Domingo, 10 Abril 2022 09:02

Cristina vs. Alberto: ahora toca aumentar las tarifas y afrontar un agujero de US$ 5.200 millones - Por Alcadio Oña

Escrito por

Ese monto es el saldo final, la diferencia entre la energía que se importa y la que se exporta. 

Casi no pasa día sin que alguna nueva escaramuza fogonee la batalla, ya desatada y nada silenciosa, que protagonizan Cristina Kirchner y Alberto Fernández, esto es, la vicepresidenta y el presidente según el orden en que suceden las cosas. Aportan al batifondo seguidistas de ocasión, que aprovechan la movida para culpar al Gobierno por problemas, o desentenderse de problemas, en los que ellos tienen arte y parte. 

Y así, de round en round, en el horizonte próximo asoma la promesa de un cruce con chispazos fuertes que es comidilla dentro del universo K y del no tan K, y también entre especialistas y operadores financieros. Con esos condimentos, más el atractivo que dan la presencia del FMI y el bolsillo de los usuarios, pronto entraríamos en zona de definiciones sobre los aumentos en las tarifas de la electricidad y del gas.

Según el compromiso que el Gobierno asumió con el Fondo Monetario, el caso debiera quedar cerrado antes de fin de mes y derivar en recortes considerables al gasto público en subsidios. Decir cerrar significa hablar de audiencias públicas que llamativamente se dilatan, y hablar de recortar subsidios es bien parecido a hablar de ajuste, aunque esta vez el saque iría, sobre todo, a la cuenta de las clases medias.

Los tantos conocidos hasta ahora dicen que el cristinismo, la propia Cristina Kirchner, rechazan cualquier suba adicional al 20% ya vigente, incluida la que surge del sistema promovido desde el Ministerio de Economía que ata los aumentos al Coeficiente de Variación Salarial (CVS); más precisamente, a un porcentaje inferior al crecimiento anual del CVS.

Un dato clave en la puja y, de hecho, en la audiencia, es que la propuesta oficial tiene que ser presentada por un par de organismos hoy en manos del cristinismo duro y que, necesariamente, deben participar en la implementación de las decisiones. Se trata del Enargas, conducido por Federico Bernal y del Ente Regulador de la Electricidad, a cargo de María Soledad Manín.

Normalmente, la propuesta de Bernal y Manín debiera coincidir con la de Economía, que resulta al fin el ajuste que validó el Presidente y fue acordado con el FMI. El punto es que nada asegura definitivamente que eso vaya a ocurrir.

Bien de un gobierno fracturado, bicéfalo y en unos cuantos sentidos a la deriva, la normalidad devino estos días en una alternativa que más que alternativa suena a descontrol si no, directamente, a despropósito.

En palabras de un analista que luce mitad energético y mitad político, la alternativa tiene la forma de un interrogante abierto: “¿Y si el dúo cristinista no presenta nada?".

¿Escucha las opiniones de las empresas del sector y las de las entidades de usuarios, abre un cuarto intermedio y al final se va…? "Es una posibilidad dentro de las posibilidades”, comenta.

Entonces estaríamos frente a un batifondo grande y una situación al borde del escándalo, pero de ningún modo estaríamos ante la última palabra. Las audiencias no son vinculantes: sirven para intercambiar opiniones y escuchar ideas, pero no determinan decisiones. Eso es cosa de los gobiernos o, mejor dicho, de quienes de vedad gobiernan.

Opinión desde el frente cristinista: “Los aumentos no resuelven el problema de los subsidios. Pueden recortarlos un poco, aunque al costo de agregar leña a una inflación donde ya sobra leña y de ajustar cada vez más los salarios y los ingresos”.

Es un punto de vista raro o tendencioso, porque detrás del discurso retumba el costo político del incremento y justo cuando el cuadro general no resulta precisamente alentador para las aspiraciones que aquí valen, las del kirchnerismo. El costo político tampoco desaparecería, aunque el ajuste fuese, directo, pleno y con cartel de exclusivo, a las capas medias de la sociedad.

