Domingo, 02 Mayo 2021 07:01

Axel Kicillof recibe 10 veces más plata del Gobierno nacional que Horacio Rodríguez Larreta - Por Alcadio Oña

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Son fondos que la Casa Rosada maneja discrecionalmente, por fuera de la coparticipación. Desde enero de 2020, la cuenta dice $ 178.000 millones para Buenos Aires contra $ 17.900 de la Ciudad Autónoma.

El telón de fondo no ha cambiado, o no ha cambiado sustancialmente: privilegio de pertenencia política, Buenos Aires es por lejos la provincia que mayor asistencia financiera directa, de la llamada discrecional, recibe del gobierno central. Según informes de la consultora Aerarium, sólo en el primer trimestre de 2021 fueron hacia allí $ 18.857 millones, un 30% del paquete total contra el 10% que le tocó a Córdoba, el 8% de Santa Fe y apenas un 6% de la Ciudad Autónoma; es decir, de tres a cinco veces más según qué estado de los grandes se tome.

Durante el año pasado las desproporciones habían sido mucho peores, pero en este primer trimestre hubo una novedad que de acuerdo a cómo evolucionen las cosas puede ser un fenómeno transitorio o convertirse en un dato político potente. Revela que una parte de esos recursos que orbitan por fuera de la coparticipación impositiva no pasó por el habitual filtro de los gobernadores; viajó derecho del Tesoro Nacional hacia los municipios, y especialmente hacia los municipios del GBA.

Un analista memorioso encuentra cierto parentesco entre este caso y el método que Néstor Kirchner explotó a fondo cuando, a la vista de todo el mundo y hasta burlándose, puenteaba a Daniel Scioli y usaba las transferencias discrecionales para aceitar arreglos políticos con intendentes bonaerenses. Generalmente caminos, calles y alumbrados, todo servía para fortalecer su proyecto de tomar posiciones en la decisiva Buenos Aires y todo entraba en una consigna de hierro que venía trajinando desde sus maniobras en Santa Cruz, esto es, que una caja robusta significa una poderosa fórmula para acumular poder.

Claro que sería un verdadero piletazo pensar en una sociedad entre un sector del gobierno o del llamado fernandismo y varios de quienes mandan en el Conurbano, pues no estamos hablando de Scioli sino de Axel Kicillof, o sea, de un gobernador apuntalado nada menos que por Cristina Kirchner. Y encima de una disputa al interior de un territorio donde la Vicepresidenta tiene una buena parte de su capital político, si no todo su capital político.

Pero datos son datos: tal cual pasaba con aquellos recursos que esquivaban a Scioli, los que van derecho a los municipios financian obras de infraestructura social rápidas y visibles y, por lo mismo, con inocultable olor electoral. Esta vez llevan el sello del plan “Argentina Hace” y dejan abierto un resquicio: que representen una vía para potenciar a algunos intendentes por encima de otros; ambos del mismo palo o de palos relativamente diferentes.

En el mientras tanto, Kicillof sigue cosechando plata en pala digamos por debajo de la mesa. Ha sumado $ 178.000 millones desde que los Fernández desembarcaron en la Casa Rosada hasta fines de marzo pasado o, con mayor precisión, desde que se instaló la primera cuarentena. Equivalen a unos 1.900 millones de dólares al tipo de cambio oficial en doce meses.

Y si a alguien los 178.000 millones no le suenan a mucha plata, habría que preguntarles cuánta les parece a los gobernadores de Córdoba y de Santa Fe y al jefe de la Ciudad Autónoma. En estos tiempos de penurias financieras, durante el mismo período entre los tres reunieron $ 72.000 millones; a duras penas, el 40% de todo lo que fue a Buenos Aires.

Otra manera de calibrar el mismo cuadro salta en el reparto de los planes alimentarios. La planilla armada en base a información oficial dice $ 7.240 millones para la provincia de Kicillof; $ 604 millones para la de Schiaretti y $ 3.340 millones a la del amigo santafesino Perotti. Rodríguez Larreta sacó un cero redondo: no recibió ni un solo peso.

Los números del Fonid, el fondo que también maneja el gobierno central y financia, entre otras cosas, los aumentos salariales a los docentes cantan que esos tres gobernadores juntaron $ 13.000 millones contra los $ 19.200 millones del preferido de Cristina. Otra vez sopa.

