Viernes, 01 Julio 2022 09:30

Secretos de la corrida cambiaria y lo que le dijo Cristina Kirchner a Carlos Melconian - Por Marcelo Bonelli

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Martín Guzmán sostiene que el Gobierno debe tomar medidas anticipadas. Insiste en bajar el déficit y con el reemplazo de los funcionarios de la vicepresidenta. Jorge Capitanich y Axel Kicillof lideran el grupo de gobernadores contra Alberto Fernández.  

Impericia. Intrigas. Peleas. Ambición. Torpezas y mala praxis. Todo eso ocurrió para que el Gobierno atravesara una hecatombe en los mercados y fuera detrás de la corrida. Alberto intentó disimular tanta incompetencia y sacó un conejo de la galera: el viejo fantasma del “golpe de mercado”. 

El kirchnerismo ama ese relato. Los especuladores existen siempre. Pero estas semanas todo fue fruto de los propios errores del Presidente, la vice -su archienemiga- y el BCRA. También, de Economía y de un sector energético (cooptado por La Cámpora) que funciona como bola sin manija. Son verdaderos coleccionistas de fracasos. Miguel Pesce actuó tarde y mal: dudó en sostener el precio de los bonos y una jornada entera estuvo sin intervenir, provocando pánico.

Después aplicó un duro torniquete a importaciones: el BCRA salió sin explicación y en medio de un tembladeral. La traducción fue sencilla: Pesce no tiene dólares y el BCRA se quedó sin reservas. En Wall Street lo decían así: “El príncipe quedó desnudo”.

El torniquete inquieta a los empresarios Rubén Cherñajovski y Nicolás Caputo. La Aduana les puso la lupa a sus compras desde Tierra del Fuego. La designación de Guillermo Michel fue un golpazo para Mercedes Marcó del Pont.

Ahora, la línea del BCRA evalúa medidas sobre los gastos en turismo y el dólar solidario. Se trataría de otro torniquete. Las ventas se multiplican y Pesce -otra vez- desmiente medidas: “No hay cambios”. Pero este jueves Alberto fue contundente y lo contradijo: “Queremos que los dólares no se vayan en viajes”.

También Agustín Gerez hizo lo suyo: desestabilizó el mercado en medio del desplome con una orden de Enarsa al Banco Nación.

Cristina abonó toda la intranquilidad con sus delirantes propuestas: el último discurso de la vice metió miedo. Cada vez que Cristina habla de economía los inversores tiemblan y huyen de los activos argentinos. Sus excéntricas teorías recargaron las cosas: existe temor de que obligue a Alberto a meter más controles e intervenciones. La pelea entre ambos debilitó al extremo la gobernabilidad y la credibilidad de la Casa Rosada.

Los ministros también lo sufren: había versiones de renuncia de Martín Guzmán, cuando el ministro hablaba –a esa hora– con Emmanuel Moulin, titular del Club de París.

Alberto va atrás de los acontecimientos y muchos leales le critican su actitud pasiva. Entre ellos Sergio Massa, Juan Zabaleta y Gabriel Katopodis. La desconfianza aumentó por los trascendidos que surgieron de la reunión de gobernadores. Jorge Capitanich y Axel Kicillof lideran ese grupo contra el Presidente.

Lo peor es que –irresponsablemente- dejaron trascender desde Chaco que propiciaban una salida anticipada de Alberto. La tesis llegó a Manhattan y los centros de poder local: decían que como todo estaba tan mal, sería mejor adelantar las elecciones del 2023. La versión no tiene por ahora viabilidad política. Todo está mal, pero nadie sensato apoya semejante locura. En el Instituto Patria la hacen circular en forma imprudente, para esmerilar –aún más– a Alberto.

Así, el “golpe de mercado” lo armó el propio Frente de Todos. Las peleas son fratricidas. Guzmán llevó a Olivos un informe de la consultora de Hernán Lacunza. Según Economía, ese documento alerta que la deuda en pesos se podría reestructurar.

