Domingo, 24 Octubre 2021 10:36

Manzur firma el empate; Cristina se mimetiza - Por Ricardo Kirschbaum

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El peronismo clásico, refugiado en el interior, viene a salvar a ese otro peronismo clásico, del conurbano.

Está bastante claro que el tucumano Manzur juega a perder por poco o conseguir un empate, que sería como ganar, porque ganar, como están las cosas, sería más milagro que la manito que el ahora jefe de Gabinete le acaba de pedir a Dios. Esto, por fuera de los increíbles enredos en que se mete Alberto Fernández casi todos los días haciendo casi una campaña al revés, como lo reveló la insólita carta presidencial a la gobernadora de Río Negro por los ataques de los autopercibidos mapuches, que causó estupor en varios ministros. Y porque también está bastante claro que al dólar es más difícil ponerle precio máximo que a los fideos. El movimiento devaluatorio regional -y mundial- es un dato relevante que más temprano que tarde golpeará a estas costas.

¿Por qué un empate sería casi ganar? Porque reducir la diferencia de septiembre será presentado como un triunfo. Además, un tercer factor decisivo a futuro se pone más claro: la remontada se la pretenderá adjudicar el peronismo clásico, aunque esto no impedirá al kirchnerismo hacer los ruidos retóricos de siempre, porque los resultados de las PASO fueron y son diagnóstico: el gobierno falló y no por ese “algo” al que intentó reducir Fernández el fiasco, sino por razones más contundentes a los que llevó la impericia: frustración popular. Ese sentimiento combinado con la incertidumbre económica es un cóctel explosivo para cualquier intento electoral.

El peronismo, digamos, clásico, refugiado en el interior viene a salvar a ese otro peronismo clásico, el del conurbano que, copado por el kirchnerismo, sencillamente perdió. Hasta ahora el gobierno no ha diagnosticado ni siquiera ese “algo” que lo puso en jaque legislativo: el plan “platita” desnuda la desesperación más que el interés social del oficialismo y al mismo tiempo alimenta pesados temores de agudización de la inflación. A esos temores los refleja, como siempre, el dólar.

Consiga o no Manzur lo que se ha propuesto, inevitablemente el peronismo tendrá después de las legislativas que resolver cómo cruza el desierto con una sardina en la mano (frase acuñada hace tiempo dentro del propio peronismo) y se banca un debate muy profundo, con consecuencias inciertas, en el que se pondrán sobre la mesa cuestiones indiscutibles hasta hace poco tiempo. Previsora, Cristina, en su discurso en la ESMA, giró hacia el peronismo tratando de evitar lo que otros ya pergeñan en la mesa de arena de la política de reducir al kirchnerismo a una minoría más dentro del movimiento. Aquellas experiencias de Unidad Ciudadana y Unidos y Organizados, que buscaban reducir al PJ a una tendencia, han fracasado. La Cámpora, por ahora y solo por ahora, se ha disciplinado a la estrategia general. Solo es una frágil tregua.

Ese giro de Cristina es, también, un reconocimiento de esta repentina debilidad.

Si se considera lo más factible, un empate, medio empate o perder por poco (¿cuánto es poco?) podría facilitar el camino: acordar con el Fondo Monetario (diciembre Carta de Intención y acuerdo en enero) y tratar de acomodar la economía para frenar el plano inclinado. ¿Es que acaso en estas circunstancias el gobierno puede postergar sine die ese acuerdo?

Ocurre que además de legislativas, estas elecciones son una verdadera interna peronista en este sentido: si hay remontada o al menos no más hundimiento, el peronismo de los gobernadores, sindicalistas y los intendentes sacará pecho.

Habrá que ver, entonces, en qué lugar de la grilla de poder quedan Máximo Kirchner y Alex Kicillof. Y sobre todo Cristina, que perdió la capacidad del dedazo, pero conserva intacto su poder de veto.

Ricardo Kirschbaum

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