Viernes, 29 Enero 2021 13:51

La política y el poder económico se preguntan cómo llegamos a octubre - Por Silvia Naishtat

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El exorbitante costo de la financiación es la mayor pesadilla para la Argentina.

Javier Tizado lo tenía todo preparado. Iban a llegar diez técnicos chinos para instalar hornos de última generación en su planta Tubos Trans Electric dedicada desde Córdoba a transformadores eléctricos de potencia. Vino la pandemia y la demanda interna se derrumbó 70%.

De ese laberinto pudo salir por arriba con exportación de equipos a Chile, Paraguay y Dominicana. Y tras una auditoría por Zoom de 48 horas, logró el sueño de su vida: vender transformadores a EE.UU. Los primeros, para Douglas, un pueblito de 26.000 habitantes. Los chinos llegan en un mes. Tizado dice que sus márgenes son exiguos, pero “me permiten mantener la maquinaria andando”.

Techint resume la heterogeneidad de la economía real. Su controlada Ternium, que fabrica aceros planos, tuvo el mejor cuarto trimestre de su historia en 2020, por la demanda de electrodomésticos, motos o autos. Con pedidos globales retraídos, Tenaris (tubos petroleros) pone una vela a que el precio del crudo se entone, y Tecpetrol, su petrolera, está reaccionado al compás del plan gas del Gobierno. Cuentan que la agenda de Paolo Rocca se concentra en el rediseño de procesos productivos en las plantas. La pandemia agregó una complejidad desconocida.

Algo parecido le pasa a Javier Madanes Quintanilla, que observa difícil la readaptación de numerosos operarios licenciados con la pandemia. En la Patagonia, las preocupaciones son otras desde que un huracán derrumbó unas 60 torres de alta tensión en la cordillera. Fue en julio y aún están en tren de repararse. Significa un sobrecosto de US$ 10 millones mensuales para el aluminio de exportación que sale desde Aluar.

Madanes Quintanilla no ve un panorama apocalíptico. “Hay problemas más serios que en otros países por la escasez de recursos que padece la Argentina desde hace varios años”. Piensa que la inversión es clave. El año pasado descendió al piso de 11% del PBI.

Entre los sectores que sacaron pecho en la pandemia. además de la construcción, se destaca electrodomésticos, con una fuerte consolidación de los negocios. Cadenas que, tras una deuda comercial que totalizó $ 12.000 millones, cambiaron de mano como Garbarino o salieron del negocio como Ribeiro. De Musimundo quedó la mitad y el resto se adaptó al comercio electrónico que explica 40% de las ventas.

Entre los fabricantes, se fueron varias marcas internacionales, BGH se ajustó, lo mismo que Gafa, que pertenece a un grupo sueco. Aires del Sur que fabrica los aires Electra se concursó, y hasta Newsan, que sumó 1.300 puestos, redujo dos plantas. Es que, pese al rebote, se vendieron 6,7 millones de celulares frente a 13,5 millones de 2015. O 2 millones de televisores vs. los 4 millones de aquel año.

Los shoppings lo pusieron de manifiesto. Con el prolongado cierre por la cuarentena, Irsa perdió el 10%, unos 150 locales, en los 14 centros que contabiliza en el país. Desde la reapertura por el Día de la Madre, las ventas reaccionaron levemente: son la mitad de 2019 cuando ya eran malas. Igual, hay 130 locales que regresaron bajo otra modalidad: contratos cortos y menores superficies. El grueso son marcas desconocidas que antes esperaban años para ingresar a esas vidrieras.

Las firmas europeas siguieron esta semana la conversación del Presidente con Merkel. Arturo Curatola, de la cámara sectorial, cuenta la expectativa alrededor del acuerdo con el FMI. Las multinacionales creen que sentará reglas. Curatola menciona que las que viven del consumo se preparan para un año duro. Y las que son proveedoras del Estado se alarman por licitaciones de municipios o provincias, que “son un traje a medida de algunos jugadores”, suelta sin dar nombres. Es el dato que toman otros al marcar que muchos se hacen los distraídos. Un consultor pesimista teme otro fracaso. Al menos podría aplicarse aquella regla de Samuel Beckett: “Inténtalo de nuevo, fracasa otra vez, fracasa mejor”.

El economista Jorge Vasconcelos prefiere detenerse en la performance de las exportaciones. Mientras las de Brasil cayeron 6,8% el año pasado, las de Argentina, 15,7%. ¿Es sólo la brecha cambiaria que hace que se dilaten las liquidaciones del campo y se anticipen pedidos de dólares para importar?

El presidente de la UIA, Miguel Acevedo, no se tranquilizó con la demorada convocatoria al acuerdo de precios y salarios que nació débil, mientras Alberto Fernández estaba en Chile. Antes de conocerse la decisión de volver a prorrogar suspensiones y despidos, Acevedo habló con Santiago Cafiero. No tuvo éxito. Y criticó: “Si se frena la salida se impide la entrada”, bramó sobre el impacto en la creación de empleo. Acevedo, que deja la presidencia en abril, lamenta “esta pérdida de tiempo”. Confiesa: “Algunos quieren que el Gobierno pierda, otros que gane. Yo pido que hagan”.

En eso están en la UIA: decidieron dejar de lado los movimientos internos que alternaban en la conducción de la entidad y que haya un presidente de consenso. Aún no hay nombres, pero suena Daniel Funes de Rioja.

Eso sí, en lo que coinciden unos y otros es en ponerle fichas al FMI. “Va a impedir tomar el avión equivocado”, deslizan cerca de Economía, presurosos porque en mayo les vence US$ 2.400 millones del Club de París y a lo largo de 2021 hay que pagar US$ 10.000 millones a organismos internacionales. El costo de la financiación es la pesadilla para la Argentina en un mundo en el que hasta Benin, un país de pescadores obtiene plata a tasas mínimas.

Para Marina dal Poggetto el largo plazo en este año electoral es octubre. Asegura que el uso de anclas como tarifas congeladas y precios máximos para llegar con inflación acotada tiene patas cortas y se vuelve una olla a presión. Dal Poggetto advierte lo que pasó en 2020 cuando los alimentos a precio máximo subieron 23% y los no controlados, 70%.

“Están manejando sobre el barro”, dice. No observa una crisis de proporciones y se juega a que Joe Biden capitalice el FMI con lo que Argentina tendría fondos disponibles. ¿Será antes de octubre? Hasta entonces esperan más controles sobre importaciones, tensión en el dólar y tironeo entre lo pedirá el FMI y hasta dónde le permitirán ceder al ministro Guzmán.

Silvia Naishtat

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