Miércoles, 22 Diciembre 2021 12:32

Tensión por el pago al FMI y disputa por los billetes de $100: una economía al límite - Por Daniel Fernández Canedo

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La derrota del Gobierno con el rechazo del Presupuesto 2022 le puso un manto de duda al acuerdo con el Fondo. Las reservas del Banco Central son un punto muy sensible. 

A cualquiera le pasa. Paga en la caja del supermercado y la cajera le pregunta si quiere extraer efectivo de su cuenta. 

Lo mismo pasa después de cargar nafta, el playero le hará la misma propuesta. El manejo del efectivo en una economía con 50% de inflación y baja denominación en los billetes se transformó en un problema para el Banco Central y los bancos.

El billete de $1.000 pesos equivalen a 5 dólares de acuerdo al blue y es motivo de acaparamiento por parte de comercios y también de la gente en general.

Esos mil pesos se gastan rápido y el Gobierno sigue resistiéndose a emitir el billete de $5.000 (a pesar de tener modelos en carpeta) con un doble argumento.

Por un lado, porque consideran que el billete de $5.000 sería reconocer en forma palpable el exorbitante problema inflacionario que vive la Argentina ¿Resulta creíble? Y, por otro, porque en el Central están convencidos de la necesidad de impulsar los pagos electrónicos en el intento de crear condiciones para formalizar el comercio.

El objetivo es loable, pero en una economía con 50% de inflación anual que implica la licuación constante de los ingresos de los trabajadores y con más del 40% trabajando en la informalidad, el intento resulta cosmético para el conjunto de la economía e impracticable para buena parte de la población.

Hay funcionarios del área económica que aún se sorprenden porque jubilados, asalariados y monotributistas realicen extracciones de sus cajas de ahorro, en el circuito formal o blanco, para "ennegrecerlos" pagando servicios y productos al contado sin boleta alguna en los barrios.

El concepto "si paga al contado y no quiere boleta le hacemos el 10% de descuento" se fue generalizando en los últimos tiempos y la mayoría de la sociedad lo acepta para el pago de buena parte de la actividad comercial.

Así como para algunos empresarios privilegiados, que pueden acceder el tipo de cambio oficial a $107 para importar insumos y después fijar precios de venta de sus productos al dólar libre y sin tener competencia de importados (los precios de la indumentaria lo reflejan con claridad), en el Gobierno algunos oficiales siguen considerando al dólar oficial como referente.

Mientras, en la calle y la actividad comercial informal desde hace meses que el blue de $200 es casi la única referencia.

En el Gobierno creen haber superado la etapa más aguda de la expectativa sobre un salto devaluatorio y más aún después del "cañonazo" de Máximo Kirchner que tumbó la aprobación del Presupuesto 2022 y que ahora extrema la necesidad de aquietar las aguas cambiarias después de la suba de los dólares libres en los últimos días.

En el Central hablan de una regla no escrita que consiste en que el dólar oficial acelerará la suba si es que la inflación cede un poco, pero que la tendencia al atraso se mantendrá si es que los índices del costo de vida se encabritan en diciembre y enero.

El tema más sensible después del anuncio del ministro Martín Guzmán de que no habrá un nuevo proyecto de Presupuesto y que la posibilidad de un acuerdo con el FMI pasa a marzo, es el nivel de reservas del Banco Central.

Un informe del 16 de diciembre de la consultora Equilibra, de Martín Rapetti y Diego Bossio, sostiene que las reservas brutas estaban en US$41.118 millones, que los depósitos de los privados en dólares llegan a US$14.857 millones y que con reservas netas por US$4.004 millones, las netas sin contabilizar el oro eran de sólo US$437 millones.

Ese último número habla por sí solo de la necesidad de encontrar un acuerdo con el FMI que le permita al Gobierno obtener financiamiento por alguna vía.

Una de las apuestas es que entre las exportaciones de trigo y cebada el Central logre comprar entre US$ 1.000/1.500 millones. Pero esos dólares todavía están en el aire y la brecha cambiaria superior a 100% no es buena señal para los exportadores.

Por otra parte, el Gobierno espera que el FMI debite de la cuenta de Derechos Especiales de Giro entre el miércoles y el jueves de esta semana los US$1.800 millones que se debe pagar y que puede ser leído por los mercados como una disminución de las reservas. Algo teórico, ya que la Argentina no podría haber pagado si es que el Fondo no le adelantaba los DEG.

La fragilidad es extrema. Pocos dólares, sin Presupuesto y con parte de la coalición gobernante mirando con recelo la posibilidad de un acuerdo con el Fondo.

Ya entrado diciembre, sin embargo, en el Central se muestran sorprendidos. Dicen que el aumento de la demanda de efectivo tradicional en el mes (y que la gente podría destinar a comprar dólares) no es tan pronunciada como otros años y que eso se debería a la expansión de los pagos electrónicos.

Simultáneamente, la disputa por quién atesora y destruye los billetes de $100 va creciendo y se presenta como un ícono de los inconvenientes de una economía inflacionaria y con altos niveles de informalidad.

El Central reconoce que con la pandemia hubo atrasos en el proceso de destrucción de piezas muy gastadas y ahora está adquiriendo una destructora de billetes para poder sacarle una carga al sistema financiero que, entre el costo del transporte y almacenamiento del efectivo, retrocede varios casilleros en la carrera hacia la eficiencia.

El mundo discute las criptomonedas y en la Argentina el almacenamiento de los billetes de $100 es motivo de preocupación.

Daniel Fernández Canedo

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