Miércoles, 18 Mayo 2022 12:02

Fiesta en Olivos: el Presidente faltó a su palabra y eso merece mucho más que una reparación - Por Adrián Ventura

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Alberto Fernández ofreció pagar 1,6 millones de pesos para poner fin a la causa de la fiesta de cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos, durante la cuarentena. 

¿Cuánto vale la palabra de un Presidente? Alberto Fernández ofreció una reparación de 1,6 millones de pesos (unos 8.000 dólares al blue) por haber realizado una fiesta de cumpleaños para Fabiola Yáñez. Y la primera dama pagará una reparación de 1,4 millones. El fiscal aceptó la oferta y solo resta que decida el juez federal Lino Mirabeli, que probablemente la aceptara. 

El Código Penal permite esa solución para extinguir la acción penal. No hay, en principio, nada ilegal. ¿Pero, es ético?

Siempre se identificó al Poder Ejecutivo como la primera magistratura.

El pueblo, cuando vota a un Presidente, deposita en él su confianza. Lo unge como su primer representante. Y en ese momento el candidato adquiere legitimidad de origen. La elección es un mecanismo de selección del ganador y de consagración de esa confianza.

Fue el Presidente quien impulsó todo el marco normativo de la pandemia: no se podían hacer reuniones familiares; no se podía visitar a los enfermos en los hospitales ni a los abuelos en los geriátricos; no se podía velar a los muertos ni concurrir a entierros. Millones de familias aceptaron esas reglas, dolorosas. Todo para evitar contagios. Pero el que las dictó, las violó. Descaro, burla a la buena fe, cinismo. Ponga el calificativo que quiera.

Insistimos, legalmente puede cerrarse la causa pagando una reparación. Es comprensible, incluso, que lo haga la primera dama, porque nadie la votó.

Pero ¿puede éticamente un Presidente buscar zafar pagando 8.000 dólares? ¿Y si fuesen 500.000 dólares? ¿Se imagina usted a San Martín o a Sarmiento asumiendo una actitud similar?

Alguna vez nos ilusionamos con una democracia donde la palabra presidencial fuese un compromiso inviolable, un pacto de sangre con la verdad, la seriedad, la honestidad. Puede existir una compensación por un choque; se puede indemnizar una lesión; se puede pagar una expropiación. Pero defraudar la buena fe del pueblo, no debería admitir compensación alguna. La palabra presidencial no debería tener precio.

¿No dice acaso el juramento solemne que prestan los presidentes y demás funcionarios que si no cumplen con la Constitución “Dios y la Patria” lo demandarán? Está claro que hoy la Patria se conforma con 8000 dólares. La democracia se degradó al punto de haberse vuelto una baratija. El mismo presidente debería pedir perdón, porque cualquiera puede equivocarse, y exponerse a una condena, prestando un servicio personal. El honor de ser Presidente y el desagravio por la falta a la propia palabra merece mucho más que una reparación.

Adrián Ventura

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