Domingo, 08 Mayo 2022 11:06

La interna en el FdT precipitó el calendario: por qué los ataques K esquivan a Katopodis y Zabaleta - Por Adrián Ventura

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Cristina Kirchner le puso punto final a la coalición oficialista y evidenció que la gestión en manos de un presidente sin verdadero poder no tiene futuro. 

Si algo dejó en claro Cristina Kirchner en su discurso del viernes es que la alianza de Gobierno ya no existe. Todos lo sabíamos. Pero la vice, ahora, le puso punto final. Sin importar el costo. 

Ese acto estuvo promocionado con un flyer digital firmado por Unidad Ciudadana, la marca utilizada en 2017, antes de que naciera el FdT durante la última campaña presidencial.

Mientras el presidente Alberto Fernández, en Ushuaia, reclamaba por una unidad que ya descuenta imposible, unos 3900 kilómetros al norte Cristina mostraba su definitiva insatisfacción con el primer mandatario: dijo que el Gobierno no honra la confianza que le depositó su electorado y dejó en claro que la gestión oficial, llevada adelante por un presidente que no tiene verdadero poder, no tiene futuro alguno.

Y para que no quedara lugar a dudas, ella recordó que siempre habla de los tres mandatos kirchneristas, en referencia a los que desempeñaron Néstor y ella misma. Cristina, la vicepresidenta, no se considera en ejercicio de este cuarto turno. Y si pudiera borraría todo vestigio de esa fórmula que la encumbró, claro que sin abandonar su cargo de vice y sin desprenderse tampoco del PAMI, de la Anses y algunos otros resortes que le aseguran el manejo directo del 70 por ciento del presupuesto nacional.

Iguales pero separados

Escuchando las críticas económicas que Cristina le dirige a Alberto y a Guzmán, algún desprevenido podría creer que nos gobierna un Chicago boy.

Pero no hay que caer en el error de pensar que la distancia que existe entre Alberto y Cristina es ideológica. Alberto se inclina por un modelo intervencionista del Estado. Cristina, si se quiere, propone un intervencionismo más extremo, amplio e intenso. Es tan sólo una cuestión de grados. Ella cree en más controles, más retenciones, más precios regulados y más cepos. A eso aludía la vicepresidenta cuando afirmó que la emisión monetaria -que recién ahora empieza a desacelerarse gracias al acuerdo con el FMI- no genera la inflación, sino que ésta se debe a la falta de dólares. Pero asumir que sus ideas son distintas sería caer en una trampa. A Alberto le gusta prender la maquinita de fabricar billetes de tanto en tanto, como ocurrió con el IFE, el plan Platita y el actual plan Platita 2 (los bonos); Cristina no la apagaría jamás, aunque esto ya no sería posible por exigencia del FMI.

Con esa pretensión de marcar una distancia ideológica entre ambos, desde hace días se está difundiendo una idea: Guzmán (Alberto) quiere crecer antes de distribuir tanto dinero, mientras que Cristina propone distribuir para después crecer. Ejemplos prácticos de cómo mejorar la distribución, según versión Cristina: avalar paritarias cada vez más altas; reclamar, como ella como Máximo hicieron en las últimas 48 horas aumentos, subas salariales como las que daba Néstor Kirchner sin que le temblara la pera, en palabras de Máximo; e impulsar el nuevo proyecto de Fernández Sagasti y de Mariano Recalde de nueva moratoria previsional, que aunque sea positivo impulsaron sin siquiera haber consultado a Guzmán.