Hay un choque de datos alrededor del argumento que tampoco juega a favor de la posición del cristi-camporismo. Como el índice de precios del GBA, que engloba a la Capital Federal y al Conurbano bonaerense y canta 120% entre fines de 2019 y febrero de 2022. En otra columna de la misma planilla, el costo de la electricidad y del gas muestra un muy módico 11% para el mismo período.

Claramente, pues, el congelamiento o cuasi congelamiento de las tarifas no frenó nada. Alimentó, eso sí, una montaña de subsidios que durante ese par de años creció un impresionante 356%, nada menos que 116 puntos porcentuales por encima de una inflación bien poco presentable, por cierto.

Sin aumentos en luz y gas y traducida a dólares, la factura en cabeza del Estado rondaría US$ 14.000 millones en este 2022. Se sobrentiende, cabeza del Estado equivale a costo a cargo de los contribuyentes.

Cuando uno analiza el panorama energético argentino complicado por todas partes brota, inevitable, la tentación de conectarlo con el vasto aparato que Cristina y Máximo Kirchner han desplegado en áreas decisivas del sector.

Además del Enargas y de Enarsa, tenemos camporistas o filo camporistas al frente de la secretaría y la subsecretaría de Energía; también en IEASA, la empresa estatal a cargo de la importación de gas y combustibles; en Cammesa, la paraestatal que regula e interviene en las operaciones del mercado de electricidad mayoristas y, por fin, en la mismísima presidencia de YPF. No solo los hay al frente de los organismos, vale precisar, sino en toda la estructura de lo organismos.

¿Y de dónde viene semejante afición de Néstor y Cristina por involucrarse en una actividad así, clave y a la vez compleja?, le preguntó Clarín a un especialista que lleva años analizando las marchas y contramarchas del sector y las movidas políticas y no políticas al interior del sector.

Respuesta: “La primera explicación se llama Santa Cruz, el lugar en el mundo que ambos eligieron y, añadido, todo lo que arrastra una provincia abundante en petróleo, gas y en energías alternativas y renovables. Siguen el atractivo de un negocio con sello internacional y por lo común altamente rentable y remata la suposición de que la energía es como una llave que abre las puertas del poder.

Visto desde lo concreto y aún con la invasión rusa a Ucrania o por eso mismo, cuesta encontrar en el aparato cristinista algo parecido a una gestión eficiente, planificada y capaz de anticiparse a contingencias semejantes a la actual crisis mundial.

Por de pronto lo que hoy existe es un agujero financiero enorme, en dólares que escasean y propio de un país expuesto a los vientos que soplan en el exterior desde que, en 2011, se perdió el autoabastecimiento e ingresamos a la categoría de importador neto. Nuevamente, olor a kirchnerismo.

Con una producción interna frágil, disociada de una demanda que crece, aunque no vuele, precios internacionales que sí vuelan tenemos al final del recorrido un combo que remata con importaciones que rondarían US$ 12.800 millones, en este 2022. Es decir, casi 7.000 millones de dólares más que en 2021.

Contra exportaciones calculadas en US$ 7.600 millones, el resultado final-final proyecta un déficit comercial energético de US$ 5.200 millones.

Nadie de quienes acompañan el operativo desgaste lanzado sobre Alberto Fernández dice nada sobre la crisis energética. Prefieren hablar de una situación social que “no da más”, advertir que si no se frena la inflación “esto se va a poner feo” o disparar culpas sobre Martín Guzmán. Todo, como si así pudieran desentenderse de problemas de los que no pueden desentenderse o formaran parte de un gobierno distinto al que integran.

Demasiado pedir que se les crean semejantes ocurrencias. Pero si es por eso, vale recordar que de cosas parecidas y en circunstancias parecidas hablaron las PASO de septiembre del 2021 y, en continuado, las legislativas de noviembre.

Alcadio Oña

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…