Viernes, 04 Febrero 2022 09:43

Las cláusulas secretas del acuerdo con el FMI, los dardos contra Martín Guzmán y la bronca de Alberto Fernández - Por Marcelo Bonelli

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Política cambiaria e impuestos en los papers del Wall Street. El Frente de Todos en crisis y con los gurkas apuntando a Guzmán. La renuncia de Máximo, el silencio de Cristina y la reacción del Presidente: “Me tienen todos podridos”. 

Peleas, reproches, traiciones, cortocircuitos y agravios. Así se desarrolló el último tramo de la negociación con el FMI, que por sus disputas internas el Frente de Todos trasformó en una verdadera derrota: la coalición está en crisis. Martín Guzmán quedó golpeado y débil y, entre Cristina y Alberto, aumentó la mutua desconfianza. El acuerdo con el Fondo incluye “cláusulas secretas” sobre la política cambiaria e impuestos. Y un “compromiso” de hierro: suspensión de giros en caso de no cumplir Argentina. 

Clarín confirmó que la estrategia cambiaria “no se sincera” por un acuerdo reservado con el FMI y para evitar especulaciones financieras. El cierre del acuerdo le provocó un fuerte desgaste interno a Martín Guzmán. Lejos de fortalecerlo -como ocurre con los ministros que pactan con el FMI- lo debilitó frente a los caciques del Frente de Todos. Cristina, Máximo y Sergio Massa le reprochan y lo acusan de mentir.

Los “papers” secretos de Wall Street son bien concretos. Para los “lobos” de Manhattan el acuerdo constituye un “préstamo puente” avalado por Estados Unidos para que Alberto pueda terminar su mandato. Una forma de darle gobernabilidad a la Argentina.

A su vez, este diario accedió a la información que confirmó que hubo un hecho decisivo cuando todo se derrumbaba. Kristalina Georgieva llamó a Olivos y le transmitió a Alberto: “El Departamento de Estado y el Tesoro se comunicaron con nosotros para que encontremos una solución al acuerdo”. Ahí se lo llamó “Stand by temporario”.

Esos papers de Wall Street dicen que el próximo gobierno –quien asuma en 2023– deberá volver a negociar con el FMI. Luciano Laspina lo advirtió: “Ustedes son unos hijos de puta. Lo peor queda para el 2024, para el próximo gobierno”. Massa –su interlocutor– contragolpeó ese viernes: “Primero nos van a tener que ganar en el 2023”.

En Wall Street nadie cree que Cristina no esté atrás del golpe de Máximo. Tampoco los “popes” del movimiento empresario local. La Vice, su heredero y Wado de Pedro –su hermano político-- juran que Cristina quiso evitar la dimisión. También que el ministro del Interior la resistió. Pero todos ponen en duda esa versión edulcorada. En la cúpula UIA, así como en Adeba, insisten en que el silencio de la Vice avala a su hijo.

Ya ambos -y los “gurkas” cristinistas- metieron todo tipo de ruido en la negociación y eso calentó la economía: sus apariciones no fueron inocuas y el dólar, así como el riesgo país, volaron en enero. El “blue” aumentó un 10% y se dirigía a los $ 250.

Alberto está irritado con Cristina: dice que estaba al tanto de todo y nunca puso objeciones serias a los compromisos asumidos con el FMI. Pero que ahora se hace la desentendida para acomodar su relato público y dejarlo en ridículo.

Cristina seguirá en silencio. No va a aparecer –seguro – mientras esté a cargo de la Casa Rosada. Pero la Vice no soporta la frustración: el acuerdo que pactó su gobierno derritió su anacrónico relato anti-FMI. A la vez, fortaleció a racionales y pragmáticos como Massa y Gustavo Beliz. El jefe de Diputados negoció –en el tramo final- con el miembro del Consejo de Seguridad Juan González y el subsecretario de Estado Ricardo Zuñiga.

Alberto está furioso con Máximo. Así lo dijo en la noche de Olivos: “Me tiene podrido”. Después se corrigió: “Me tienen todos podridos”. En alusión a Cristina.