Pero esa supuesta diferencia entre Alberto y Cristina no es tal. El Presidente cerró el acuerdo con el FMI, porque no hacerlo hubiese llevado al país y a él mismo. Fue pragmático. Tanto como lo son todos los empresarios que en los últimos días aplaudieron a Guzmán y le dieron su apoyo en el Foro Llao LLao (Bariloche), en el almuerzo convocado por el liberal Consejo Interamericano de Comercio y Producción y en otras reuniones. O el que proclamó el titular de la UIA, Daniel Funes de Rioja. Para quienes tienen que invertir un malo conocido que ministro nombrado por Cristina a conocer. Más aún cuando Cristina expresamente defendió el capitalismo de China, un capitalismo que ella misma describió por su falta de reglas y de seguridad jurídica pero que elogia porque sacó a cientos de millones de personas de la pobreza. Claro que Cristina olvidó de decir que China desarrolla un capitalismo autoritario, sin libertad. En definitiva, no hay que creer que Alberto o Guzmán se hayan vuelto los defensores de la ortodoxia liberal ni los propulsores de un Estado mínimo al estilo de Robert Nozick. Insisto, entre Alberto y Cristina sólo hay matices, pero ella pretende simular que abandona el barco para salvar sus votos propios.

Esa pretensión de Cristina de tomar distancia frente a Alberto es sí bien oportuna: es un momento de alta inflación, ella teme que se dispare una hiper y, por otro lado, es verdad que los salarios están atrasados; corren de atrás la inflación y, con un dólar atrasado, la Argentina se está volviendo cara en dólares.

La crítica despiadada le sirve a Cristina para mantener su caudal electoral y abrigar alguna esperanza en 2023. En particular cuando todas las encuestas coinciden en mostrar que entre el 70 y 75 por ciento de la población cree que en los próximos meses la economía estará aún peor que ahora.

La pelea interna precipitó el calendario electoral

Faltan 16 meses para las PASO de 2023 y 18 meses para las elecciones de octubre.

Ese tiempo es eternidad para el vértigo político argentino, donde el largo plazo se mide en menos de un año. Quién puede asegurar cómo se llamara el ministro de Economía en diciembre de este año, cuál será el precio del dólar o cuál será el nivel de la inflación.

Y esa puja electoral no se desató porque la oposición haya decidido apurar los tiempos del Gobierno, sino por los conflictos internos de cada fuerza. Nunca como en esta ocasión se anticipó tanto tiempo la puja política.

Vemos ahora que es lo que sí es previsible que venga por delante.

  • Cristina no aflojará con sus críticas, salvo que un inesperado éxito de Guzmán en bajar a inflación le aconseje otra cosa.
  • Cristina desea compartir el poder y que Alberto le consulte todas las decisiones importantes antes de tomarlas. Ella quisiera imponer una mesa de diálogo donde el Presidente deba preguntarle si lo autoriza a avanzar con tal o cual medida. Una suerte de Presidencia colegiada, un bi-presidencialismo. Pero al mismo tiempo ella no acepta asumir las consecuencias del Gobierno, es decir, toma la gestión con beneficio de inventario. Por otra parte, Alberto no acepta consultarle cada paso que da, porque sabe que terminaría por perder su ya menguada autoridad.
  • Cristina sabe dónde puede atacar. Dirige sus palabras y envía a sus coroneles contra Guzmán, Kulfas y Moroni. Ninguno de ellos tiene territorio ni votos propios. Aunque las críticas del cristi-camporismo terminaron por darle a Guzmán más vidas y mostrar su templanza. En cambio, los ex intendentes devenidos funcionarios, esto es, Gabriel Katopodis, Juan Zabaleta y Jorge Ferraresi, quedan al margen de esos misiles. Votos son amores y nadie critica a quien, tal vez, tenga que pedirle votos.
  • Alberto dio a sus ministros la directiva de que no salgan a responder los ataques del cristinismo. Y ellos sujetaron a esa directriz su comportamiento. Lo hizo explícitamente Matías Kulfas. Pero todos sus funcionarios saben que la embestida de Cristina desgasta por igual a ambos sectores.
  • Dos altos funcionarios confiaron que los ministros no tienen posibilidad de encarar ninguna gestión que trascienda su ministerio. Se limitan a hacer lo que pueden, puertas adentro. Una negociación con empresarios, algún plan de ayuda, y poco más. Pero dudan si pueden contar con el apoyo oficial para sancionar una ley. Cristina acaba de obturar, anteayer, el proyecto de Boleta Única que desea impulsar toda la oposición. Es cierto que el albertismo tampoco apoya la Boleta Única. Pero ella hizo saber categóricamente que no será aprobado por el Senado, como tampoco varios de sus senadores apoyaron el acuerdo con el FMI. Esto significa que Cristina también decidirá cuándo se apruebe y cuándo no algún proyecto que impulse Alberto. Este es un dato relevante: tenemos un Presidente en el Poder Ejecutivo, que no tiene capacidad de manejo ni de maniobra en el Congreso, salvo que le pida votos a la oposición (como fue para el acuerdo con el FMI); el Senado está en manos de Cristina; y Diputados se divide entre distintas fuerzas dispersas que, a medida que se acerquen las elecciones, tendrán cada vez más problemas para encontrar temas de acuerdo.
  • La oposición, en tanto, busca su propio camino. Javier Milei, que se alimenta de electorado joven (sub 40) y de clases media y acomodada, sigue creciendo a costas de Patricia Bullrich y Mauricio Macri. Facundo Nejamkis, titular de Opina Argentina, sostiene que buena parte del electorado está queriendo dejar atrás el camino progresista que eligió la sociedad para salir de la crisis de 2001, porque se hartó de no haber encontrado soluciones en 20 años. Por eso, esos electores toman un rumbo no intervencionista. Pero la pregunta que se hace es si hay tanto margen en la derecha para tantos candidatos extremos. En las recientes elecciones Francia el crecimiento de Marine Le Pen se contrapuso con el declive de la derecha radical de Éric Zemmour. Es decir, Milei quedará reducido a una mínima expresión. Sin embargo, por ahora, no parece que este sea su destino del economista, porque las encuestas lo muestran consolidándose, al menos, en un tercer lugar de las preferencias y sigue provocando revuelo en la interna de JxC.

