Domingo, 23 Mayo 2021 12:13

Fernández se subordina a los deseos de Kicillof - Por Ricardo Kirschbaum

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La prohibición de exportar carne ha sido el último episodio en el que se impuso la posición de Kicillof.

 

La última explicación para la paciencia oriental de Fernández a las presiones de Cristina es que tiene un límite, lo que en sí mismo es una noticia. Esa vocación de tragarse sapos de todo color y tamaño se terminaría, prometen, el 14 de noviembre, cuando se abran las urnas. Para que el Presidente pueda celebrar su “liberación” necesitaría que el oficialismo triunfe y que lo haga por una diferencia que le permita romper la paridad que traba sus proyectos en el Congreso. Como ambas condiciones hoy están en serias dudas, la pregunta que deberían hacerse los que han comenzado a difundir esta hipótesis es qué pasará si ocurre lo contrario, o al menos, como es probable, si todo sigue como hasta ahora.

 

Si eso dicen los que todavía creen que la sumisión actual es una maniobra táctica genial de Fernández para juntar músculo y luego cumplir la promesa de un gobierno del “Presidente y 24 gobernadores”, veamos lo que está pasando: recontra confinamiento, vacunas que se esperan pero siguen ausentes, inflación en alza, precios máximos, prohibición de exportar carne. Y huelga del campo.

En medio de todo eso, presiones para poner un procurador general amigo. ¿Nada más? No. Sigue: piedra esmeril para el ministro Guzmán, el que no pudo sacarse de encima a un subsecretario porque el Presidente sólo lo acompañó de palabra.

Es muy complicado encontrarle alguna lógica al sistema de decisión en un gobierno con muy serias diferencias internas: termina siendo suma cero. La prohibición de exportar carne ha sido el último episodio en el que se impuso, temporariamente, la posición de Kicillof, susurrada al oído de Cristina. Al menos tres ministros quedaron desairados: Guzmán, que debe gestionar teniendo como amenaza la sombra de Augusto Costa, precalentando para reemplazarlo; Kulfas, quien estaba negociando con los empresarios de la carne, cuando se metió Kicillof; y Basterra, el invisible ministro de Agricultura. Felipe Solá, consultado en estos temas porque los conoce, anduvo en esas peripecias en un segundo plano. Y se salvó de las esquirlas. El canciller tendrá su momento de centralidad hoy cuando se reúna en Quito con Juan González, el asesor de Biden para la región.

¿Por qué Fernández permite estos desaguisados? Hay experiencias que demuestran que estas políticas han fracasado. Pero el Presidente comparte los miedos de Cristina y Kicillof sobre el resultado electoral en la Provincia, más cuando Randazzo comenzó a tener mayor volumen político que puede impactar en los números del oficialismo. Esos temores disparan decisiones de vuelo corto sólo pensadas para intentar ganar a cualquier precio.

Entonces, el Gobierno subordinó su política sanitaria y económica a ese resultado en la provincia de Buenos Aires. Ruega por las vacunas -el embajador Argüello se dedica full time a rogarle a EE.UU. que derrame las que acaparó- y trata de instalar que el responsable de la pandemia es Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno del “foco séptico” porteño, como lo definió un asesor de Kicillof.

Una política tan pobre ésta de echarle siempre la culpa a cualquier otro – la oposición, el mundo, el clima, el virus- para esconder la ya indisimulable ineptitud.

Ricardo Kirschbaum

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