Miércoles, 28 Diciembre 2022 11:29

Pobreza extrema y sin periodistas: el detrás de escena de la reaparición de Cristina Kirchner - Por Bernardo Vázquez

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La Vicepresidenta encabezó en el humilde barrio de Villa Corina un encuentro cerrado para la prensa, que tuvo que seguirlo desde fuera del polideportivo. Su vínculo con Jorge Ferraresi, jefe comunal, cada vez más consolidado. 

Avellaneda se ha convertido en la última década en el refugio personal de Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Mucho más que su natal La Plata, incluso. A tal punto lo es que, más allá de haber encabezado actos en Racing o de instalar el búnker de campaña en Arsenal de Sarandí, la Vicepresidenta eligió vacunarse contra el Covid-19 en el Hospital Perón. ubicado en el corazón del municipio, en el enclave con Gerli. 

Municipio adverso para el peronismo en múltiples elecciones en democracia, a partir de la llegada de Jorge Ferraresi en 2009, en reemplazo de Baldomero Álvarez tras el paso de este al gabinete bonaerense de Daniel Scioli, se constituyó en un bastión central del kirchnerismo.

Una gestión razonable en términos de intendencia, sobre todo comparada con las de los vecinos problemáticos Lanús y Quilmes, imposibles de domar por el kirchnerismo hasta 2015, ubicó a Ferraresi en un lugar especial para la entonces presidenta, que lo acercó a la gestión nacional, al punto que lo terminó llevando al Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat en 2020, cargo que ocupó hasta hace sólo dos meses.

Si Ferraresi, que se había tomado licencia, volvió a la gestión municipal, fue para proteger el voto en 2023 y mantener el dominio kirchnerista por al menos otros cuatro años. Ni él mismo se creía ser parte del denominado albertismo a principios de año cuando se lo incluía en esa lista de aliados al Presidente en la interna del Frente de Todos. En su coqueto despacho en el microcentro sobresalía una imagen de Cristina y otra de Néstor Kirchner. Con Fernández sólo había una coincidencia: un banderín de Argentinos Juniors, pasión que ambos comparten.

Algunas de estas razones llevaron a Cristina Kirchner a decidir que su reaparición pública tras la condena judicial a seis años de prisión por la causa Vialidad fuera con Avellaneda como sede, con Ferraresi de un lado y Axel Kicillof del otro. Su intendente preferido, su gobernador venerado. Pero no fue en cualquier lugar del partido lindero a la Capital Federal.

Fue en Villa Corina, uno de los barrios más postergados de la ciudad, con niveles de inseguridad inmanejables y mucha precariedad. Esos lugares a los que, aun invirtiendo en un Polideportivo majestuoso como el Diego Armando Maradona, el Estado no llega. Porque se nota que está lleno de gente laburante, pero que tiene que vivir a resguardo constante 24x7.

Como en la mayor parte de los distritos del Conurbano, la foto de Corina es desoladora. Pobreza por todos lados, matizada por un rato por un acto que tuvo que hacerse a puertas cerradas y con la prensa limitada a un corralito externo en la puerta del predio, más atenta a no sufrir un disgusto o a vigilar si el auto que los trasladó estaba seguro en las calles vecinas.

"Vayan haciendo espacio que llega la doctora", decían los responsables de seguridad en la calle principal del barrio, Los Pozos, colapsada por autos y transeúntes. La doctora llegó puntual, a las 18.30, ingresó al predio, lo recorrió con Ferraresi, su esposa Magdalena Sierra y Kicillof, y terminó cerrando, con su talentosa verba y sus mordaces cuestionamientos hacia todo aquél que opina o decide diferente a lo que ella cree, un discurso de media hora en el que reabrió la puerta a una posible candidatura el año que viene, la misma que había cerrado hace menos de un mes.

Afuera, la militancia presente que no pudo ingresar al polideportivo cantó por ella con la misma vehemencia y alegría que hace diez días lo hizo por la Selección campeona del mundo. Cristina los saludó, pero como suele ocurrir con la mayoría de los dirigentes del país, se subió al auto y volvió a su realidad, alejada por completo de los que viven a diario en un barrio en el que sobrevivir es un premio, y del que de vez en cuando la clase política se acuerda, en los años impares, o en la previa de ellos, cuando hay que salir a la caza de votos.

Bernardo Vázquez

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