Fernández mirará de lejos

Se inicia ahora una semana muy compleja, que Alberto intentará mirar desde Europa, donde se entrevistará con los jefes de gobierno de España, Pedro Sánchez, y de Alemania, Olaf Scholz. Y, eventualmente, sumará dos reuniones con los jefes de Estado de Francia, Emmanuel Macron y, del Vaticano, el esquivo Papa Francisco, que viene de recibir a Eduardo “Wado” de Pedro, hace un mes, pero no al canciller Santiago Cafiero. La bendición de Cristina puede ser más fuerte que la religión, dolor de rodilla mediante.

En efecto, entre el martes y el jueves está previsto que las organizaciones que se agrupan en Unidad Piquetera protagonicen una enorme marcha federal, que contará con el nutrido apoyo de columnas que vendrán desde los cuatro puntos cardinales. El Gobierno espera que los costos de organizar semejante logística desalienten la afluencia masiva hacia la Ciudad. Pero saben que los piqueteros no oficialistas también tienen que mostrar su fuerza para competir con la multitudinaria marcha que hace dos semanas organizaron los piqueteros cercanos al Gobierno en Plaza de Mayo. En cualquier caso, el malhumor ciudadano, producto de los cortes de calle, estará garantizado.

Entre el martes y el jueves también se realizarán las audiencias de luz y gas para avanzar con los aumentos de tarifas y la segmentación. Los funcionarios del área de Energía (Darío Martínez y Federico Basualdo) ya avisaron que no estarán presentes. Guzmán y su gente serán los únicos que asuman el costo de los aumentos. Otra vez, Cristina sólo toma del Gobierno aquello que le conviene, pero rechaza las responsabilidades y perjuicios de la gestión.

El FMI comienza a revisar los números de las cuentas de la Argentina, quizá un tema que le dará algún alivio al Gobierno porque para los números (déficit, emisión, etcétera) por ahora cierran.

Y el jueves se conocerá el índice de inflación de abril, que Guzmán asegura que viene mejor que la de marzo. El ministro necesita ese bálsamo. El primer corte estadístico del INDEC le permitió respirar aliviado. Pero resta saber si esa baja, aun cuando se confirme, es producto de alguna medida concreta de Gobierno o es tan sólo el fruto de la contingencia inesperada con la que se escalonaron algunos aumentos. Es decir, habrá que esperar para saber si la baja de la inflación se convierte en una tendencia o es un hecho aislado.

Adrián Ventura

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