Alberto estaba satisfecho con la negociación. Sabía que ese acuerdo evitaba un dólar rumbo al infinito y se eludió la catástrofe. Entonces nunca entendió los reproches y el desplante de Máximo. Ambos estuvieron juntos el miércoles antes del cierre del convenio y cuando todo era incertidumbre. Después, Máximo –displicente - le presentó al Presidente la renuncia por teléfono. El jefe de La Cámpora le reprochó: “Vos sos un desconsiderado con Cristina. Acordate que solo por decisión de ella sos Presidente”.

Y agregó: “Te lo quiero decir. Nunca estuve de acuerdo con esa decisión y tampoco con este acuerdo”. Alberto fue un bloque de hielo. Trató de no entrar en el juego de las provocaciones de Máximo. Lo trató como un “chico caprichoso”. El Presidente intentó convencerlo de que no renuncie y ponderó el acuerdo. Así le dijo: “Yo te comprendo, pero la única chance de mejorar las cosas es con un acuerdo con el FMI”.

Pero después Alberto envió a sus íntimos a lanzar versiones muy hirientes contra Máximo. Alberto se saturó del líder de La Cámpora cuando boicoteó el Presupuesto.

De esa tarea sucia de desgaste se ocuparon los equipos de Julio Vitobello, Juan Olmos y hasta apareció Juan Pablo Biondi. Esas versiones lo acusaban -como mínimo- de “irresponsable” y lo desafiaban. Si quiere irse, que “renuncie también a las cajas”.

Después hubo reprochables burlas contra Máximo, sobre su capacidad y las limitaciones psicológicas que le impone el legado de Néstor. Aníbal Fernández blanqueó ese malhumor de la Casa Rosada: “¿No te gusta? Y bueno, esperemos la próxima cuando vos seas presidente”.

La postura de EE.UU.

La Casa Blanca decidió apuntalar el “préstamo puente” del FMI, por varias cuestiones. Una fue las promesas de Alberto y su equipo.

Pero influyó otra cuestión de fondo: la necesidad de estabilizar la Argentina y evitar que avancen los “gurkas” de Cristina en la Casa Rosada. Washington con este “stand by temporal” intenta tranquilizar a la región frente a las dudas autoritarias de Jair Bolsonaro y los coqueteos de Venezuela con Rusia.

El propio Miguel Pesce reconoció la cuestión en reservadas y sinceras reuniones con banqueros. Entre los bancos extranjeros - unidos en ABA - se conoce un informe que circula en Washington y Madrid. Esos informes dicen que la CIA tiene detectadas cuentas en bancos del mundo con fondos ilegales de personas vinculadas a Moscú y allegados a Putin. Washington habría amenazado con bloquear ese dinero. Alberto –por eso- este jueves inquietó a EE.UU.: sus deseos y promesas en Moscú provocaron un cimbronazo en el directorio del FMI.

En ese círculo de “Ceos” locales se conoce una propuesta de crecimiento. Es un documento de la Fundación CEPA que dirige el ex ministro Roberto Dromi que tiene un plan de desarrollo con 7 políticas de Estado y 50 medidas. Pero de todos modos la atención está en la coyuntura: cómo harán Guzmán y Sergio Chodos para resistir la ofensiva de Cristina, molesta porque acusa a ambos de “no confiables”. Por ahora, la propia negociación le da una cosa a Guzmán: un salvoconducto de permanencia en el Palacio de Hacienda. Nadie lo puede echar en medio del río: otro sapo que se tragará CFK.

Alberto – se sabe- también está molesto con su ministro. Tuvo que defenderlo ante la grave acusación de que ocultó información clave durante la negociación y mintió a los jerarcas del Frente de Todos. También, que prometió un resultado y ocurrió otro peor. Así también con los bonistas: cedió en muchas cosas, donde había dicho que sería intransigente.

El convenio tendrá otros compromisos, ademas de los documentos que se ventilarán en el Congreso. Uno de ellos se refiere a “administración tributaria” que oculta futuros aumentos de impuestos: el FMI quiere aumentar la “progresividad” de varios tributos. La otra: el FMI reclama un impuestazo a la “renta ociosa”. También hay otro compromiso secreto. Y es fuerte: el detalle de la política que instrumentará el BCRA con el dólar.

Marcelo Bonelli

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