Sergio Crivelli

2022 recibió a Fernández con una lluvia de adversidades. Sin iniciativa, el presidente corre detrás de los problemas que no son resueltos, sino postergados y se desplazan unos a otros 

El presidente de la UCR, Gerardo Morales coincidió la semana pasada con el kirchnerismo en que Mauricio Macri era el responsable de la deuda con el FMI y que la oposición estaba obligada a apoyar al gobierno en las negociaciones (o más bien, no negociaciones) con el organismo. Anteayer añadió: “Hay algunos dentro de nuestro espacio que tienen la postura de que cuanto peor, mejor, que explote todo. Creo que la consigna de que explote todo termina perjudicando a la gente”. 

Armó un acto para exhibir fortaleza política ante el Fondo y Cristina Kirchner, pero fracasó en ambos frentes. Faltaron a la cita los gobernadores radicales y la mitad de los peronistas 

Los políticos decidieron desentenderse de la desagradable realidad del ajuste que deben enfrentar en 2022 y pasaron directamente a los más entretenidos avatares de la carrera por el poder de 2023. Incapaces de poner fin a la crisis, prefieren dedicar su tiempo a las candidaturas. 

Las elecciones legislativas de hace poco más de un mes bien podrían no haberse hecho a juzgar por la respuesta del kirchnerismo. Se vive desde su derrota un apogeo del "modelo K”, a pesar de que el gobierno fue rechazado en la mayor parte del país por cifras en algunos casos demoledoras.

El kirchnerismo no pudo aprobar el presupuesto y se manejará con decretos. La oposición quiso aprobar un proyecto para bajar la presión fiscal y terminó, involuntariamente, aumentándola. 

El sábado, en San Vicente, Alberto Fernández se quejó de la oposición y dijo que lo apuran para que acuerde con el FMI los mismos que se endeudaron con el organismo. Lo sorprendente de esa afirmación es que la oposición no es la que lo apura, sino las reservas del Banco Central que se acercan a niveles peligrosos para la macroeconomía. 

Fernández no controla el Congreso, ni la Corte, ni el diálogo con el FMI. El discurso de Máximo Kirchner fortaleció las dudas sobre la voluntad de la vice de acordar con el organismo

En la jerga parlamentaria hay una expresión, "abrir una ventanilla", que describe la maniobra de romper un bloque numeroso para armar uno más chico, pero con poder de fuego a la hora de negociar con las bancadas mayoritarias. Un pequeño grupo que puede inclinar la votación hacia el lado del oficialismo o de la oposición. Generalmente lo hace hacia el del oficialismo, el único capaz de otorgar contraprestaciones en materia de recursos o nombramientos. 

Es una forma incierta, pero la única a mano, para anclar las expectativas en medio de una crisis financiera terminal. La vice ya dijo que no pagará el costo. Fernández intenta llegar a 2023 

En los últimos días tocó a dos mujeres, Cristina Kirchner y Elisa Carrió, anticipar la reconfiguración del escenario político para 2023. En una carta abierta la primera anunció que va rumbo a desentenderse de su invención electoral de hace dos años, Alberto Fernández, mientras que en un festejo partidario la segunda repartió méritos y reproches en la alianza opositora, alejándose de Horacio Rodríguez Larreta ante el beneplácito de Mauricio Macri. 

El Presidente quiere ganar autonomía y toma distancia de la vice. Kulfas desautoriza a Feletti y con Manzur apoyaron a un intendente adversario de Máximo Kirchner. Coma financiero. 

Las elecciones legislativas permitieron comprobar que el sistema de primarias abiertas ayudó a cohesionar a la oposición, mientras que su ausencia terminó siendo negativa para oficialismo. La participación directa de los votantes en el armado de las listas estimuló más la participación que el dedo de CFK. En las generales hubo que ir a buscar en remise a los votantes del PJ y ni siquiera así consiguieron dar vuelta el resultado. 

El resultado de ayer confirmó en términos generales el de las PASO. La derrota del gobierno fue la del experimento electoral de su jefa política, Cristina Kirchner, de instalar en la Casa Rosada a un presidente testimonial como Alberto Fernández, invirtiendo el orden lógico del poder. 

El fracaso de Alberto Fernández obligará a dar un paso al frente a la vice que debe elegir entre el ajuste y la radicalización. Ya no queda margen para el doble comando y el vamos viendo. 

