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Domingo, 11 Julio 2021 09:34

El huracán que teme Cristina Kirchner y el plan robótico que tiene en vilo a Horacio Rodríguez Larreta - Por Santiago Fioriti

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La crisis altera a la vicepresidenta. Las disputas con Alberto y el enojo de Máximo. El alcalde da varias peleas en simultáneo. Negocian con Manes y la UCR en provincia. Pacto con López Murphy.

“Mirá esto”, dice Cristina cuando necesita reforzar sus hipótesis. Le gusta sacar fotocopias de una carpeta en la que va archivando informes con datos económicos privilegiados. En su despacho del Senado conserva planillas con la ejecución presupuestaria de cada ministerio, con lo que queda por ejecutar y con los recortes de partidas que provocó la crisis. En sus archivos también acumula gráficos con el nivel de reservas de dólares y cómo han ido oscilando las arcas del Banco Central desde que se reforzó el cepo cambiario. Tiene datos sobre cuánto paga el PAMI por medicamentos y vacunas y cómo se han movido los precios. Cuáles son los compromisos con el FMI. Y cómo se altera en tiempo real la recaudación de la AFIP. “Me hizo acordar a cuando Néstor sacaba el cuaderno con la plata que entraba y salía por día”, cuenta uno de sus últimos visitantes.

La crisis económica obsesiona a la vicepresidenta. La obsesiona y altera su semblante con demasiada frecuencia. Las últimas conversaciones con Alberto Fernández fueron ásperas. Aunque se han prometido no dinamitar más el camino hacia las primarias del 12 de septiembre, a veces no pueden atemperar los ánimos.

La pandemia no deja de arrojar cifras escalofriantes de muertos y el proceso de vacunación con dos dosis abarca a menos del 11 % de la población, pero ella considera que para las PASO la situación estará controlada. Es la economía, como decía el asesor de Clinton, la que podría tumbar sus aspiraciones de permanencia en el poder: si el Frente de Todos pierde las legislativas se abrirá un enorme interrogante rumbo a 2023.

Su diagnóstico de lo que está ocurriendo se diferencia notablemente del de Fernández. El Presidente cree que se ha hecho mucho para paliar la caída del 9,9 % del PBI del año pasado. Ese fue el mensaje con el que llegó Santiago Cafiero a su presentación en el Congreso. Cristina supone que se hizo menos de lo necesario y cuestiona que la prioridad de su socio sea acordar con el Fondo. Alberto cree que el camino hacia las primarias está allanado y ella lo ve mucho más difícil.

“Estamos ganando por diez puntos en la provincia de Buenos Aires”, dicen cerca de Alberto. No es que Cristina crea que no puedan ganar, pero no está convencida. Teme que, si continúa agravándose la situación de los sectores populares y no se avizora un horizonte, podría ver mermado su poder de fuego en el Conurbano profundo, donde el oficialismo necesita mantener altísimos niveles de adhesión para equiparar la caída en las ciudades grandes del interior.

En el comando cristinista cada tanto sobrevuelan los fantasmas de 2009 y 2013, cuando ella gobernaba el país, y el kirchnerismo perdió en el principal distrito. El recuerdo de 2013 es más acuciante y representa un espejo del terror para el cristinismo: predijo lo que ocurriría con el ascenso de Mauricio Macri dos años después.

Buenos Aires sigue siendo, como en los cuatro mandatos kirchneristas, el foco de preocupación en las deliberaciones del Gobierno y de sus aliados. Así como el Conurbano es clave para retener el distrito, la Provincia resulta vital para equiparar los malos resultados que se esperan en los otros grandes territorios nacionales. Córdoba es la provincia donde mejor mide Mauricio Macri; Mendoza es gobernada por los radicales; en la Ciudad, Juntos por el Cambio espera superar el cincuenta por ciento de los votos; y en Santa Fe, donde administra el peronista Omar Perotti, el resultado asoma incierto.

“Si perdemos Buenos Aires se viene un huracán para los dos últimos años de Alberto. Eso es lo que está alertando Cristina”, dice uno de sus hombres de mayor confianza. Lo que no dice se puede leer entre líneas: una derrota la alejaría de modo dramático de poder designar a un candidato puro para las próximas presidenciales, y no ya a un delegado, como los camporistas consideran a Alberto. Axel Kicillof o Máximo Kirchner. “Una caída arrastra a Alberto, pero también a nosotros”, es la coincidencia unánime en el Frente de Todos.