Lacunza dice que son todas mentiras y habló infructuosamente con Guzmán. Luis Caputo, ex titular del BCRA, también opinó lo mismo frente a un grupo de inversores. Al final, la dupla Pesce-Guzmán logró una victoria pírrica: se frenó la corrida a un altísimo costo financiero y político. En esta semana –al final- el BCRA compró US$ 1.400 millones.

Clarín pudo confirmar que para eso tuvieron que recurrir a la propia Kristalina Georgieva. La titular del FMI habló en forma personal con representantes de fondos de Wall Street desmintiendo una posible reprogramación de los bonos argentinos.

Georgieva lo hizo después de que el FMI aprobara las metas. Entre ese viernes y el lunes la jefa del Fondo habló con varios hombres de negocios -descreídos– de Wall Street. El FMI distribuyó para ellos un documento con un párrafo clave: decía que el programa de financiamiento en pesos se extenderá por 30 meses, hasta el final del acuerdo con Argentina. Involucra al futuro gobierno.

Guzmán habló del tema con Marc Stanley. Ambos estuvieron a solas el miércoles y fue un respaldo en medio del tembladeral. Los dos trabajan en el armado de la cumbre Biden-Alberto. El coordinador argentino es Jorge Argüello: la Casa Rosada confía en que esa entrevista le otorgará un oxígeno político decisivo para que Alberto alcance sin sobresaltos el 2023.

Guzmán estuvo el miércoles con Alberto: le anticipó que la corrida fue sofocada. Pero el ministro fue sincero y admitió que la inestable situación puede volver a repetirse en el segundo semestre.

​Por eso, Guzmán sostiene que la Casa Rosada debe tomar medidas anticipadas para eliminar nubarrones. Insistió en bajar el déficit y en aclarar la cuestión política: Guzmán le pidió a Alberto que reemplace a los funcionarios que Cristina nombró en la Secretaría de Energía. Acusa a Darío Martínez y al propio Gerez de inoperantes y a Federico Basualdo de obstruccionista. Se abre la pelea.

Contraataque de Cristina

Cristina está inmutable y contraatacó. Prepara otra ofensiva para este sábado. En la intimidad, afirma: “Con la salida de Kulfas no alcanzó. Hay que sacar a todos de Economía”.

La frase se la dijo sin eufemismos a Carlos Melconian. La reunión generó un terremoto. Melconian se mantiene hermético y su mutismo es total. Evita a los periodistas y solo habló del encuentro con Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Mauricio Macri.

El trío transmitió a sus íntimos parte del encuentro. En el Senado dieron su versión.

Macri fue lacónico y desconfiado en el diálogo telefónico: “Carlos, esa mujer está loca. Tené cuidado que te va a cagar”. La charla duró tres horas. Melconian concurrió con Pía Astori, la mujer que conduce la Fundación Mediterránea.

Pía solo estuvo 20 minutos. Un secretario de la vice le anticipó que la reunión protocolar iba a durar eso solo. La vice habló mucho. Y se pavoneó con sus conocimientos económicos: “Yo sola analizo la economía. Leo y estudio mucho. Yo sola me hago los números”.

Fue una respuesta a versiones sobre que Kicillof le bajaba línea y le armaba los paper para justificar su relato económico. Así lo dijo: “El Pequeñín –por Axel– no tiene tiempo porque está muy preocupado con la Provincia”.

Melconian reafirmó sus duras objeciones a la política económica. “Cristina -le dijo-, yo no vendo espejitos de colores”.

Pero la vice insistió en sus teorías intervencionistas y habló pestes de los hombres de negocios: “Si no los apretás, se la quieren llevar toda”. Hubo mucho contrapunto político. Cristina lo invitó a hablar con sinceridad: “Discutamos frontalmente como vos lo hacías con Néstor”.

Melconian ponderó su jugada política para entronizar a Alberto como Presidente. Pero eso desencadenó un borbotón de palabras de la vice contra Alberto. Cristina descalificó la gestión del Presidente: “Es un desastre”. Después se justificó y dijo, asombrosamente: “Yo no sabía que Alberto era así, tan boludo”.

Marcelo Bonelli

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