Domingo, 18 Octubre 2020 10:44

Ayuda súper millonaria para Axel Kicillof, que patrocina Cristina Kirchner - Por Alcadio Oña

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Entre enero y septiembre, la Provincia ya recibió $ 126.300 millones de la Nación por fuera del Presupuesto y de la coparticipación. Salen de las llamadas transferencias discrecionales y se suman a los $ 50.000 millones que se le sacan a la Ciudad Autónoma.

Resultó notable, tratándose de quien se trata, el modo cómo Cristina Kirchner se bancó días atrás la andanada que le disparó el senador Julio César Martínez, de Juntos por el Cambio y para más datos radical, durante el debate sobre la llamada Ley de la Economía del Conocimiento. Nada de ninguneos ni de arrebatos conocidos, la respuesta de la presidenta de la Cámara fue una simple, casi simpática, aunque un poco fingida sonrisa.

Lo que sigue es el tramo fuerte y final del cruce, según la versión taquigráfica del Senado:

─Sr. Martínez, Julio: Así como usan el pragmatismo en esta sesión para llevarse puesto el reglamento, para hacerle decir a la Corte lo que ustedes quieren que diga; así como han usado el pragmatismo también en esta sesión para bolsiquear a la Ciudad de Buenos Aires y para lograr la impunidad ─y lo están haciendo día a día en su agenda permanente de venganza, de odio y de impunidad ─les pedimos que ahora apliquen el pragmatismo y dejen de lado el dogmatismo. Muchas gracias.

─Sra. Presidenta (Fernández de Kirchner): (Risas). Gracias, señor senador. Tiene la palabra el senador...

Vale aclarar que el dogmatismo al que alude Martínez se refiere al recorte de beneficios fiscales que el kirchnerismo apura para las empresas que operan en el mercado de la economía del conocimiento y precisar, además, que Cristina venía de retar dos veces al senador por excederse en el uso del tiempo y de conseguir un doble y sonoro triunfo sobre Juntos por el Cambio en la sesión previa. Amabilidades aparte, este dato se proyecta sobre unas cuantas cosas.

Sin la presencia de los legisladores opositores, enojados por una supuesta violación al reglamento, el oficialismo terminaba de convalidar un decreto de necesidad y urgencia de Alberto Fernández que ya está en vigencia, a razón de unos $ 150 millones diarios, y que extendido a 2021 permite manotearle alrededor de $ 50.000 millones a la Ciudad Autónoma y cedérselos, por decisión unilateral, a la provincia de Buenos Aires. Es sólo una parte del súper paquete asignado a Axel Kicillof, aunque ahí aparece la doble victoria de Cristina, o ahí en principio.

Esto es, por un lado, se fortalece la situación financiera de su ahijado político Kicillof y la de su gran soporte territorial, pensando en las elecciones del año próximo, o sea, cuidando sobre todo su propio capital y algunas cuestiones personales. Por el otro lado, en el mismo acto se le hace un agujero considerable a la caja de la CABA y se zamarrea a Horacio Rodríguez Larreta, el último rival de Cristina convertido en idea fija, ex amigo de Alberto F. y antagonista ascendente del Frente de Todos.

Tachada de anticonstitucional y apelada por el gobierno porteño, la medida debe pasar por los filtros de la Cámara de Diputados y de la Corte Suprema antes de quedar remachada digamos para siempre. Puede ocurrir, también, que una interpretación en danza sobre el proyecto que votó el Senado le deje un resto al gobierno nacional.

Queda claro que cuando el supuestamente progresista relato K habla de la opulencia porteña, de los agapantos y de los jardines colgantes se olvida olímpicamente de La Boca, de Parque Patricios y Villa Soldati, de Nueva Pompeya, Villa Lugano y de otros barrios que poco o nada tienen de opulentos. Y si el relato gambetea cualquier referencia a los manejos discrecionales y arbitrarios del poder central, no se le puede pedir que cuente en qué zonas viven algunos kirchneristas devenidos en nuevos ricos o en ricos bajo sospecha.

