Lunes, 24 Enero 2022 13:38

Juan Manzur: un funcionario inmerso en una gestión paralizada - Por Walter Schmidt

Escrito por

Toda la acción gubernamental, y por ende del Jefe de Gabinete, parece estar supeditada a un acuerdo con el FMI. 

El Gobierno está atrapado entre las paredes de una crisis económica. Un dólar que no para de crecer y que ya se ubica en los $219 con una brecha cambiaria del 110%. Acompañado por parámetros calamitosos con una inflación de las más altas del mundo y una pobreza que alcanza casi a la mitad de la población y que equivale a la misma cantidad de personas que reciben un plan social de parte del Estado. 

En paralelo, la interna que fue adormecida para las elecciones legislativas de noviembre pasado, volvió a reflotar respecto a las negociaciones con el FMI en las que, claramente, Alberto Fernández y Cristina Kirchner opinan distinto.

El mandatario y el ministro Martín Guzmán querrían firmar cuánto antes un acuerdo con el Fondo para finalizar con la incertidumbre que diariamente se refleja en el riesgo país. En cambio, en el Instituto Patria coquetean con un default, en una suerte de Game of Chicken, en el que dos jugadores se desafían al límite de la muerte hasta que uno de ellos abandona. Cristina buscará llevar la negociación hasta el límite para obtener algún rédito. Lo cierto es que el Gobierno luce paralizado.

Un cuadro de situación como este se devora a cualquier funcionario que pretenda darle alguna agilidad y previsibilidad a la gestión de Fernández. Eso es lo que le ocurrió al Jefe de Gabinete, Juan Manzur.

El gobernador tucumano en uso de licencia pasó de la hiperactividad con reuniones con ministros a las siete de la mañana, a desaparecer de los medios y de las redes sociales por dos semanas, más allá de algunas actividades que mantuvo. No se escuchó su voz para brindar la posición oficial acerca de un eventual acuerdo con el Fondo, la inflación anual de 50,9%, la marcha para echar a la Corte Suprema, la relación con Washington, la aparición del prófugo iraní Mohsen Rezai en Nicaragua en el mismo lugar donde estaba el embajador Daniel Capitanich, o el viaje de Luana Volnovich al caribe mexicano.

En una de las tres patas del Frente de Todos aseguran que hay otro elemento que abona los rumores acerca de la continuidad de Manzur en el gabinete nacional: los roces con el Presidente pese a las aclaraciones hechas a Clarín en las que calificó de excelente el vínculo con el mandatario. Afirman que la relación no es la misma, y que cierta autonomía del Jefe de Gabinete llevó a que Fernández desconfiara de sus intenciones. Ocurre que después de la rebelión que encabezó Eduardo “Wado” de Pedro con su renuncia, por orden de Cristina Kirchner, el mandatario ausculta de otra manera a aquellos funcionarios que no son de su riñón.

“Si el Jefe de Gabinete no habla y tampoco el ministro del Interior ni el jefe del bloque, sólo la vocera (Gabriela) Cerruti, ¿quién baja una línea clara del Gobierno?”, se pregunta un legislador del Frente de Todos.

En efecto, la comunicación política sigue siendo un problema para la Casa Rosada. Las intervenciones de Cerruti no bastan para calmar a los mercados, para dar previsibilidad o para marcar una agenda que le evite al Ejecutivo correr siempre detrás de los temas del día.

De aquél Manzur con estrechos lazos con Estados Unidos, quedó un funcionario que estuvo al margen de la búsqueda del apoyo político de la administración de Joe Biden que encarnaron en soledad y cuesta arriba, el embajador Jorge Argüello y el canciller Santiago Cafiero.

Aquél dirigente que se perfilaba como un potencial precandidato presidencial para el 2023, desapareció de la nómina que hoy encabeza en soledad Alberto Fernández, y en la que siempre es anotado Sergio Massa y eventualmente algún cristinista. ¿De Pedro?

La realidad que envuelve a Manzur le supo pasar, de alguna manera, a Massa, cuando fue nombrado en en julio de 2008 jefe de gabinete del gobierno de Cristina Kirchner. Por aquél entonces, el jefe político era Néstor Kirchner. El actual presidente de la Cámara de Diputados inició su gestión con una dinámica llamativa. Pero poco a poco se fue apagando cuando observó que chocaba con el manejo radial que el matrimonio presidencial le imprimía a la gestión. A pocos días de cumplir un año en el cargo, renunció.

Walter Schmidt

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…