Domingo, 22 Noviembre 2020 06:59

Plegarias para Biden por el FMI y alianza con los chinos – Por Ricardo Kirschbaum

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En su afán de confundir la realidad con sus deseos, los funcionarios argentinos parecen creer que Biden es un socialdemócrata, lo mismo que dicen los seguidores de Trump pero con otro sentido.

Alberto Fernández fue el primer presidente de la región en saludar por Twitter la victoria de Joe Biden en Estados Unidos. El demócrata prefirió comenzar por Piñera, el acosado ocupante del Palacio de la Moneda en Chile, para dialogar por teléfono. Hay quienes explican que la decisión de Biden fue personal porque es amigo del presidente trasandino, tratando de despojar a ese gesto de contenido político. “Es lo mismo que pasaba entre Trump y Macri”, explicó una fuente, confirmando así lo que se intentaba minimizar.

En su afán de confundir la realidad con sus deseos, los funcionarios argentinos parecen creer que Biden es un socialdemócrata, lo mismo que dicen los seguidores de Trump pero con otro sentido. Por eso, que haya elegido antes a Piñera, un empresario de derecha los descolocó. Si se fijaran en la historia reciente encontrarían respuestas más sólidas: Chile ha tenido una política exterior coherente y un acuerdo de libre comercio con EE.UU. Además, Cristina Kirchner se llevó mal con Obama, el presidente negro que fue el más progresista desde John Kennedy, a pesar del desastre de Bahía de Cochinos. Biden era su vicepresidente. Fernández tendrá pronto su diálogo con Biden. En la gestión está Jorge Argüello, el embajador en Washington, que se pasó casi 15 días aquí, para explicar que el acuerdo con el FMI se pasará para febrero, y que no será fácil. Y para asistir al Presidente en la reunión virtual del G-20.

Esta esperanza depositada en Biden sucede simultáneamente con el compromiso del gobierno a formar parte de la Ruta de la Seda, la gran iniciativa china, decisión que Estados Unidos no celebra, sino que combate. El canciller Solá fue aún más allá cuando aseguró que su gobierno tiene “coincidencias de fondo que hacen a su visión del mundo” con China, una potencia capitalista gobernada con mano de hierro por el Partido Comunista. Solá acaba de reunirse con Cristina, un cónclave que dio que hablar. Para unos, esa reunión tuvo la venia de Fernández; para otros, fue una reacción porque el canciller siente que hay temas que mira desde la tribuna.

Como un aporte a la opacidad, el aliado regional de Fernández, el mexicano López Obrador -de quien el presidente argentino dijo que era su compañero de ruta para cambiar el mundo- acaba de obtener de Trump la libertad de un ex ministro de Defensa que había sido detenido en Los Ángeles acusado de ser el jefe máximo del narcotráfico en México. Trump se lo entregó -en su país quedará libre- como agradecimiento de que López Obrador aún no reconoció el triunfo de Biden. Lo que hizo AMLO es pragmatismo al palo: discurso progre, alianza con Trump y un oscuro acuerdo por un militar vinculado al mundo narco.

La Cancillería argentina definió como un “no alineamiento activo” a los zigzagueos de la política exterior. Es difícil de explicar que, en medio de una negociación, como es la del FMI, se monte un escenario de confrontación y, al mismo tiempo, se esté conviniendo un ajuste. La confrontación es para que el kirchnerismo tenga relato; el ajuste, o como Martín Guzmán lo quiera llamar, viene inevitable en una economía desfasada.

Estas contradicciones se plantean en un país donde la recuperación del equilibrio requiere control social, que es el que ofrece el peronismo, a cuyo costo político la épica puede dotar de excusas y maquillajes, pero le resultará imposible ocultarlo.

Ricardo Kirschbaum

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