Políticos, analistas y encuestadores están seguros de una segunda derrota del gobierno el domingo. No lo están, en cambio, respecto de la reacción de Cristina Kirchner que definirá el rumbo de los dos años que quedan de gestión. Será ella quien tenga la opinión decisiva sobre ese rumbo.

A pesar de cepos y controles, la inflación es incontenible, la presión cambiaria no cede y la política no ayuda. El oficialismo al borde de la ruptura y la oposición fragmentada.

Todos se preparan para el día 15. La vice quiere avanzar sobre el gabinete, el Presidente sigue sin rumbo, el PJ evalúa a Massa y Manzur y la oposición ya largó la interna para 2023.

Casi nadie le presta atención, pero la campaña electoral del oficialismo es asombrosa. Conviven en ella los que insultan a la oposición y los que le proponen un acuerdo de gobernabilidad. Los que quieren llegar a un entendimiento con el FMI y quienes cantan que no le pagarán un centavo.

En un clima de creciente desorden no hay gestión, sino un intento de trasladar responsabilidades a terceros. Crece además la incertidumbre sobre las consecuencias de una nueva derrota.

Antes de que las urnas ratifiquen la derrota del kirchnerismo, los políticos ya planean sus próximas jugadas. Quieren reacomodarse en el esquema de poder que vendrá, premisa con la que deben ser interpretadas las idas y vueltas en torno al pacto de cúpulas que los medios llaman `diálogo', iniciativa que terminó desdibujándose a pocos días de su lanzamiento.

Las encuestas post Paso coinciden en predecir otro traspié para una gestión asediada por la inflación y el desbande político. Cambia de funcionarios, pero no de estrategias ya fracasadas

Políticos, analistas y medios coinciden en que las generales de noviembre ya están perdidas para el oficialismo. Nadie se atreve a afirmar lo contrario en público.

La campaña electoral del oficialismo persiste en los errores que le costaron la derrota: falta de contacto con la realidad y la pretensión de victimizarse para justificar la mala gestión.

La anarquía e impotencia en que se debate hoy el Gobierno tienen dos causas: la pérdida de liderazgo de Cristina Kirchner y el agotamiento del `modelo' populista. Lo primero es consecuencia de lo segundo.

Detectó el fuerte rechazo social a la pelea entre la vice y el Presidente, a la mala gestión y al descontrol inflacionario, pero está partido y cada sector manda un mensaje distinto.

El oficialismo está haciendo grandes esfuerzos para confirmar aquella sentencia de Marx (Groucho) según la cual los políticos generan los problemas, les hacen un diagnóstico errado y les aplican los remedios equivocados.

Los cambios en el Gabinete y la discusión por el déficit fiscal reflejan un nuevo esquema de poder: el de un gobierno con dos alas. En esta nueva etapa oficialista Guzmán refuta a la vice.

Bajo presión de su vice el presidente cambió medio gabinete. Parece improbable, sin embargo, que esa docilidad lo encamine a una victoria en noviembre, porque la causa de la derrota no fueron los hombres sino las políticas. Echarle la culpa a él o a sus ex ministros fue una arbitrariedad de la vice para desentenderse del desastre. Su reacción al resultado electoral pretende ignorar lo central: el principal derrotado en las PASO fue el populismo.

La derrota devolvió al peronismo al estado de naturaleza. La despiadada ofensiva que lanzó CFK sobre Fernández demolió la autoridad presidencial que ningún gabinete podrá ya restaurar.

La derrota electoral derivó en apenas 72 horas en una crisis política a gran escala. Una crisis que incluye la ruptura del oficialismo y se puede convertir en institucional, afectando la gobernabilidad.

Las urnas expresaron ayer mejor que cualquier encuesta la desazón de la mayoría de la sociedad con el gobierno, sometido a un voto castigo memorable. Le cobraron la falta de plan económico, la inflación, el desempleo, la pobreza, el cierre de pymes, la cuarentena inacabable, el escándalo de Olivos y la desorientación crónica.

Alta inflación, estancamiento, pobreza récord, desempleo y una deficiente gestión de la pandemia, los factores que pusieron al kirchnerismo ante la posibilidad de una derrota en las urnas.

