Domingo, 19 Diciembre 2021 09:20

La amenaza oculta: en solo dos años, la deuda argentina que se ajusta por la inflación se disparó casi 160% en dólares - Por Sergio Serrichio

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Aunque la parte en moneda local representa solo 28% del pasivo total del Tesoro, tiene una fortísima inercia pues en gran parte se ajusta por dólar e inflación. Advertencia del FMI 

En un extenso hilo por la red Twitter el ministro de Economía, Martín Guzmán, buscó este viernes endilgarle a la oposición -por su rechazo del proyecto de presupuesto 2022 que la exmayoría oficialista había dejado dormir tres meses en el Congreso- un eventual fracaso en la negociación con el FMI. 

“Significa rechazar la programación macroeconómica que viene siendo la base de las negociaciones con el FMI para refinanciar la deuda absurda y dañina de USD 44.000 millones que tomó el mismo espacio político que hoy ‘volteó’ el presupuesto. Y claro, afecta las negociaciones”, escribió un muy picante y político Guzmán.

El rechazo del presupuesto dijo luego el propio presidente Alberto Fernández, en un intercambio virtual con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, es “un problema inesperado”.

En verdad, a la negociación la complica más el choque entre la evolución de las variables y lo que estaría dispuesto a firmar el Fondo, habituado a la ortodoxia fiscal y monetaria. Ortodoxia que lo llevó hace una semana a emitir un comunicado en el que reconoció por primera vez “avances” en la negociación, pero también a explicitar condiciones como una política cambiaria “sostenible”, un aumento de reservas del BCRA y tasas de interés reales positivas (esto es, superiores a la inflación).

Inercia complicada

La colisión entre la actual inercia y la posición del Fondo que, se suponía, Guzmán habría superado en las decenas de viajes y reuniones que mantuvo con el Staff y la cúpula del organismo es un obstáculo mucho más importante que la aprobación de un presupuesto con proyecciones tan fantasiosas. Difícilmente el FMI considere creíble una disminución de casi 20 puntos en la tasa de inflación si se empieza a dejar de lado el retraso del tipo de cambio oficial respecto del ritmo de aumento de los precios, a recortar la masa de subsidios (en especial a la energía, lo que implica un aumento, aunque fuere “segmentado”, de tarifas) y se vuelve a actualizar el precio de los combustibles. Aún más improbable es que crea que dentro de un año el dólar costará $ 131 y que aun así el BCRA ganará reservas.

Guzmán se choca consigo mismo cuando –recurso político al fin- menciona la deuda “absurda y dañina de USD 44.000 millones” con el Fondo. Como informó Infobae, al 30 de noviembre pasado la deuda pública en cabeza del Tesoro aumentó en USD 40.215 millones, a 353.514 millones, de los que 72% (más de USD 254.500 millones) son en moneda extranjera. Si se suma la deuda del BCRA por los llamados “pasivos remunerados” (Leliqs y Pases que la entidad coloca a los bancos para “absorber” parte de los pesos que emitió y evitar que la inflación sea aún más alta), aun neteando la que el Tesoro le debe a la autoridad monetaria, la deuda pública total llega al equivalente a USD 379.392 millones.

Voceros del Gobierno podrán argumentar que también se pueden netear otras deudas (a la ANSeS, el BNA, el PAMI) y que buena parte del aumento de la deuda en moneda local, vía el “financiamiento neto positivo” del que se jacta Guzmán cada vez que emite deuda nueva en exceso de la que vence, es en pesos, pero difícilmente convenza al Fondo que así las cuentas vayan a encarrilarse.

Aritmética desagradable

¿De qué cifras hablamos? Según el último boletín de la secretaría de Finanzas, actualizado al 30 de noviembre, la deuda en moneda local pasó del equivalente a USD 63.408 millones el 30 de noviembre de 2019 a 98.547 millones el 30 de noviembre pasado. Esto es, un aumento del 55% expresada en dólares y ajustada, en su mayor parte, por la variación del valor del dólar oficial y el CER, proxy de la inflación. En el caso de la deuda ajustable por CER, el aumento fue de USD 23.791 millones en noviembre de 2019 a USD 61.149 millones el mes pasado. Esto es, 157% en dos años, ritmo que proyectado a un mandato presidencial arroja un 560 por ciento.

Lejos de atenuarse, el ritmo viene acelerando. Según el boletín de Finanzas, el mes pasado la deuda en pesos –recordar: se ajusta en su mayoría por dólar e inflación- aumentó el equivalente a USD 4.274 millones. Esa cifra, proyectada a un mandato presidencial, supera los USD 208.000 millones. Y se trata solo de la parte en moneda local, que es el 28% del total.

Ventajas y desventajas de la localía

El lunes pasado el Fondo publicó un estudio sobre “restructuración de deuda doméstica”, que equiparó a la cirugía: “se hace solo si se debe hacer y se evita si daña más de lo que cura”. En los mercados emergentes, precisa el trabajo, la deuda pública doméstica aumentó en los últimos años del 31 al 46% de la deuda “soberana” total, con lo cual, especuló, es “probable” que juegue un rol importante en futuras crisis de deuda.

Es cierto, dice el trabajo, que restructurar deuda doméstica es más fácil que hacerlo con la externa: el gobierno puede simplemente cambiar los términos de los contratos alterando las leyes. Esto, dice, evita costos asociadas a la restructuración de deuda externa, como la pérdida de acceso al crédito internacional.

Pero los costos pueden igualmente ser muy altos. Los tenedores de esa deuda tendrán pérdidas fácilmente transmisibles al sistema bancario, a los hogares y a otras partes de la economía local, sumando –y no restando- al malestar que hizo necesaria la restructuración. Como un perro con rabia mordiéndose la cola.

Por alguna razón, el kirchnerismo y Guzmán creen que si alguien le debe a los padres, a los suegros, a los amigos o a una cooperativa de crédito es mejor o más virtuoso que si le debe a un banco, y que si el Estado le debe a sus propios ciudadanos es mejor que si le debe a un fondo de inversión o un banco extranjeros. A nivel de una persona e incluso de un país, quizás sea así, si en algún momento el saldo se empieza a achicar.

No parece, por ahora, ser el caso.

Sergio Serrichio

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