Domingo, 09 Enero 2022 09:54

Suben tasas, tarifas y también la inflación, pero el acuerdo con el FMI sigue lejos – Por Daniel Fernández Canedo

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Habló Martín Guzmán y cayeron los bonos argentinos. Reconoció que la negociación está estancada y crece la incertidumbre financiera. 

El ministro de Economía, Martín Guzmán, tiro un balde de agua fría sobre las expectativas de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar el préstamo por US$ 44.000 millones es inminente. 

Anunció ante un grupo de gobernadores que la diferencia fundamental es el "sendero fiscal" que pretende el FMI y que el Gobierno, por ahora, dice no estar dispuesto a aceptar.

El Fondo pide más ahorro y el Gobierno que cree que la expansión constante del gasto público para generar más actividad es su principal política económica y que es viable con una inflación que superó y proyecta superar 50% el año pasado y éste.

La chance de que la Argentina y el FMI no alcancen un acuerdo antes de fin de marzo aumentó después de la presentación de Guzmán y el resultado más concreto fue la caída de los precios de los bonos argentinos que ya acumulan cerca del 60% de baja desde que fueron reprogramados por el ministro.

Para los expertos, sin embargo, la caída de los bonos de entre 2 y 3% en la semana no indicaría que el default de la deuda sea inexorable.

El presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía forman parte, junto con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, del bando que junto con empresarios y políticos de la oposición considera que llegar a un acuerdo con el FMI, después de más de un año de postergaciones, es la única alternativa para comenzar a viabilizar una economía desbordada de inflación y con una escasez extrema de reservas en el Banco Central.

Sin más dólares, el Central tendrá dificultades para operar sobre la brecha cambiaria. Y con la actual entre diferentes dólares superior a 100%, la liquidación de divisas de los exportadores entre zona de riesgo y los dólares oficiales para importar pasan a ser la mercadería más apreciada de los mercados.

El dato relevante del comienzo de 2022 es que el Gobierno ya les adelantó a las automotrices que este año no habrá dólares suficientes para la importación de autos y que las terminales tendrán que garantizar exportaciones con el fin de tener autopartes importadas para poder producir.

El Gobierno anunció la suba de las tarifas de gas y luz (17% y 20%, pero con el interrogante de los aumentos que surgirán de la "segmentación" para que paguen más los usuarios de zonas más valoradas) y de las tasas de interés para los depósitos en pesos y comenzó a mover muy tímidamente el tipo de cambio.

Según los cálculos de la consultora Equilibra, el dólar comercial tuvo un retraso de 17% el año pasado después de que el Banco Central lo hiciese crecer casi un 30% por debajo de la inflación.

El Central promete acelerar el ritmo de suba, pero todas las señales muestran que lo mantendrá por detrás de la inflación. ¿Aun cuando la brecha con los dólares libres siga por encima de 100%? La respuesta es: dependerá. El fin de enero y febrero, tradicionalmente, son momentos difíciles para el mercado cambiario y las tensiones serán mayores si no avanza la expectativa de un acuerdo con el FMI.

La suba de la tasa de interés que dispuso el Central (dos puntos a 40% anual las Letras de liquidez y a 39% para los plazos fijos para ahorristas) mejora parcialmente la situación de los bancos y crea un entorno favorable para que el sistema financiero se sienta más tentado a financiar el déficit del Tesoro.

Buscar que los ahorristas se queden en pesos y no vayan a comprar dólares (la tasa efectiva es de 46%, inferior a la inflación proyectada para el año) es uno de los requisitos que puso el FMI para el posible acuerdo, pero el de bajar el déficit sigue en discusión.

De hecho, al aumentar la tasa de interés de las Leliq, el Banco Central deberá pagar más por el dinero que inmoviliza. Los pasivos remunerados representan $ 4,7 billones y cada punto que sube la tasa implica que deberá desembolsar $ 50.000 millones más por año.

En el mismo sentido, aún se desconoce en qué medida la suba de las tarifas de luz y gas, que anunció en forma borrosa la Secretaría de Energía, bajan los subsidios a la energía que vienen siendo una carga importante sobre el gasto.

Entre la inflación que supera 50% y licua las jubilaciones y salarios, la suba de las tarifas de luz y gas y el aumento de las tasas de interés que encarecerán el crédito, se perfilan el ajuste y un principio de táctica destinado a poner en línea algunas variables clave de la economía.

La semana que viene los funcionarios del FMI volverán de vacaciones y comenzará a vislumbrarse la definición de un acuerdo que hasta hace tres semanas se podía inscribir en el pensamiento del francés Roland Barthes cuando se refería a "amasar la nada". Ahora cobra forma, pero no hay apuestas a pleno de que se concretará. 

Daniel Fernández Canedo

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