Miércoles, 12 Mayo 2021 13:22

Clase de Derecho al profesor Fernández - Por Ricardo Roa

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De rebote se la dio Pedro Sánchez: una ley no puede sustituir a la Constitución.

La ligó de rebote, pero la ligó igual. Alberto Fernández y Pedro Sánchez hablaban con periodistas y al presidente español le preguntaron por los gobiernos locales que reclaman en la Justicia autonomía para cerrar actividades. ¿Y qué contestó Sánchez que le pegó de rebote a Fernández? Dijo: “Seguridad jurídica, garantías legales. Una ley ordinaria no va a sustituir nunca la Constitución Española. Esto es de primer año de Derecho”.

Sánchez se arropa en la Constitución para oponerse a esas comunidades que por la pandemia pretenden mantener el toque de queda y otras restricciones después de que él levantara el estado de alarma en el país.

Es el mismo debate o uno muy parecido al que hay aquí, sólo que con los protagonistas invertidos. Era de ver la cara que puso Fernández cuando escuchó semejante veredicto de su amigo Sánchez. Y es de imaginar que le vino a la cabeza otro fallido, el de López Obrador, a fines de febrero en México.

Estaba bien fresco el escándalo del vacunatorio VIP, por donde entre otros habían pasado el abogado y procurador del Tesoro, Zannini y su esposa como personal de salud. Con ese antecedente, el presidente López Obrador recibió a Fernández con un “aquí no haya preferencias para nadie” cuando le preguntaron si en su país también funcionarios y amigos del poder se vacunaban primero.

Por un DNU, Fernández ordenó cerrar las escuelas, arremetiendo contra Rodríguez Larreta. Además de la Ciudad, se le rebelaron Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Metió la pata. Y está metiéndola ahora, después de que la Corte le recordara que es derecho constitucional de las provincias decidir sobre sus colegios.

Fernández va contra esa sentencia. Maqueda y Rosatti, dos de los jueces de origen peronista, le advirtieron algo más: que no puede violar la autonomía porteña ni por decreto ni por ley. Es lo que Fernández, con la sangre en el ojo, pretenderá si el Congreso aprueba su reclamo de poderes especiales, de hecho por encima de la Constitución.

Usa la excusa sanitaria: después de 14 meses de enfrentar al virus, descubre que los criterios epidemiológicos deben fijarse por ley. Un poco tarde. Todos sabemos qué hay en el medio: una cuarentena interminable, pocos o muy pocos testeos, cerca de 3.200.000 contagios y 68.000 muertos. Y muchas más promesas que vacunados: 1.496.279 con las dos dosis, apenas el 3,27% de la población.

La deplorable gestión de la pandemia fue calificada de esa manera al mundo por la agencia Bloomberg, que nos ubica en los peores puestos: 51 entre 53, detrás de Pakistán, Perú, Irak y Bangladesh.

¿El Senado será un paseo para el proyecto de superpoderes? Hay quienes dicen que no. En Diputados llegan justo con el quórum. Suman a los votos propios siete u ocho del mini bloque del mendocino Ramón, que empezó opositor y Massa con prebendas convirtió en más oficialista que Máximo Kirchner, más otros aliados provinciales.

Al menos tres del lavagnismo se opondrán. ¿Dudas? Los dos socialistas de Santa Fe y los cuatro de Schiaretti, que abrió las escuelas, pero ha ordenado acompañar al kirchnerismo en todo, como en la moratoria para Cristóbal López y la quita de fondos para Larreta. Otros que venderán su voto son algunos de los que terminan su mandato y el Gobierno es la chance de trabajo que les queda.

La película no terminará ahí: viene casi cantado que si hay ley habrá batalla judicial tan ruidosa como con el cierre de las escuelas. 

Ricardo Roa

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