Lunes, 26 Octubre 2020 14:11

El Gobierno pide tiempo, pero la sociedad le reclama certidumbre - Por Walter Schmidt

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En tres meses cree que puede ordenar la economía y las internas políticas. Pero la brecha cambiaria ya genera inflación y el desgaste es constante.

En términos meteorológicos, el macroclima se refiere a los aspectos a gran escala de un área, mientras que el microclima trata lo que afecta a un ámbito reducido. En un país en el que lo único que se ha consolidado es la incertidumbre hay dos certezas que confrontan entre sí: un macroclima que incluye no sólo al círculo rojo sino también a “la calle” donde impera una falta de expectativas tanto en la gestión política de Alberto Fernández como en la económica a cargo de su ministro Martín Guzmán y perspectivas poco alentadoras. Y un microclima que sólo se percibe en la Casa Rosada o en el Palacio de Hacienda, en el que los tiempos son más laxos, el futuro inmediato predecible y se habla de las fortalezas de la política económica.

Tras una semana de furia en la que la brecha cambiaria llegó a un histórico 150%, con un dólar blue que se negoció el viernes a casi $200 y con señales de desabastecimiento en distintos rubros, este domingo Alberto Fernández fue tajante en privado con un funcionario, ante los incesantes rumores de que el ministro de Economía tendría las horas contadas: “Ni se me cruza por la cabeza reemplazar a Martín Guzmán”.

El Gobierno dice necesitar imperiosamente unos tres meses, hasta enero del año que viene, para ordenar la política y la economía. ¿No es una eternidad para un dólar que horada día a día cualquier previsión económica y para una gestión política cuya confianza se devalúa con las tomas de tierras, la pulseada con la Corte y las acusaciones internas?

Martín Guzmán, está convencido que el camino es el correcto. Quienes hablan con él aseguran que cree que todo es una cuestión de tiempo. Que el primer paso es ir aplanando la curva y estabilizando la brecha cambiaria para después poder reducirla.

Pero Guzmán no entiende por qué al macroclima no llega su mensaje de que no habrá devaluación, que hay un superávit comercial robusto de más de 11 mil millones de dólares este año y que no habrá que pagar deuda, que espera para enero del 2021 un acuerdo con el FMI y que hay 41 mil millones de dólares de reserva de las cuales unos 29 mil tienen distinto grado de liquidez. Tampoco comprende el protagonismo del dólar blue cuyo volumen es irrelevante pero que, considera, no impacta en los precios y por eso se aferra al dólar oficial.

El problema es que el blue sí impacta en las expectativas, es decir, en la remarcación de precios porque quien vende un producto no sabe a cuánto lo va a reponer. Y, por ende, los precios aumentan.

La mala noticia para el Gobierno es que, contrariamente a lo que creía, se ha comenzado a registrar una aceleración en los precios tanto para el consumidor (IPC) como para los mayoristas, como consecuencia de la remarcación y el desabastecimiento en muchos rubros que se amplió, desde materiales de construcción, electrodomésticos, autos, motos y otros insumos básicos, hasta llegar a algunos alimentos. Eso se llama inflación.

Tanto el Presidente como Guzmán resisten la idea de anunciar un Plan que distintos sectores de la economía reclaman. El titular de Hacienda repite una y otra vez en reuniones privadas que el pilar de su programa es el Presupuesto, al que deberá sumársele las tarifas y las jubilaciones como para completar lo que él entiende que es un plan. ¿Una reforma tributaria? No la habrá como tal, sí un proyecto de ley con medidas tributarias. Rechaza de plano cualquier principio de reforma laboral pese a que una vez que vaya mermando la pandemia la perspectiva será de más despidos y quebrantos de pymes y empresas. Y lo obsesiona el déficit fiscal.

“Ordenar la política monetaria es clave, pero lleva un tiempo que se vean resultados”, aseguró a sus colaboradores en el cierre de una semana caliente. ¿Hay tiempo?, le preguntó un dirigente oficialista. “Tenemos tiempo porque tenemos superávit, reservas y no tenemos que pagar deuda”, respondió. Afuera, el mercado y la calle decían todo lo contrario.

Junto con el acuerdo con el Fondo, en enero el oficialismo cree que empezaría a ordenarse la interna del Frente de Todos, donde persisten las diferencias con los otros dos socios principales, Cristina Kirchner y Sergio Massa. ¿Qué pasará para que eso ocurra?

El acto virtual del 17 de octubre entusiasmó a gobernadores, intendentes, sindicalistas y peronistas ortodoxos ante la posibilidad de que el PJ vuelva a ser el paraguas que cobije a todos. Sobre todos a aquéllos que siguen sin comulgar con el poder paralelo del Instituto Patria.

“Hay un hastío con Cristina de gobernadores, intendentes y dirigentes que no quieren saber más nada con ella”, trasciende en la Casa Rosada. Salir de la lógica poco constructiva de la vicepresidenta, como suelen decir algunos mandatarios provinciales que no creen que Máximo Kirchner sea muy diferente a ella.

A lo sumo el 20 de diciembre debería celebrarse el Congreso del PJ que entronice como jefe del partido a Alberto Fernández. Albertismo, no; peronismo sí, parece ser la premisa que finalmente avaló el mandatario.

“Se está construyendo alrededor de la figura presidencial un informal esquema de poder, es la demanda de gobernadores e intendentes del peronismo y de muchos sectores”, explica un funcionario, que admite que “quieren pegarse más a Alberto”.

Ese movimiento tiene mucho que ver con el interés de que la figura del mandatario se acreciente, de manera tal de llegar con más peso a la discusión del año próximo con Cristina y Máximo Kirchner para la conformación de las listas de candidatos a legisladores. Una eternidad, en medio de la crisis económica.

Reclaman que el Presidente adquiera un mayor protagonismo. De ahí que las visitas al interior sean interpretadas como actos políticos porque en el oficialismo creen que allí prevalece el pejotismo, mientras que La Cámpora “tiene cargos pero no poder real”.

Cerca del Presidente reflexionan. “Nadie quiere romper con Cristina, pero tampoco ellos tienen adónde ir ni quieren dejar los lugares del Gobierno que ocupan”.

Walter Schmidt

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