Máximo Kirchner puso en palabras algunas de las diferencias con el primer mandatario durante un revelador discurso en la Cámara de Diputados. Pidió un país con “más autoestima” y que no vaya a “buscar la validación afuera”. Exigió una Argentina “que no sea un juguete de las circunstancias” y que no ceda ante “los caprichos de los laboratorios” ni del FMI. Dio un paso más del que había dado su madre una semana antes, en Lomas de Zamora. Aquella vez, Alberto decidió callar. Ahora contestó. Dijo que antes de claudicar preferiría irse a su casa. No fue la metáfora más feliz. Ni es la primera vez que la agita. Lo ha hecho en privado, también.

Cristina y La Cámpora presionan para que la Casa Rosada vuelque dinero urgente a los estratos sociales más perjudicados por el parate económico. La carrera de los salarios contra la inflación es otra zona de disputa. Alberto Fernández acaba de adelantar la suba del salario mínimo e instó al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, a que se reabran todas las paritarias.

Ese es otro mensaje que busca imponer el Gobierno: que los salarios se terminarán imponiendo en 2021 a la suba de precios. Martín Guzmán resiste como puede. Su plan se hizo añicos. Las subas ya trepan al 23,7 %. El ministro había previsto incrementos del 29 % para todo el año. Si continúa por este sendero podría quedar muy cerca del 53,8 % que dejó Macri. Con un agravante lacerante para el relato: hoy existen más desempleo y más pobreza, que ya por entonces eran muy altos.

“El Gobierno entiende que toda la gente que duda o que directamente no quiere ir a votar, antes de hacerlo se formulará una única pregunta: ¿estaba mejor antes o ahora? De eso dependerá su voto”, razona un encuestador que suele trabajar para la oposición.

La oferta electoral opositora comienza a develarse. Facundo Manes se lanzó y en los próximos días lo hará Diego Santilli. Es un enigma si Jorge Macri seguirá en la grilla de largada. “Le está pidiendo de todo a Horacio para bajarse”, dicen en la sede del Gobierno porteño.

Horacio Rodríguez Larreta no abandona su deseo de una lista de unidad en la Provincia, que incluso podría incluir a Manes. Difícilmente haya acuerdo. El neurólogo quiere encabezar la boleta. El alcalde sostiene que Santilli le lleva una buena diferencia en las encuestas. Larreta ha ganado algunas peleas y ha perdido otras. Los peronistas Emilio Monzó y Joaquín de la Torre están a un paso de jugar para Manes.

Entre los éxitos de Larreta se cuenta que ha logrado que Patricia Bullrich se baje. No le salió gratis, desde luego. Su plan robótico, como lo llaman quienes mejor lo conocen, se vio alterado. No es el que había imaginado hace unos meses. No solo es costoso: le genera muchos dolores de cabeza cotidianos. Tuvo y tiene que lidiar con peleas internas y externas de modo prematuro. Con Macri y con Cristina al mismo tiempo.

Las luminarias están sobre su figura. Puede irle bien y quedarse con el liderazgo indiscutido de Juntos por el Cambio. O no. Decidió arriesgar.

Ayer presentó a María Eugenia Vidal como candidata a diputada por la Ciudad. Una puesta en escena cuidada, donde ambos aparecieron rodeados por dirigentes de todos los partidos del frente. Varios de ellos, hasta ayer nomás decían que Vidal tenía actitudes caprichosas por querer abandonar la Provincia para ganar en un distrito que no corre ningún riesgo.

Su rival no será Bullrich, pero sí Ricardo López Murphy. El Bulldog promete ser cooperativo y fraterno durante la campaña. Hace un año no se hubiera enganchado en una interna. Lo hará -asegura- porque observa una atmósfera complicada en términos republicanos, frente a tentaciones hegemónicas del kirchnerismo.

Viene hablando desde hace meses con Larreta y Vidal. Las conversaciones no fueron fáciles. López Murphy tiene una mirada demasiado crítica de la gestión presidencial de Macri. Antes de formalizar la alianza, pidió “libertad narrativa”. Con Vidal se conocen desde hace muchos años. Ya pocos lo recuerdan. Pero en 2005 él fue candidato a senador por la provincia de Buenos Aires. En la misma boleta, para diputados, lideraba Pablo Tonelli. Colgada de la sábana, en el puesto cinco, se presentaba una joven de Flores, a la que todavía nadie vislumbraba como una promesa.

Santiago Fioriti

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