Pero si la idea consiste en conectar los $ 50.000 millones que se le van a sacar a la Ciudad con los ciertamente postergados, vulnerables habitantes de la Provincia y sobre todo del GBA, varios análisis privados han recordado estos días cuánto de la coparticipación impositiva total, automática, iba hacia allí en tiempos de Néstor y de Cristina. Mejor sería decir cuánto había dejado de ir hacia allí, en tiempos de Néstor y de Cristina.

Hacia mediados de los años 90 la porción bonaerense había llegado al 34% de la torta, pero comenzó a caer a partir de 2004 y con el Fondo del Conurbano congelado tocó piso del 18% en 2014. Pura pérdida para la Provincia y sus habitantes durante la década ganada y una experiencia sobre la cual puede hablar Daniel Scioli, que a menudo debía tocar las puertas de la Rosada en busca de recursos que le faltaban o le retaceaban para pagar sueldos o aguinaldos.

La clave de ese modelo largamente probado en Santa Cruz estaba en una antigua fórmula donde acumular plata equivale a acumular poder y, de seguido, poder para sacar provecho político de las necesidades que la plata mal repartida crea. A escala nacional, plata mal repartida era (o es) la que puede provenir de los impuestos que no se coparticipaban, empezando por las muy rentables retenciones al campo. Y sacar provecho político significa explotar, en beneficio propio, los consecuentes apremios financieros de los gobernadores y de los legisladores de su espacio.

El instrumento de este juego de premios y castigos se conoce, en la jerga de los especialistas, bajo el nombre de transferencias discrecionales, esto es, fondos que el Gobierno puede manejar por fuera del Presupuesto a su gusto y según lo que convenga en cada circunstancia. Se usan tanto para financiar gastos corrientes, generalmente sueldos, como para inversiones en obras públicas.

Previsible, visto como viene la mano, el gran ganador de la movida es hoy Axel Kicillof. Cálculos de especialistas hechos en base a datos oficiales revelan que, entre enero y septiembre, Buenos Aires recibió impresionantes $ 126.300 millones, un 449% más que en el mismo período del año pasado y 292 puntos porcentuales por encima del promedio provincial del 157%.

Detrás viene Tucumán, con un incremento del 315%, y luego la siempre presente en las listas de los gobiernos kirchneristas Santa Cruz, con un 207%. Y por más que dentro del paquete figuren gastos derivados del Covid-19, nada diluye la montaña de dinero que viaja rumbo a La Plata.

¿Y de dónde salen esos recursos? Salen una trampa fiscal que el kirchnerismo usó a destajo: subestimar la inflación y así inflar ingresos que no han sido presupuestados y finalmente gastarlos como convenga. Un anticipo: el proyecto de 2021 contempla una imposible inflación del 29%.

Otro de una especie parecida: las recaudaciones del impuesto País y del gravamen proyectado para las grandes fortunas no se comparten con las provincias. Se quedan, enteras, contantes y sonantes, en la caja del poder central.

Decir Buenos Aires es decir autos y autopartes, petroquímica, plásticos y textiles: el 22% del PBI industrial del país y también sectores que trabajan con el 40, hasta el 60% de su capacidad de producción ociosa. Es decir, un 31,7% del PBI nacional y una economía que, según estima el propio Gobierno, este año caería un notable 12% Es hablar de una desocupación real próxima o mayor al 15% y de 5 millones de pobres, entre otras cosas.

La conclusión viene cantada: de esto y de tantas cuestiones semejantes no se sale solo con plata de la Nación, por mucha que sea. Tampoco, en una visión más amplia, apelando para todo y todo el tiempo a la letanía de la herencia macrista. Finalmente, desde las PASO de agosto, hace ya catorce meses, el kirchnerismo sabía que debía gobernar un país complicado por donde se lo mire y encima con años de atraso acumulados.

Por mucho que busque transferir, el Gobierno está ante un problema intransferible. Y el gobierno es todo, con Alberto F. y Cristina K. adentro.

Alcadio Oña

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