Una más, si se quiere llamativa tanda de cifras viene en son de pregunta. ¿Cómo se explica que en el reparto de recursos para hospitales y programas sanitarios la diferencia entre Buenos Aires y la Ciudad Autónoma haya sido de $ 12.600 millones contra $ 11.300 millones, casi nada comparada con los 1.150 millones de Córdoba y los 600 millones de Santa Fe? La explicación se llama AMBA o la imposibilidad de despegar, en este punto harto sensible, a la Provincia de la Ciudad.

El total-total señala que Buenos Aires se queda con el 45% de la torta que la Casa Rosada administra bajo vigilancia de Cristina K, mientras que las 23 provincias restantes, incluida como tal a la CABA, reúnen un 55%. Una desproporción al modo K, que no puede ser justificada ni en la cantidad de habitantes del territorio bonaerense, ni en sus indicadores de pobreza o de desempleo ni tampoco en el estado de la infraestructura social o lo que cada cual quiera añadir.

Siempre cuestión de proporciones, los cálculos que miden las transferencias discrecionales per capita también plantean que en este vale todo Catamarca, Jujuy, Santiago del Estero y varias más pierden por goleada contra Buenos Aires.

Y si se prefiere un contraste que es pura rivalidad puesta en plata, tenemos que contra los $ 178.000 millones que el gobierno central le giró a Kicillof desde enero de 2020 a Rodríguez Larreta le llegaron $ 17.900 millones. Esto es, un raquítico 10% que va acoplado al manotazo que la Rosada ya le había pegado a la coparticipación impositiva de la CABA.

Palabras de Alberto Fernández al inaugurar, junto al gobernador Jorge Capitanich, un acueducto en el Chaco: “Cuando trabajamos para los argentinos no tenemos sectores políticos y si ese trabajo ocurre además en una pandemia, menos derecho tenemos a diferenciarnos”. En fin, palabras, palabras, palabras.

Menos relato engañoso para la tribuna y más hechos concretos hay en el manejo de una pieza clave, en este juego de premios y castigos. Son los adelantos del Tesoro conocidos como ATN, siempre útiles para inclinar votos en el Congreso y siempre a tiro: ahora la caja del Ministerio del Interior marca $ 54.900 millones con tendencia a estirarse a $ 80.000 millones.

Obviamente nada de este panorama resulta casual, sino el fruto de machacar con la consigna plata igual a poder de Néstor K. y con otra bien parecida, en la que la Nación y el Estado Nacional captan recursos como un pacman y así refuerzan el proyecto cristinista. Una prueba salta ya en la coparticipación directa que va a las provincias, que del 49% de 2020 se ha reducido al 46% este año, o sea, tres puntos porcentuales que de un saque se comió el gobierno central gracias a que no comparte el nuevo impuesto a las grandes fortunas. Luego, la Nación avanza al 54%.

De esa misma especie son el impuesto País, que grava las operaciones en moneda extranjera, y el remanido aunque altamente productivo ejercicio de subir las retenciones a las exportaciones sobre todo del campo, que limpias de polvo y paja se quedan en el Tesoro Nacional, que ahora crecen al 190% anual y ya representan el 20% de los ingresos de la AFIP. De paso, con tanta plata de por medio parece un chiste o cosa de principiantes andar amenazando con ponerles cupos a las exportaciones o directamente cerrarlas.

La cadena del Gobierno sigue con el avance sobre las exprimidoras de recursos del Banco Central y de la ANSeS, que tampoco están al alcance de los estados del interior. Con los fondos del BCRA incorporados, la llamada coparticipación ampliada de 2020 redujo la porción provincial al 34,1% según datos de Aerarium y de seguido aumentó al 65,9% la del poder central.

Otra del repertorio de Alberto F., ahora en la construcción de un aeropuerto en Concordia: “No estamos declamando, estamos haciendo federalismo”. Y una del siempre inflamado, larguero Axel Kicillof: “La única forma de tener una Provincia fuerte es a través del federalismo. Por eso, de la mano del Presidente vamos a refundarlo en Argentina”.

Está claro ya de qué tipo de federalismo hablan cuando hablan de federalismo: salta en los números y la caja que están hablando del proyecto de poder K.

Alcadio Oña

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