En 48 horas cierra la campaña electoral más extravagante desde 1983. Extravagante por el nivel de desconexión entre los candidatos y la crisis que asfixia a sus votantes, por la ausencia de cualquier propuesta para mitigarla, por el nivel de bufonería de algunos “spots” y por el amateurismo inaceptable de políticos mantenidos con el dinero público.

Las caras del kirchnerismo a dos semanas de la votación fueron Dalbón, el “pata” Medina, D´Elía y la docente K desbocada. Fernández tampoco se quedó atrás en la quema de ataúdes

Como ya se ha convertido en un hábito de los tiempos de crisis, la salida del laberinto en el que los políticos metieron a la economía quedó a cargo de los votantes. Está probado que ni el Gobierno en particular ni la dirigencia política en general pueden o saben hacer otra cosa que repetir el libreto que ha llevado al desastre una y otra vez.

La vice copó la oficialista, sermoneó a Fernández y ahondó la grieta, porque apuesta a la polarización. Macri sale a la calle para no perder el voto anti K que ahuyentan Vidal y Larreta.

La aparición de fotos en las que el Presidente aparece violando disposiciones sanitarias que él mismo dictó ha abierto la puerta a una crisis que es todavía incipiente, pero que escalará si continúa acumulando errores. Por sus propias equivocaciones Fernández convirtió un escándalo mediático en un problema político cuya gravedad aumentó con un cúmulo de torpezas.

La inflación superó el 50% anual, pero, a pesar de su gravedad, la noticia fue a parar al fondo de la agenda, opacada por nuevos escándalos y desaciertos. El gobierno ya apuesta a la grieta.

La campaña empezó con algunos episodios bizarros. Mientras María Eugenia Vidal recomienda libros de cuentos para hacer dormir a los niños, Victoria Tolosa Paz habla con desenvoltura sobre la angustiante situación del conurbano desde un confortable living con una decoración por valor de varios miles de dólares.

El gobierno sigue perdido. De manera insólita distribuyó entre sus candidatos un documento con instrucciones de campaña que es una tácita admisión de errores, fragilidades y temores

La interna opositora derivó en un escándalo por mala praxis de candidaturas. Podría decirse que Juntos por el Cambio se convirtió sin etapas intermedios en un Frente de Todos contra Todos. Las acusaciones, sospechas y agravios entre aliados debilitaron su imagen y permitieron al kirchnerismo desviar la atención de la crisis. Lo que más detestan los votantes: peleas entre políticos.

Fernández debió echarlo y anticipar una reforma de gabinete que planeaba para después de las elecciones. Todas las semanas malas noticias; cuando no es la interna vuelve el castigo por Pfizer.

La decisión de privilegiar la Sputnik V resume, como en la ficción de Borges, todos los trágicos desaciertos de la gestión K, producto de ensoñaciones "geopolíticas" e inoperancia.

El oficialismo no tiene todavía candidatos, pero Cristina Kirchner está en campaña desde hace tiempo, porque no los necesita. Ella reivindica su gobierno, no el de Alberto Fernández.

La campaña K reproduce el caos de la gestión. Le habla sólo a los propios e intenta subir a Macri al escenario, pero no le sale. Como la peor herencia es la propia, se aleja del Presidente.

Durante el fin de semana largo, mientras la atención general se dirigía al fútbol, el gobierno aumentó las restricciones para comprar dólares. La maniobra apuntó a bajar el precio del dólar bolsa y logró, previsiblemente, lo contrario: el lunes siguiente comenzó a subir el `blue'. Hoy las distintas variantes de la moneda norteamericana se consolidaron en la cotización del jueves, pero la expectativa negativa ya está instalada.

Máximo Kirchner criticó la claudicación de Fernández ante Pfizer y el FMI. Fernández lo refutó. El kirchnerismo toma distancia de su propio gobierno y se presenta como una segunda oposición.

La campaña comenzó con el habitual tironeo por las candidaturas, pero sin una sola idea para salir de una crisis arrasadora. El oficialismo propone lo que hace 75 años viene fracasando, mientras la oposición, encabezada por el jefe de gobierno porteño, no promueve ningún cambio sustancial, a pesar de que la mayoría de las encuestas muestra a los votantes golpeados por la economía: por la inflación, la pobreza, la recesión y el desempleo.

El gobierno tropieza insólitamente una y otra vez con la misma piedra. El error de vetar vacunas norteamericanas le produjo un daño difícil de revertir. Los varados en el exterior, otro tanto.

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