diferentes sectores sociales y aliados que ampliaban la base de sustentación.

 

Atributos y dificultades de la gobernadora bonaerense.

A veces, el poder tiene coincidencias extrañas. Margarita y Elisa son rubias, son diputadas, las dos se formaron en la Unión Cívica Radical y comparten una llamativa habilidad para la denuncia con plataforma judicial.

 

Nadie arriesga a decir si Macri sufre o se divierte con la tirria entre sus colaboradores pero no ha hecho gran cosa por ponerle límites.

        

Mauricio Macri cuenta con la fortuna transitoria de la diáspora del pueblo peronista. Sólo los achaques de Cristina, del kirchnerismo con expediente judicial abierto y del tembloroso peronismo renovador explican que el Presidente no esté pagando un costo político más alto por algunas defecciones políticas incomprensibles.

 

Aunque las batallas políticas de Mauricio Macri no tienen el volumen de confrontación que utilizó el kirchnerismo, el Presidente ha elegido con precisión las disputas sobre las que pretende construir o defender su espacio de poder.

 

No es Mauricio Macri el primer presidente que se reúne oficialmente con una celebridad. Quedaron para la posteridad aquellas postales de Carlos Menem con Madonna y con los Rolling Stones.

 

Como si la Argentina no tuviera suficientes problemas autóctonos, la victoria del Brexit en el Reino Unido le generó un interrogante inesperado a una economía en crisis.

 

La felicidad depende de variaciones sutiles. Siempre es así. Y este análisis sería mucho más fácil de elaborar si Lionel Messi hubiera convertido el penal y la Argentina estuviera ahora disfrutando la ficción inigualable de un campeonato de fútbol.

Los tatuajes son indelebles. Son para toda la vida. Y esa es una de las mayores dificultades que tiene esa tendencia tan de moda a llenarse el cuerpo de dibujos. Es lo que le está sucediendo a la diputada Juliana Di Tulio, una dirigente respetada aún por quienes están lejos de sus ideas políticas.

Hoy temprano, cuando se confirme el veto presidencial a la ley de doble indemnización que pergeñaron los gremios, el kirchnerismo y la izquierda, Mauricio Macri se zambullirá en una experiencia política impredecible.

La escena se produjo hace 15 días en la Casa Rosada. Quienes escuchaban eran los cinco legisladores más influyentes del oficialismo. Y el que hablaba, el que casi gritaba era Mauricio Macri.

Muy pocos pensaban que iba a ganar las elecciones y a convertirse en gobernadora el 25 de octubre pasado. Y mucho menos que hoy sería la dirigente más popular de la Argentina.

El día en que vetó la ley de doble indemnización, Mauricio Macri le puso un tensor a la gobernabilidad. Se despegó definitivamente de la idea de coalición con sectores opositores y se encomendó a la construcción permanente de una mayoría parlamentaria que no tiene.

El de Mauricio Macri y Sergio Massa es uno de los múltiples conflictos personales sobre los que está construida la sinrazón argentina. Uno nació en cuna de oro con padre empresario y el otro en un hogar de clase media típico del conurbano bonaerense.

La mañana de ayer pudo ser un punto de inflexión para Mauricio Macri.

Nacido en un hogar próspero, educado en los mejores colegios y formado bajo la óptica empresaria de la familia, Mauricio Macri suele resolver los conflictos de su gestión de gobierno a golpe de billetera. Es su estilo y hasta ahora no le va demasiado mal.

 

El Presidente estaba en su despacho conversando con dos colaboradores y dos periodistas. Sonó la llamada en la versión teckie del teléfono rojo que tiene a un metro suyo y atendió. El mensaje debía ser lo suficientemente importante como para que lo interrumpieran. Mauricio Macri escuchó en silencio durante un minuto. La última parte de la llamada pareció aliviarlo.

 

Desde que se mide este flagelo, a fines de los 80, fueron los presidentes que mayor descenso del índice lograron. Pero eso no los convierte en grandes mandatarios.

 

Los desencuentros entre Macri, el macrismo y los empresarios parecen postales descoloridas ahora.

 

Hay un fantasma que recorre el cuerpo de cada funcionario del gobierno de Mauricio Macri. La mayoría de ellos ya están convencidos de que el futuro inmediato los encontrará nadando en el éxito. Que la inflación seguirá bajando y que estará por debajo del 20% el año próximo. Que el blanqueo y los aumentos a jubilados mejorarán el ánimo de la sociedad.

 

Carrió pasa por un buen momento en su conexión con Macri y tiene una relación cálida con Juliana Awada.

 

Conoció la política al zambullirse en la primavera alfonsinista como muchos jóvenes de su misma generación.

        

Macri habla así para graficar cuánto pierden las prioridades del Estado cuando se gasta en cuestiones superficiales.

 

Gioja quedó atrapado en su propia patinada y tuvo que retroceder públicamente. Pidió disculpas por el exabrupto.

 

Traspiés en el Congreso y una economía que no despega son el telón de fondo de la puja interna.

 

Prat-Gay es uno de los más temidos por el tándem Quintana-Lopetegui. Es reacio a las sugerencias de cualquier tipo.

 

En la indigencia del llano, evalúa el modo de diferenciarse y presentarse como la opción confiable de un peronismo sin brújula.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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